Alguien nos señaló: Leo es un ser de luz ¿Por qué no lo entrevistan?.

Cuando lo entrevistamos, hace ya un lustro, Leo vivía en la calle De Tata, casi esquina Lisandro Medina. Tocamos el timbre y Leo, flanqueado por su perra, nos invitó a entrar a su casa. Atravesamos un largo pasillo y, luego subir por la escalera, ingresamos a un living silencioso donde nos encontramos con una mesa sencilla, un saxofón en un costado, partituras, un poster de Bob Marley y una computadora. El lugar estaba prolijo, luminoso, grato. El suave aroma de un sahumerio invadía el aire. Faltaba el obligado televisor. Después vamos a saber el porqué.

Leonardo Runco había cumplido 35 años, días atrás. Un pibe delgado y con la sonrisa siempre a mano. Nos contó que la casa de su infancia estaba en la calle 4 de Noviembre, entre Lisandro Medina y Murias. Fue alumno del Pio XII. Alguna vez se defendió como remisero pero desde hacía más de dos décadas atendía un puesto en la feria donde vendía aceite, pasas de uva, nueces, almendras y aceitunas. Ese puesto lo inauguraron hace 75 años sus abuelos inmigrantes.

¿De que hablamos con Leo? Difícil describirlo… Pero le pedimos, lector, que si no se encuentra con la mente abierta, sin preconceptos, no continúe leyendo esta nota. Hablamos sobre naves espaciales, sobre la gran importancia de conectarse con uno mismo, sobre ángeles. Entre otros comentarios, nuestro vecino manifestó lo siguiente:

Mi primer avistaje de una nave espacial lo tuve una noche en Capilla del Monte, en el jardín del Hotel Principado, mientras miraba para el lado del Uritorco. Una nave salió de una nave madre y se metió en el cerro que se iluminó repentinamente.

• Nunca tomé los avistajes como algo anormal ni que me generaran temor. Los tomo naturalmente porque para mí es algo normal. No es natural para el que no cree, pero cuando uno se ‘abre’ es como cualquier otra cosa. Pero, ojo que no hablo de creer por creer, sino de la fe, la confianza plena como la que tiene el bebé de que su madre le va a dar la teta.

Muchas veces, obramos por lo que traemos grabado desde nuestra infancia. Suelo repetir este ejemplo: si me repiten desde chiquito que cuando se muera la tía vamos a hacer una fiesta, cuando llegue ese momento todos van a llorar menos yo. Eso no quiere decir que uno la quiera o no a la tía… sucede que el chip es diferente. Entonces, hay que ver si el sufrimiento del que está llorando es verdadero o es porque uno lleva grabado que la muerte es sufrimiento… Así suelen ser todos las creencias. Entonces, la mente dice que no puede haber naves espaciales si a uno lo educaron con esa creencia. Pero, pasa el tiempo y uno se pregunta el ¿Por qué, no? ¿Por qué nos creemos los únicos en esta galaxia tremenda, desbordada de estrellas? ¿Podemos creer realmente que estamos solos?… Diría que hasta es un pensamiento algo egoísta.

• Desde hace mucho, los extraterrestres están apoyando a la humanidad para que esta evolucione y pueda sintonizar la frecuencia armónica que necesita el planeta para elevarse al plano vibratorio superior. Sus mensajes señalan que el hombre está completamente desconectado del amor, de su propia esencia, de la vibración del planeta. Está constantemente en el ‘afuera’, en el mundo de la materia, identificándose con los objetos… perdió el equilibrio entre el plano material y el espiritual.

La información que tengo no es de libros sino de experiencias. La biblioteca cósmica está abierta todo el tiempo: uno simplemente se tiene que relajar, hacer silencio y escuchar. Conectarse directamente. No hace falta leer. Ya venimos con la información incorporada, necesitamos recordarla… Cuando me comunico, me vacío, saco los preconceptos, entonces recibo la verdadera información.

Desde chiquito tengo esta inclinación por este tipo de temas. A mis diecisiete, cayó en mis manos un libro de metafísica que me decía sobre cómo comunicarme con mi ángel para que me ayudara. Entonces, lo que él me decía yo lo hacía. Con plena confianza. Y siempre me mostró un camino; y muchas veces, ese camino surgía por donde menos lo esperaba. Lo comprobé y lo compruebo una y otra vez.

No es difícil conectarse con uno mismo. Para hacerlo no hay que ir al medio de la montaña. Es más simple. Hay que cerrar los ojos e ‘irse’ para adentro, conectarse con la respiración, con el silencio, ‘verse’ realmente, perdonarnos, sacarnos de encima las creencias con las que venimos y conectarnos con lo que es verdadero y está sucediendo en el presente… que no es lo mismo que lo que está pensando la mente.

