Cada día, cerraba la puerta de su casa y se dirigía con paso ágil a su querida Biblioteca Alberdi. Cada día. Caminaba presurosa como quien tiene una tarea urgente para cumplir. Polleras largas y zapatos abotinados blancos.

En la casa de libros colaboraba como lo hacía con otras entidades del barrio. Siempre con buena disposición, con alegría, con ganasEra una mujer bajita, de iluminada cabellera blanca, mirada transparente y sonrisa ancha. Saludaba con esa calidez que a uno lo hace sentirse querido.

Así era Angelita Prieto de Mazzucchelli, mujer grata, simpática; era eso y mucho más. Había nacido en 1922 y se crió en Temperley. Hija de los españolísimos Pedro Prieto y Saladina Domínguez.

En cierta oportunidad, nos dijo que su casa era grande, con galería, jardín con malvones, enanitos de cemento y calas contra la pared y, en el fondo, un caminito que serpenteaba entre brotes de lechuga, zapallos y “esas plantas de manzanitas que son tan sabrosas”.

En sus tiempos de mocita se desesperaba por tanguear. Cada sábado de milonga estaba firme en el club del barrio. Su abuela se mofaba: “Vas cuando clavan las banderas y no volvés hasta que sacan los alfileres”.

¡CONQUÍSTENSE!

Con el tiempo, Angelita ingresó como administrativa a la empresa que regenteaba al ferrocarril Pacífico. Cierta tarde, su jefe la convocó a su oficina donde la esperaba acompañado por un señor apuesto, elegante y amable. Este hombre, también empleado del ferrocarril, era vecino de Caseros y años atrás había quedado viudo. Se llamaba Fernando Eugenio Mazzucchelli.
El jefe los presentó, los miró fijo y les ordenó tajante: “¡Conquístense!”.

Eran  principios de los ’60 y pocos meses después de haber recibido la orden de su superior, Angelita y Fernando decidieron compartir el futuro y se radicaron en la casa de él, ubicada en Moreno y Frugone (actual Alicia M. de Justo), aquí, en Caseros.

“Mi esposo fue una persona muy estimada. Siempre colaboró con la biblioteca, fue rotario. Como le gustaba ser radioaficionado, nos comunicábamos con Canadá, España, EEUU… también viajamos mucho. Agarrábamos el auto e íbamos a todos lados”, recordó Angelita.

Fernando falleció en 1974. “En verdad, fueron pocos los años que estuvimos juntos, pocos años pero muy felices…”, resumió Angelita.

Tras superar el dolor, la mujer se volcó a realizar tareas en pro de la comunidad caserina.

Manejaba un Ford Falcon 71 que le facilitaba visitar a sus parientes, cumplir con sus quehaceres en las instituciones o trasladar a un vecino hasta el hospitalY todo lo hacía con esa sonrisa tan particular.
Con el tiempo, algunos achaques la fueron alejando de los lugares que tanto quería y de las tareas que la mantenían activa. Cuando ya no podía autovalerse fue trasladada a Lanús, cerca del barrio de su infancia.
La soledad ganó la casa de Moreno y Frugone (hoy, reemplazada por un edificio)

Angelita Prieto de Mazzucchelli, nuestra querida Angelita, falleció el viernes 6 de marzo de 2009, hoy se cumple el 15º aniversario de su partida. Tenía 87 años. Sus restos descansan en el cenizario de la parroquia San José Obrero (Villa Mathieu).

De alguna manera, su sonrisa estará siempre presente.

(NdeR: La fotografía que ilustra esta nota fue tomada durante un homenaje que vecinos le realizaron a Angelita, en mérito a su trabajo en favor de la comunidad)