Hoy se cumplen 46 años de aquel sábado 30 de agosto de 1975 cuando la pizzería de av. San Martín, casi Moreno, levantó sus persianas por primera vez.

Los hermanos Antonio y Mario Perpignano – quienes seguramente estaban llenos de ilusiones – tal vez no  imaginaban que con el tiempo ese local sencillo, prolijo, que inauguraban con muchas esperanzas, se convertiría en un referente, no sólo de nuestro barrio sino también de todo el distrito.

Fue por este motivo que, en 2018, el comercio de avenida San Martín fue distinguido, por ordenanza municipal, como la primera  Pizzería Notable de Tres de Febrero.

Son los hijos de Antonio – Nicolás y Diego – quienes ahora están al frente de aquel sueño que impulsaron los hermanos Perpignano.

Hace poco tiempo, Santa Lucía fue elegida, por los vecinos tresfebrerenses,  como la que elabora la pizza más sabrosa de estos pagos.

DANIEL BENGOLEA

Es parte ineludible del emprendimiento gastronómico. Tan conocido como la fugazzetta rellena o la tarta de ricota. El mozo de la pizzería también merece calificarse como notable.

Siempre afable, tiene 51 años, cinco hijos y tres nietos. Desde hace décadas, cada día, a las cuatro en punto de la tarde, se calza su uniforme de mozo (incluye moñito y chaleco gris) e inicia su jornada laboral.

Hace un tiempo, lo entrevistamos. Entre otros comentarios, publicamos en esa oportunidad:

“El flaco se destaca por su cordial disposición, por su sonrisa amable. Ágilmente se mueve entre las mesas que suelen extenderse sobre avenida San Martín y sorprende observar cómo se las arregla se para atender a tanta gente y recordar de memoria los numerosos pedidos”.

«Es cuestión de práctica – nos ilustró – esto de la ‘comanda’ (registro escrito de los pedidos) hará unos diez años que empezó a utilizarse… pero los pedidos siempre se hicieron al canto: ‘Una chica de muzzarella, dos fainás, una fugazzeta y un porrón para la cuatro'».

“El morocho se confiesa riverplatense, condición que a partir de este preciso instante le va a significar la disminución de su propina de parte de la mitad más uno (perdón, Daniel), e indica que se crio en San Miguel junto a sus padres y seis hermanos.

“Fue apenas cuando terminó la primaria que se topó con el indispensable mandato paterno: «0 estudiás o trabajás… vago, no». El chico Bengolea optó por el trabajo y ya desde sus trece se animó a la rutina laboral; fue aprendiz de distintos oficios hasta que fue empleado por los gastronómicos Perpignano y aterrizó en Caseros”.

«En veinticinco años habré faltado cuatro o cinco veces, vine con dolor de cabeza, sintiéndome mal; mi viejo, que falleció hace unos años, me enseñó que el trabajo hay que respetarlo», añade.

Esta nota se había realizado a solicitud de varios lectores quienes nos pidieron que destaquemos su afabilidad y su permanente buena disposición.