Ya a fines del siglo 19, los rieles que unen Caseros con Palomar soportaban el paso de esforzadas, humeantes locomotoras.

En el costado norte de tales rieles, se extendía una planicie que décadas después, fue sacudida por el trabajo incesante de máquinas excavadoras que cargaron, en vagones, toneladas y toneladas de tierra.

Esta tierra fue utilizada para rellenar los terraplenes que unen las estaciones Palermo – Retiro y, también, para obras realizadas en Puerto Nuevo.

Cuando las máquinas cesaron su tarea, quedó a la intemperie un enorme agujero limitado por las vías del San Martín; la vía «muerta» que por entonces se dirigía hasta Martín Coronado y la loma de Ciudad Jardín.

Los vecinos bautizaron al enorme boquete con el nombre de «La Excavadora».
No pasó mucho hasta que el agua de lluvia se afincó en el lugar y dio nacimiento a una laguna /charco, enmarcada por una pronunciada barranca.

Pronto, los purretes de los alrededores se sintieron atraídos por el semi salvaje lugar. Era cuestión de que se juntaran cuatro o cinco pibes y se preguntara “¿Vamos a La Excavadora ?», para que la propuesta prendiera con facilidad.

CABALGATAS CARA AL VIENTO

Allí, montaban los caballos que el tambero don Urquijo dejaba para que pastoreen o los de la tropilla de don Viturán, quien solía alquilar sus animales para que trabajaran en los pisaderos de los hornos de ladrillo.

Los pibes, entonces, provistos con una soga y una bolsa de brin, atraían al maturrango menos despierto… un salto y a cabalgar cara al viento.

El espacio estaba rodeado por pastos y cardos que se llenaban de capullos azulados; estos cardos, a tono con la mishiadura nativa, eran muchas veces utilizados para enriquecer sopas y ensaladas. También moraban patos, ranas, liebres e infinidad de pájaros que celebraban su existencia en la medida en que podían sobrevivir al acoso de los émulos de Daniel Boone.

EL BALNEARIO TRANSGRESOR

Por supuesto, el plato fuerte de la excursión eran las zambullidas en las aguas de la laguna que no lucían muy cristalinas que digamos pero tampoco era cuestión de andar con delicadezas. Y menos aun cuando después de las zambullidas había que andar quitándose las sanguijuelas que solían introducirse hasta en los sitios más recónditos de sus anatomías.

Muchos de los bañistas acostumbraban aplicarse al siguiente entretenimiento: tomaban una carretilla del ferrocarril – objeto parecido a una palangana – se ubicaban en la cima de la barranca y encaramados en dicha carretilla se dejaban caer por la pendiente hasta dar de bruces contra la laguna. Se desprende, entonces, que el surf acuático se inventó en estas playas.

El estilo de los trajes de baño de los concurrentes al balneario no puede asegurarse que respondiera a una línea en particular: pantaloncitos de fútbol y calzoncillos formaban parte del vestuario acostumbrado. También en La Excavadora, se inventó el nudismo.

TERTULIAS FAMILIARES

Por supuesto, la generosa geografía no sólo era utilizada por los chicos. Los sábados y domingos, el lugar era ocupado también por familias completas que extendían un mantel en el pasto y se dedicaban rigurosamente a interminables rondas de chismes y mate.

Otros preferían entretenerse en picados futboleros que se organizaban en el paraje y no faltaba quienes optaban por guarecerse bajo el ombú que los Vescina habían plantado en su quinta, ubicada al lado de «La Excavadora». También, los caserinos se dirigían a esta quinta para tomar agua fresca de pozo o para saborear, sin informar a los dueños, higos, mandarinas y melones.

Para fines de los años cincuenta, principios de los sesenta, el espacio comenzó a ser utilizado como un basural donde descargaban las chatas que se dirigían hasta allí por la adoquinada calle Quintana. Más adelante, la empresa Fiat adquirió el lugar y lo rellenó definitivamente.

Con el tiempo, muchos de aquellos chicos se convirtieron en vecinos juiciosos e, incluso, circunspectos profesionales. Algunos, sabemos, viajaron a Europa y conocieron rincones exquisitos del planeta. Sin embargo, cuentan por ahí, cuando recuerdan «La Excavadora», inevitablemente se les escapa el atorrante que llevan en el alma y una sonrisa les baila en la mirada.