El gran ajedrecista santiagueño, se afincó en Caseros en 1959, a pocas cuadras de la plaza de Villa Pineral. En 1960, fue consagrado Gran Maestro Internacional, la máxima jerarquía a la que puede aspirar un aficionado al deporte de los trebejos.

Su destacada actuación en el ajedrez le permitió viajar a innumerables países (“conozco toda Europa y América») y conocer a muchísimos personajes: Trujillo, el mariscal Tito (“con quien compartimos todo un día”), el Che Guevara, Fidel Castro…  (“a Hitler y Mussolini, los conocí a distancia en Munich, en el ’37”).

Se enfrentó a nenes de la talla de Capablanca, Ewe, Alekhine, Smylov, Botvinik, Lasker… e intervino, representando a la Argentina, en tres torneos mundiales por equipo (Estocolmo, 1937; Buenos Aires, 1939 y Yugoslavia, 1950).
Organizó y dirigió todos los torneos patrocinados por Clarín e incursionó en el periodismo donde integró un grupo muy mentado junto a Enzo Ardigó, Fioravanti, Pedrito Valdés y “El Bachiller”.

Fue presidente de la Federación Argentina de Ajedrez y, durante su administración, se logró el pico mayor de práctica ajedrecista en el país gracias a la trascendencia del match en el cual se enfrentaron Fischer y Petrossian.

Lo entrevistamos, hace varios años, en su casa sencilla de la calle Frugone.

– ¿La práctica del ajedrez ayuda a mejorar las conductas?
– Entiendo que el deporte, en grandes términos, no es una valla infranqueable para los excesos que el individuo pueda cometer, pero es un gran moderador para aquél que tiende a andar por los extremos.

– ¿Cualquier deporte o el ajedrez en especial?
– En general, cualquier disciplina… pero el ajedrez en particular…

– ¿Por qué?
–  El ajedrez se juega con reglas preestablecidas que son acatadas en el mundo entero. Esto permite un lenguaje uniforme con el cual nos podemos entender todos. Por otro lado, la mecánica del juego: yo hago esta movida, mi rival responde con esta otra, buena o mala, no interesa… El que mueve mejor obtendrá una mejor posición y cuando se avanza en el juego se necesita pensar un poco más para saber que hará el rival. .. Como resultado de todo, se produce una gimnasia del razonamiento; y no conozco a nadie que si razona pueda cometer excesos. Y uno de los beneficios del ajedrez es que permite el razonamiento aun en los momentos críticos.

– ¿A pesar de la presión del reloj?
– A pesar del reloj. Hay circunstancias en la vida que nos ponen ante un reloj tremendo donde debemos decidir con rapidez y el razona-miento, en el plano que sea, jamás nos hará decidir por la agresión.

– ¿Puede la computadora más avanzada derrotar al mejor de los ajedrecistas?
– Las formas de computarización han creado esas imágenes, pero… ¿Quién ha creado esas formas?: el hombre. A pesar de esto, estoy de acuerdo cuando se dice que, en poco tiempo más, la maquina podrá vencer al hombre, en el ajedrez. Y no porque sea más profunda o creativa sino porque tiene un grado de efectividad muy determinado, perfectamente parejo. El hombre tiene sus estados de salud, sus estados de ánimo cambiantes; un día, puede estar pleno y al otro, chapotear en el barro. La computadora está siempre igual. Pero si el hombre se encuentra en un día luminoso, la mejor máquina va a la lona.

– ¿Cuándo y dónde comenzó a jugar ajedrez?
– A los diecisiete años, empecé a jugar en Santiago del Estero. Allá no hay que trabajar tanto y entonces hay tiempo para pensar (se ríe). Pero mi ajedrez es mayormente de Santa Fe, donde viví muchos años. En realidad, se puede ser de tal o cual lugar, pero se es del ajedrez que lo amamanta, del que le dio personalidad. Es decir ¿Dónde abrevó?, ¿Cuáles son las fuentes en que se nutrió? Y ese es el ajedrez de uno. En la vida, nuestra cultura y nuestras reglas formales están muy influenciadas por los maestros que elegimos. En el ajedrez, ocurre más o menos lo mismo. Se estudia para que esa secuela de preguntas y respuestas mudas tengan más profundidad. Por lo tanto, uno elige sus guías ¿Quiénes? Capablanca, Alehkhine, Lasker… En fin, las grandes figuras.

– ¿Cuál fue su victoria de mayor renombre?
– Creo que en la vida de un ajedrecista no importa el triunfo que más trascienda sino el que más lo haya satisfecho. Justamente con esa óptica, estoy trabajando en un libro. Muchos han publicado sus partidas más renombradas. En cambio, yo he buscado la selección de partidas que más emociones y buenos recuerdos me traen, al margen de los resultados. Recuerdo siempre una partida jugada en Estocolmo, en el año ’37, durante el torneo mundial por equipos. Debía ganar o ganar; por suerte, gané y en forma brillante. Fue contra el maestro Vistanekis y esa partida está en muchos libros de textos como modelo.

– ¿Hay muchos aficionados al ajedrez en Caseros?

Yo conozco pocos, no podría decirle cuántos hay. Mi actividad es más por extensión que por frecuentar determinado lugar. No obstante, estoy ligado a la zona. Inauguré una sala de ajedrez en el Banco Cooperativo, hice simultáneas en Palomar, en la biblioteca Sarmiento, de Santos Lugares, batí un record de partidas simultáneas. Fueron 120 y en su momento, fue récord sudamericano…

– Existe un club en Caseros que lleva su nombre…
– Sí, funciona en el subsuelo del Banco Credicoop, en la calle Mitre. Fue idea de unos discípulos. Yo puse como condición, cuando se fundó, que en el estatuto quedara claro que los principios determinantes de la creación de esa entidad deben estar orientados para la difusión del ajedrez, especialmente, en el ámbito infanto-juvenil. Pienso que ustedes, en algún momento, a quien debieran hacerle el reportaje, es a ese club porque están realizando una labor muy interesante. También, el Rotary Club Caseros Sur patrocina un torneo juvenil donde cada vez hay mis participantes y los que dirigen y ayudan a hacer el certamen, desde el punto de vista técnico, son los integrantes del club. Toda esa actividad me entusiasma.

Carlos Guimard – nuestro vecino de Villa Pineral – falleció el 11 de septiembre (Día del Maestro) de 1998, a sus 85 años.