Cuando nos informaron sobre su  deceso, nos pareció increíble. Nos sorprendió porque apenas tenía 42 años, porque lo conocimos lleno de proyectos, lleno de vida.

Morochón, algo morrudo pero ágil, hablar sereno y media sonrisa que le iluminaba la cara.

Fue alumno del colegio Cristo Rey y completó sus estudios secundarios, de noche, en la escuela Ricardo Rojas.

Infancia junto a sus padres – Graciela y Benedicto – y cinco hermanos, en la casa de la calle Mitre, entre Hornos y Olavarría.

Apenas adolescente, Diego ingresó a trabajar a Bonafide de Caseros. Y aquí, en este bar, permaneció durante casi tres décadas.

La misma gente del comercio de la calle Urquiza al 4700, lo recordó en su Facebook:

Diego… 27 años en Bonafide, desde los 15 que llegó con su abuela Amalia para empezar a repartir, en esa bicicleta con el canasto más grande que él. En esa bici pesada que más de una vez tuvo que meter velocidad si alguien lo seguía, esa bici que te hizo conocer todas las parrillas y millones de historias que nos regalaste… Hoy tenemos en la memoria miles de momentos, el local está cargado de recuerdos tuyos… si estabas más aquí que en cualquier otro lado… Siempre sacando risas hasta en momentos de enojos, que dé un paso adelante quién viene a trabajar el feriado (y se daban los pasos para atrás). Él, que se reía y le decía al cliente que todo estaba bien….el que corría a María porque todavía no había desayunado y no quería hablar con nadie… el que a las 9 iba al baño y a las 19 merendaba… el del chiquito (cafecito) con crema….ese chiquito que aunque ya no trabajabas más, pasabas de visita y te lo hacías… Quedan miles de momentos compartidos que causan risas y lágrimas, así era Diego: el que siempre estaba para ir a tomar una birra después de las 20, y que por más que él día laboral haya sido una miércoles, él contaba historias, chistes y las horas laborales se pasaban rápido… Mucha fortaleza a la familia y amistades. Gracias por los momentos compartidos.

Lo antedicho refleja el recuerdo que dejó Diego en quienes lo conocieron como empleado del bar.

Quienes lo conocieron como amigo, subrayan su afabilidad, su capacidad de componedor, su ejercicio de la amistad leal, su acompañamiento en las buenas y en las malas. También, hasta su capacidad standapera para convertir una anécdota en un momento irrepetible.

Fanático de El Ciclón, del futbol, también era apasionado por el periodismo deportivo. Desde 2018, ejercía el cargo de presidente del club El Triunfo (Rosas, entre Mitre y Esteban Merlo), donde dejó su impronta entusiasta y llena de proyectos.

Su esposa Virginia Campagnola – con quien tenía dos hijos: Valentina y Felipe – nos cuenta que el fallecimiento de Diego, el pasado viernes 27 de mayo, fue absolutamente sorpresivo, inimaginable.

Sus restos fueron velados en Cochería Martín. Numerosos vecinos participaron en el momento de la despedida. El cortejo mortuorio recorrió el Caseros de su vida, el club El Triunfo, Bonafide Caseros y la casa de sus padres.

Diego: No se olvidarán tu buena disposición, tu alegría, tus gestos amables, el haber sido una buena persona. Que en paz, descanses.