Hoy, a sus 76 años, murió quien fuera uno de los exponentes más destacados de los canillitas de nuestro barrio.

LECHERO

Inició su vida laboral, a sus 17 abriles, como lechero.  Junto a su hermano Carlos tenía un reparto de leche que se extendía desde Caseros hasta Sáenz Peña.

Don Domingo, el padre de los muchachos, atendía una forrajearía (que luego fue almacén) en Potosí y Fischetti – y los hermanos colaboraban para llenar la olla donde hacía milagros mamá Rosa Dicciano.

“Guardábamos la leche en lo de Aldo González o en lo de Ramón Martín que también eran lecheros y tenían heladeras grandes”, nos contó Osvaldo, en cierta oportunidad.

DIARIERO

Fue en aquellos años cuando se obligó a que la leche se vendiera envasada y Osvaldo decidió cambiar de rumbo: le adquirió una parte de la distribución de diarios a Antonio Chávez e inició su trayectoria como canillita.

“A los diarios los teníamos que ir a buscar a la estación; los más vendidos eran Clarín y El Mundo y, entre las revistas: El Campeón, Mundo Deportivo, El Gráfico, Maribel, Intervalo, Andanzas de Patoruzú, Rico Tipo, Radiolandia… Canal TV y Selecciones nos las sacaban de las manos”, recordó Osvaldo, quien así pasó a integrar una cofradía de diarieros legendarios y entrañables: “Palito Pietrantonio, Manuel, Armando Lucchetti, Luis Galera, los hermanos Tuñón, Manduca, Marziano Franchelli, Beto y Pulli Dellepiane…”, rememoró mientras señalaba que “entre nosotros había códigos y no nos robábamos los clientes”.

Osvaldo siempre demostró empuje y al poco tiempo de empezar empleó a dos chicos que le vendían diarios en la ya desaparecida línea 141, que unía Chacarita con Pilar. A la vez, arregló para que un quiosquero de avenida San Martín, casi Urquiza, le vendiera sus revistas, además de golosinas y cigarrillos. No transcurrió mucho hasta que con dos caballetes armara su ‘parada’ en la esquina aludida.

“Tanto Palito (Pietrantonio) como yo tenemos que agradecerles a los Vega -quienes tenían su puesto en Valentín Gómez y 3 de Febrero – que nos dejaron instalar nuestras propias paradas”, reconoció.

La todavía adoquinada avenida San Martín era testigo de como cada madrugada, Osvaldo llegaba para acomodar los diarios y revistas.

“En ese tiempo, todavía estaba el mástil en la esquina de La Merced”, recordó como también recordó a clientes que mantuvo a lo largo de más de medio siglo: “Huy, son tantos… Leonor Siffredi, Inés Vega, Berta Molina, Eda Rey , a quien le llevaba el diario a su casa en Moreno 80…”.

BOXEADOR AMATEUR

Paralelamente, Osvaldo se le animaba a la práctica del boxeo en el club Libertador, bajo la batuta de Juan Franco, y en el Luna Park supo ser sparring de glorias como Ramón La Cruz, Andrés Selpa Abel Cachazú.

DELEGADO

Durante un par de años, Osvaldo se empleó en la empresa Fiat (“me turnaba en el puesto de diarios con mi hermano”) donde fue elegido como delegado de almacén.
Con el tiempo, además se desempeñó como delegado zonal en el Sindicato de Canillitas.
“También pertenecieron al gremio Beto y Pulli Dellepiane”.

A lo largo de más de cinco décadas, su puesto de Urquiza y avenida San Martin se convirtió en un clásico de la geografía barrial. Y tanto se presentó como lugar para comprar el diario, como espacio de consulta para saber dónde está la parada del 343 o por dónde corre la calle Bonifacini.

Simpatizante de Racing y Almagro, nuestro vecino agradeció al barrio por todo lo que le dio: “soy fanático de Caseros”, subrayó.

Osvaldo estaba casado con Marta Castro, a quien conoció de jovencito, cuando aún repartía leche a domicilio.

El matrimonio – que residía en Thomás Guido y Potosí – tuvo tres hijas: Karina, Andrea y Anahí.