Fue uno de los exponentes más destacados de los canillitas de nuestro barrio.

Era apenas adolescente cuando, junto a su hermano Carlos, tenía un reparto de leche que se extendía desde Caseros hasta Sáenz Peña.

Don Domingo, el padre de los muchachos, atendía una forrajearía (que luego fue almacén) en Potosí y Fischetti, y los hermanos colaboraban para llenar la olla donde hacía milagros mamá Rosa Dicciano.

“Guardábamos la leche en lo de Aldo González o en lo de Ramón Martín que también eran lecheros y tenían heladeras grandes”, nos contó Osvaldo, en cierta oportunidad.

“DIARIO, REVISTA, DIARIO”

Cuando se obligó a que la leche se vendiera envasada, Osvaldo decidió cambiar de rumbo y le adquirió una parte de la distribución de diarios a Antonio Chávez; así inició su trayectoria como canillita.

“A los diarios los teníamos que ir a buscar a la estación; los más vendidos eran Clarín y El Mundo y, entre las revistas: El Campeón, Mundo Deportivo, El Gráfico, Maribel, Intervalo, Andanzas de Patoruzú, Rico Tipo, Radiolandia… Canal TV y Selecciones nos las sacaban de las manos”, recordó Osvaldo.

Fue así que pasó a integrar una cofradía de diarieros legendarios y entrañables:Palito Pietrantonio, Manuel Lencina, Armando Lucchetti, Luis Galera, los hermanos Tuñón, Manduca, Marziano Franchelli, Beto y Pulli Dellepiane…”, rememoró mientras señalaba que “entre nosotros había códigos y no nos robábamos los clientes”.

Osvaldo siempre demostró empuje y al poco tiempo de empezar empleó a dos chicos que le vendían diarios en la ya desaparecida línea 141, que unía Chacarita con Pilar.

A la vez, arregló para que un quiosquero de avenida San Martín, casi Urquiza, le vendiera sus revistas, además de golosinas y cigarrillos. No transcurrió mucho hasta que con dos caballetes armara su ‘parada’ en la esquina aludida.

“Tanto Palito (Pietrantonio) como yo tenemos que agradecerles a los Vega – quienes tenían su puesto en Valentín Gómez y 3 de Febrero – que nos dejaron instalar nuestras propias paradas”, reconoció.

La todavía adoquinada avenida San Martín era testigo de como cada madrugada, Osvaldo llegaba para acomodar los diarios y revistas.

“En ese tiempo, todavía estaba el mástil en la esquina de La Merced”, recordó como también recordó a clientes que mantuvo a lo largo de más de medio siglo: “Huy, son tantos… Leonor Siffredi, Inés Vega, Berta Molina, Eda Rey , a quien le llevaba el diario a su casa en Moreno 80…”.

BOXEADOR AMATEUR

Paralelamente, Osvaldo se le animaba a la práctica del boxeo en el club Libertador, bajo la batuta de Juan Franco, y en el Luna Park supo ser sparring de glorias como Ramón La Cruz, Andrés Selpa Abel Cachazú.

DELEGADO

Durante un par de años, Osvaldo se empleó en la empresa Fiat (“me turnaba en el puesto de diarios con mi hermano”) donde fue elegido como delegado de almacén.
Con el tiempo, además se desempeñó como delegado zonal en el Sindicato de Canillitas.
“También pertenecieron al gremio Beto y Pulli Dellepiane.

A lo largo de más de cinco décadas, su puesto de Urquiza y avenida San Martín se convirtió en un clásico de la geografía barrial. Y tanto se presentó como lugar para comprar el diario, como espacio de consulta para saber dónde está la parada del 343 o por dónde corre la calle Bonifacini.

Simpatizante de Racing y Almagro, nuestro vecino agradeció al barrio por todo lo que le dio: “soy fanático de Caseros”, subrayó.

Osvaldo – quien era sumamente amiguero (el quincho de su casa fue testigo de asados memorables) y afable – estaba casado con Marta Castro, a quien conocía desde jovencito, cuando aún repartía leche a domicilio.

“Nos conocíamos hace 61 años y llevábamos 54 de casados”, reitera Marta.

El matrimonio tuvo tres hijas: Karina, Andrea y Anahí.

A mediados del año pasado, Osvaldo supo que padecía un mal incurable y decidió dejarle su puesto de diarios a Pablo Belle, su empleado desde hacía más de una década, a quien mucho estimaba y le brindaba la mayor de las confianzas.

Ruffo había consultado su decisión con toda su familia y contó con la aprobación absoluta.

“Fuimos a la escribanía Soler y quedó todo a nombre de Pablo, que mucho se lo merece”, destaca Marta.

Los postreros días de Osvaldo fueron muy difíciles, los sobrellevó con cuidados paliativos.

Falleció el viernes 30 de diciembre, apenas pasado el mediodía, en su domicilio ubicado en Thomas Guido y Bolívar, en su Caseros de siempre. Tenía 76 años.

“Esa mañana me dijo: ´antes de las tres, termina todo´… esas fueron sus últimas palabras”, recuerda Marta.