Esta nota la publicamos en 2014, a raíz de una serie de delitos que por esas semanas, azotaban nuestro antiguamente sereno barrio de hospitalarias puertas abiertas.

Duele su vigencia; en especial por los episodios delictivos perpetrados en nuestras calles que alcanzaron difusión nacional.

En aquel verano de 2014, entre otros comentarios, señalamos lo siguiente:

“El viernes 21 de febrero, al mediodía, nuestro vecino de la calle La Merced sacaba su auto del garaje. Antes, miró para todos lados, por prudencia, porque vivimos en estado de desconfianza.

“Observó que desde la esquina de Caseros y La Merced se acercaba caminando una joven pareja. Lo tranquilizó el hecho de que llevara de la mano a una de niña de unos seis años. A quien se le puede ocurrir cometer un ilícito acompañado de una nena, pensó. Pero, no.

“A nuestro vecino, mientras la pequeña y su supuesta mamá continuaron caminando para el lado de la calle San Jorge, el joven lo amenazó con un arma de fuego, le robó el auto al que puso en marcha y, a los pocos metros, se detuvo para que rápidamente subieran sus ‘cómplices’: la niña y su madre (sobrecoge pensar qué futuro le espera a esa pequeñita).

“Este episodio es uno más – apenas, uno más – de los tantos que padece nuestro barrio; algunos, incluso, con consecuencias mucho más lamentables que el robo de un auto. Lo relatamos porque sorprende observar hasta qué punto llegó la delincuencia: la vida de los chicos es sagrada y sin embargo, no vacilan en exponerla para lograr sus fines. Delincuencia que está desatada. No tiene límites. Opera a toda hora y en todo lugar. Nadie está exento de que le roben, lo golpeen o lo maten. A casi todos les pasó ‘algo’. Y al que todavía nada le ocurrió, vive en estado de ‘espera’. Así no se puede vivir. Estamos enfermándonos, volviéndonos locos”.

“SI PUDIESE, ME MUDARÍA DE CASEROS”

“Es una expresión catárquica que, últimamente, se repite en nuestro barrio. Describe la bronca por tener que vivir, por lo relatado, en estado de paranoia, día y noche.

“Mudarse no es fácil: cuesta tomar la decisión, cuesta dinero y nadie asegura que los problemas que afligen a Caseros no se repitan o multipliquen en otras localidades. Por otro lado, son muchos (nos incluimos) quienes no quieren mudarse por los apegos afectivos. También están aquéllos que toda su vida la vivieron en el barrio, lo sienten como su lugar en el mudo y no se les pasa por la cabeza vivir en otro lado que no sea donde nacieron, crecieron, fueron a la escuela, se sintieron plenos…

“Por estos y otros motivos, mudarse no es fácil. Pero, fundamentalmente, tampoco es justo. En absoluto es justo”.