Corría la década del ’40 cuando la familia de Anselmo Carrera dejó sus tierras mendocinas para afincarse en estas latitudes. Si bien, Anselmo y su padre comenzaron vendiendo, por estas calles, empanadas y tortas fritas «fatto en casa», no pasó mucho tiempo hasta que instalaron una «fonda» llamada «El Cuyanito», en los alrededores de las calles Sarmiento y Moreno, frente al club Unión de Caseros, entidad que disfrutaba de su tiempo de esplendor.

La casa de comidas era muy frecuentada por los caserinos que, luego de milonguear en el club, acostumbraban a «darse una vuelta» por «El Cuyanito». También concurrían los artistas que animaban esas veladas de rompe y raja: Juan D’Arienzo, Francisco Canaro, Aníbal Troilo, Alberto Castillo fueron degustadores de los platos que elaboraba la familia Carrera. También lo fue Armando Bo mientras filmaba, por estos lares, la cinta Pelota de trapo.
Para el año ’49, nace Carlos Julio – hijo de María Luisa y Anselmo Carrera – popularmente conocido como Carlitos en todo Caseros y alrededores.

Carlos, «Carlitos» atiende el restaurante  situado en la calle Sarmiento, entre Belgrano y Moreno, y al que sus parroquianos bautizaron cariñosamente como «El Sheraton de Caseros».
«Yo nací acá – dice Carlos mientras señala el salón comedor. Y agrega: «Acá vivíamos y éste era el dormitorio de mis padres». Carlitos comenta que sus primeros pasos en el trajinar gastronómico los comenzó a dar cuando tenía cinco o seis añitos.  «Yo ayudaba a secar vasos y platos o a colocar las sillas. Para esa época, mis padres tenían el restaurante «La Amistad» en la calle Andrés Ferreyra, entre Urquiza y Valentín Gómez. Ese fue el primer negocio que tuvo un aparato de televisión en Caseros; cuando transmitían partidos, se llenaba de gente». Grandes partidos eran también los que se armaban entre los que trabajaban en «La Amistad» y los del legendario «Pampa», reducto de dudosa fama, enclavado en Andrés Ferreyra y Valentín Gómez. Carlitos – fana de Independiente – también supo defender futbolísticamente los colores del Unión.

«Hice la primaria en la escuela 8 (actual 12) y mis compañeritos fueron, entre otros, Pacheco, D’Alessandro, Degli Antoni, Márquez, Paterno, Mirtha Menini, Palacios, Elsa Merello (hermana de la locutora)… mi maestra de primer grado fue la señorita Elsa de Oro y era tan buena que me enamoré».
De quien se enamoró Carlitos, pero para toda la vida, fue de una piba – Mirtha Beatriz Fredes– que en los ’70 trabajaba en la panadería «La Italo», y con quien tras riguroso noviazgo, se casó. El matrimonio tiene un hijo, Fernando.

De su juventud recuerda los «asaltos» que se armaban en la casa de los Merello. «A mí me invitaban siempre porque era el que llevaba el Winco», relata entre sonrisas. Al finalizar la secundaria- que cursó en un colegio de Santos Lugares – Carlitos entró a la «facu» para hacer el profesorado de Historia y Geografía. «Pero cuando estaba en tercer año, mi papá se enfermó y tuve que dejar los estudios para trabajar en el negocio y poder mantener a la familia».
Y así quiso el destino que Carlitos continuara la tradición familiar inaugurada por sus antecesores mendocinos.

Carlitos afirma que, a fuerza de ejercer el oficio, le encontró «el gustito» y que se siente apreciado por la gente.
Fueron clientes del «Sheraton» vecinos queridos y destacados de nuestro barrio como Julio López, Akiyoshi, Ferrari, Remo Vasia, el viejo Capilla, Carlos Guimard, Mauricio Altman, el diputado Ramos, Roveta, Soto, López, Calviño… “también cenaron aquí Del Viso, Silvia Merello, Rattín, Telch, el paraguayo Monges, Bochini (mi ídolo), el sub-campeón mundial de motocross Dante Pico… la lista es larguísima”.

Cuando falleció su padre – el recordado don Anselmo – Carlitos se puso al frente del establecimiento.
«¿Alguna anécdota? En una oportunidad, veraneando en Santa Teresita, invité a mi esposa a cenar en un restaurante del tipo autoservicio. Puse los cubiertos en la mesa y cuando llevaba la comida, alguien me empujó y se me fue la bandeja con todo al suelo. De repente, escucho que una señora dice: Si éste llega a trabajar de mozo, se muere de hambre».
Es posible que Caseros haya perdido un profesor de Historia y Geografía. Sin embargo, eso sí, ganó un gastronómico de primera que se destaca por su atención afectuosa y prolijos modales.

(Nota de redacción a una señora de Santa Teresita: No es por llevarle la contra, señora, pero se acuerda de ese señor al que se le cayó la bandeja en el restaurante y que, según usted, mucho fracasaría si se dedicara al rubro… bueno, le contamos, el restaurante que tiene a su cargo, ese señor, fue declarado como “Notable de Tres de Febrero”. Muchos saludos, señora).