
La última tarde de Agostina Brega
Hoy se cumplen ocho años del asesinato de Agostina Brega, vecina de Villa Pineral.
Relacionado con aquel desgarrador crimen, escribimos en cierta oportunidad, en “Caseros y su Gente”, esta crónica que reproducimos a continuación.
Cuando la escribimos, la inseguridad figuraba en primer lugar entre los flagelos que padecíamos.
El tema que más preocupa en el presente es el económico pero, inmediatamente (o a la par), se repite el de la inseguridad.
Por tal motivo, con alguna ligera adaptación (que en absoluto altera el espíritu de lo escrito), reproducimos aquella crónica:
“La tarde del domingo 23 de marzo de 2015 fue la última que vivió Agostina Brega.
“Esa tarde, Agostina, de 28 años, maestra jardinera, estaba en la vereda de su casa (Fernandes D’Oliveira, entre Carlos Tejedor y Gral. Villegas) junto a su hijito Lautaro, de apenas cuatro años.
“De repente, irrumpieron dos motochorros y le dispararon por la espalda, tras robarle el celular. Su homicidio provocó la enérgica indignación de vecinos que – a manera de catarsis – culparon principalmente a la Policía y a los responsables de la gestión comunal. Se realizaron marchas por las calles de Caseros hasta las esquinas céntricas, las comisarías locales y las puertas del municipio. Las pancartas y las voces reclamando justicia y seguridad se multiplicaron.
“Con el paso del tiempo, las manifestaciones de protesta – como sucedió en otros casos -se fueron diluyendo.
“Pero la inseguridad continuó desatándose. Se repitieron todo tipo de ilícitos. A la mañana, a la tarde y a la noche. En los arrabales poco frecuentados o en los espacios céntricos más concurridos. Las cámaras de seguridad y la mayor presencia policial no amedrentaron a los delincuentes. Tampoco el repetido arresto de malvivientes; en abrumadora mayoría, jóvenes con prontuario.
“Seguramente, el presente año electoral llenará nuestros oídos de promesas que se corearán ante la disputa por los sufragios. Pero esta actualidad colmada de ilícitos exige realidades. Es imperativo que los candidatos adquieran la altura del compromiso porque el flagelo que nos agobia demanda decisión y grandeza. Si no pueden hacerlo, es preciso que dejen sus aspiraciones para otra oportunidad menos traumática. Porque no podemos continuar viviendo llenos de temor. Porque nos estamos enfermando. Porque no podemos resignarnos a que el crimen de Agostina sea uno más de la fatal enumeración que enluta a nuestro barrio. Porque a su hijito y a su esposo, Agostina seguramente les seguirá doliendo desde aquella tarde de domingo. Y porque no es justo. Para nada es justo”.