Se llamaba Argentino Araldo Maneglia pero acá, en este Caseros que lo cobijó desde cuando todavía era pibe (nació en tierra pampeana), se lo conocía por El Pampa o Pampita.

Fue alumno de la escuela 33, aquel establecimiento de la calle Lisandro Medina y Sabattini que a partir de 1960, se transformara en la primera sede del flamante municipio Tres de Febrero.

SASTRE A MEDIDA

El Pampa, apenas finalizó la primaria, dejó su mundo de tizas para entreverarse con el de agujas, hilos, telas, botones y dedales. Por aquel tiempo, ni se escuchaba hablar de “orientación vocacional” y al muchachito no le cupo otra opción que sumarse al oficio que caracterizó a los Maneglia: artesanos de los casimires.

Fue así que se convirtió en aprendiz y, con el tiempo, en un destacado sastre a medida, actividad que desarrolló a lo largo de su trayectoria laboral. Incluso, lanzó su emprendimiento propio en la paqueta avenida Santa Fe, altura Montevideo.

PELOTARI Y AMIGO

Fue entusiasta jugador de pelota a paleta, afición que por décadas practicó en el club República de Caseros (Valentín Gómez y San Jorge). Fue, en esta entidad, integrante fundador de la legendaria Barra de los Miércoles, constituida por un grupo de muchachos que decidió, a fines de los años ’40, reunirse una vez por semana y ser amigos eternamente.

Eso, también, fue El Pampa: amigo. Perseverante, leal amigo.

De voz profunda y sonrisa pícara, tenía siempre presta una broma, una “salida” ocurrente. También, nos cuentan “le encantaba los domingos, preparar el asado familiar…”.

Residía en la calle Hornos, entre Bonifacini y Fischetti, junto a su esposa de siempre, Sara Elvira Belforti, caserina de pura cepa. El matrimonio tuvo dos hijos: Sandra y Guillermo, a quien Maneglia les transmitió su pasión riverplatense.

El Pampa, el pasado viernes 20 de mayo, a sus 83 años, dijo adiós. Se lo va a extrañar, claro que se lo va a extrañar.