Para la mente lo mejor es que uno se dedique a la crítica y a chusmear sobre lo que está haciendo el otro. Ahí es donde uno desperdicia la energía que después le falta para conectarse con uno mismo. Uno es dueño de su energía. Todos los días recibimos el mazo de cuarenta cartas que si las repartimos en la crítica o en lo que hace el otro, nada nos va a quedar para nuestra evolución. Aunque cada mañana tenemos la suerte de volver a repartir el mazo… tenemos que disponer fichas para el silencio o para lo que nos haga bien. No fijarse en lo que hacen los demás.

Me preguntan cómo hago para conectarme con mi ángel, con los seres que me guían… les respondo me tomo el tiempo para estar conmigo… simplemente es cerrar los ojos y decir «te doy permiso para que actúes en mi vida y me muestres para que lado es el camino»; o preguntar ¿qué vine a hacer acá?, ¿para qué estoy acá…?» tenemos que pedirlo, ellos no violan el libre albedrio, respetan lo que uno haga.

ESTAR PRESENTE

La meditación no es solamente estar sentado sino estar presente en lo que estoy haciendo… Por ejemplo, si estoy lavando los platos, estoy lavando los platos y nada más… y si la mente me lleva a cualquier lado, la traigo nuevamente al presente. Es difícil pero posible, hay que hacerlo: estar presente.

Puedo ser un canal para ayudar a quien lo necesite. A veces, viene una viejita y me dice que su esposo no está bien. Entonces, les pido a los seres de luz que le envíen amor y que los espacios desequilibrados de su vida se llenen de amor. Yo lo ‘entrego’ y me olvido porque tengo que seguir trabajando. Son cinco minutos. Con eso alcanza. No hace falta rezar toda la semana. Esos cinco minutos son potentes porque uno pide con confianza.

Si yo quiero ayudar al planeta, el planeta mismo se va a encargar de decirme sobre cómo lo puedo ayudar… los seres de luz colaboran con las personas que se abren para ayudar.

Cuando tengo que ser material, soy material. Tengo un puesto en la feria y tengo que comprar y vender mercadería. Peleo el precio como cualquiera para poder tener las mejores ofertas para los jubilados que, mayoritariamente, me vienen a comprar. Pero no me dejo influenciar solamente por el mundo de la materia. Atiendo el negocio, me levanto a las seis y trabajo hasta las seis de la tarde, pero no quiero al resto de mis horas ocuparlo únicamente en ganar plata. Entonces, busco el equilibrio y me tomo el tiempo para canalizarlo y que me sirva para conectarme con mí mismo.

Desconozco que es lo que va a pasar en el futuro. La vida es presente. Si sabemos que los polos se están modificando y ese cambio planetario va a traer un montón de cambios en el plano físico y en el plano de la conciencia del hombre porque la gente ya no va a saber qué hacer. Se caen las creencias, las estructuras… paradójicamente, puede ser el mejor momento porque la crisis puede ser, también, crecimiento.   

Cuando se me presenta una situación difícil, me pregunto qué tengo que aprender de esa situación. Pido, entonces, no lo que quiero sino lo que me sirve para evolucionar, pido que mis deseos personales (propios de mi mente pequeña) se corran y que el Universo haga lo mejor para mí porque sé que le va a hacer bien a mi espíritu.

Todo es transitorio. Es como tener algo en la mano y dejarlo caer… uno llega vacío se va vacío. Lo único que se lleva son las experiencias vividas y lo que pudo evolucionar internamente.

Las cosas se dan solas si uno está abierto, receptivo. Cerrarse, enferma. Simplemente, hay que estar atentos. Las señales están en todos lados.

Más importante que lo que está pasando en el cuerpo es lo que está pasando en el alma. Claro que hay que tratar de tener el cuerpo en las mejores condiciones porque cuando uno está enfermo no tiene ganas de nada.

Lo importante es que la gente se conecte con aquellas cosas que están dentro de uno y que no le dé más importancia a lo que está afuera, a lo que demanda el exterior.

Encontrar nuestro propio equilibrio es ayudar al equilibrio de los demás porque todos somos uno. Siempre busco equilibrio, paz y vivir en armonía.

No tengo televisor para no mirar los noticieros y no grabar en mi cabeza un montón de información que en algún momento me va a generar miedo, confusión… porque una vez que eso entra empieza a trabajar en el inconsciente. Por eso hay tanta gente que vive con tanto miedo.

Mucha gente llega al puesto en la feria y se queja por todo lo que está pasando. Les digo porque no se fijan en lo bueno que tienen alrededor. Los políticos y los problemas van a seguir estando pero es preciso no perder de vista lo bueno que uno tiene al lado. Estás desperdiciando tu energía, les digo, en vez de aprovecharla en lo que te puede ayudar a evolucionar.

Nota de Redacción: Leo actualmente está viviendo en un paraje de Traslasierra (Córdoba).