Hoy se cumple el 11° aniversario de su fallecimiento.

Fue un querido vecino, reconocido docente y artista plástico de nuestro barrio. Vivía en la calle D’Ella Rossa, entre Hornos y pasaje Tupungato, junto a Blanca Fernández, su querida esposa.

El matrimonio tuvo tres hijos: Norma (f.), Marta y Gerardo.

«Para mantener a mi familia fui ferroviario hasta que me jubilé,  empecé como fogonero y más adelante, me designaron como maquinista…, nos contó alguna vez.

 “Las bronquitis que me persiguen se incubaron en aquella época; muchas veces me agarró la lluvia y me sequé el cuerpo y la ropa, alimentando a paladas la locomotora a vapor», apuntó el maestro.

VILLA ALIANZA

En los años ’20, transcurrió su infancia saltando zanjones en Villa Alianza. Hincha de Boca y patadura, erró múltiples goles en los baldíos y campitos de la villa.

Con los diptongos y la tabla del siete, se entreveró en las aulas de la escuela que se levantaba en Belgrano y Lisandro de la Torre. Su aplicación no fue precisamente para enorgullecerse. Alguna vez, una maestra le revoleó un borrador por la cabeza. «Bueno, reconoció, tal vez yo era un poco travieso… eso sí, recuerdo con mucho cariño a la señorita Machado que me quería mucho».

SE INSINUA EL ARTISTA

En esos años de guardapolvo, el pibe ya sugería su habilidad para manejarse con pinturitas y pinceles. «A Humberto Golfera y a mí, nos encargaban que dibujáramos las láminas para el colegio».

Pasaba el tiempo y su vocación y destreza para apresar imágenes en las telas se iba acentuando. «Yo tendría unos diecisiete años cuando me avisaron que Mindo Palacios, un muchacho que vivía en Cavassa y La Merced, se dedicaba también al dibujo… fui hasta su casa y le pregunté: ´¿Usted me enseñaría a pintar?’… ¡Cómo sería esa época que a pesar de que Palacios me llevaba apenas dos años, nos tratábamos de usted! Me respondió que sí, que las clases salían dos pesos”.

“Fui del ‘Gordo’ Zas, que tenía la librería en Urquiza y 3 de Febrero, y compré los pomos ‘Talenz’ para empezar con las lecciones. La primera tarde, Mindo me dio una lámina para que la copiara; cuando la termine, se quedó mirándola un rato y me dijo: ‘Antes de seguir, vamos a dejarnos de joder y vamos a tutearnos… yo a vos no te puedo enseñar nada, así que, si querés, podemos hacer cosas juntos’. Me devolvió los dos pesos y nos fuimos de farra a gastarlos».

Fue así que los mozos desandaban los campos de Caseros, Palomar, Hurlingham, descubriendo paisajes y soñando colores.

JOAQUÍN LUQUE

Para 1948, Gerardo comenzó a perfeccionar su arte apoyado por Joaquín Luque, un pintor de reconocida trayectoria que supo vivir en Caseros. Bajo su tutelaje, incursionó en la «armonía de los colores, la utilización de los diferentes tonos… me enseñó a pensar pintando».

El discípulo ingresó de lleno al universo pictórico; su obra pasó a ser reconocida. Innumerables muestras lo tuvieron – y lo tienen – como protagonista y sus creaciones pasean también por geografías tan lejanas como Venezuela, España, Perú, EEUU, Holanda, Japón, México, Israel…

Su currículum lleno de distinciones expresa tanto su talento como su fecundidad artística. Fue amigo y compañero de oleos de Quinquela, restauró obras de la Galería Pacifico y siguió perfeccionándose con Alberto Delmonte. Alguna vez, señaló: «La pintura realista, como la que pinto, marca un instante. Los colores que allí se instalan definen momentos. Un paisaje volcánico sobre un lienzo es un paisaje detenido en el momento en que el pintor lo vio, lo descubrió…».

MAESTRO

Luego de jubilarse como ferroviario, se dedicó a una tarea que calificó como ‘insuperable’: enseñar.

Gerardo Granda falleció el miércoles 17 de noviembre de 2010, a pocos días de cumplir sus 94 años