Fue hacia fines de 1986 – se cumplen ahora 35 años – cuando un grupo de artistas plásticos, que tomaban clases en la Fundación del Banco Cooperativo de Caseros, bajo la directiva del maestro Gerardo Granda, decidió aunar esfuerzos y trabajar en conjunto.

Lo llamaron Grupo «ARCO IRIS», porque como dijo una de sus integrantes, Sara Negri, «somos siete personas que juegan con los colores y siete son también los tonos del arco iris”.

Rosa Bisignano de Iark, Herminia Ferro, Carmen Logarzo Babuín, Sara Negri, Fernando Rodríguez, Ercilia Simonetti y Julia  Valiente constituyeron un entusiasta grupo que llevó sus obras por diferentes galerías, traspasando incluso los límites de nuestro barrio.

«Arco Iris surge – contaban – por una necesidad de expresar, por una necesidad de que la gente vea lo que nosotros hacemos. Un artista debe mostrarse, debe compartir su obra».

Los siete caserinos desafiaron todo tipo de dificultades, su filosofía se resumió en la siguiente frase: «Si uno se queda en casa, el ‘no’ lo tiene seguro, hay que salir a pelear por el sí, y estar convencido de que la obra que uno va a mostrar, vale».

Con ese espíritu emprendedor, Arco Iris llegó a realizar numerosas exposiciones. La primera fue en El Paseo de las Artes – ubicado en la plaza Unidad Nacional – y si bien los nervios y la excitación estuvieron presentes, todo salió de maravilla.

Durante 1987, siguieron sucediéndose las muestras y exposiciones, pero ya con la particularidad de exceder los límites de Caseros.

A pesar de tener cada uno de ellos actividades particulares, ya que la mayoría eran amas de casa – excepto el representante masculino, Fernando, cuyas obligaciones eran otras – siempre se hacían tiempo para pintar, y preparar exposiciones y otras actividades.

«Es que recibimos mucho apoyo de nuestras familias. Ellos nos dejan tiempo para pintar y trabajar en esto. También nuestros maridos nos ayudan a preparar una muestra, a llevar los cuadros, a colgarlos, etc.», confesaron las mujeres.

A través de su trayectoria, los “iris” obtuvieron una serie de premios, tanto grupales como individuales. Por ejemplo, el Club de Bellas Artes, llamó a concurso para la realización de una exposición.

Cada uno de los integrantes del grupo presentó un cuadro por separado y todos fueron aceptados para su posterior exhibición.

El estilo empleado respondía al arte figurativo, y los motivos de sus obras estaban determinados por múltiples factores.

«Cuando uno pinta ve las cosas de otra manera – comentaba Julia – y puede convertir algo sencillo en algo bello».

A lo que Carmen alegaba: «Un paisaje ya tiene toda la belleza que le da la naturaleza, pero, por ejemplo, yo puedo tomar algo simple, de todos los días, una jarra, una manzana, y mostrarlo desde un lado estéticamente bello».

También detallaron: «Lo nuestro es una pintura meditada, que sale de adentro hacia afuera, tomamos elementos de la vida elementos que nosotros utilizamos todos los días en nuestras tareas, y creamos a partir de esa elección».

Estos siete artistas, como otros que han pasado por estas páginas, han mostrado y seguirán mostrando otra faceta de nuestro barrio. Los artistas no solo nacen o trabajan en las grandes ciudades. Un creador puede hallarse en cualquier rincón de la tierra, basta que tenga esa almita que solo unos pocos tienen. Esa visión para hacer que una lágrima nos parezca oro, o que un ranchito sea la quinta maravilla del mundo.

El grupo Arco Iris llevaba en sus entrañas una paleta de múltiples colores, tonos y armonías, que gracias a su esfuerzo, empeño y afecto, nosotros, el público, pudimos disfrutarlo.

Laura Fonseca