Fue el pasado sábado 26 de febrero. Muy querida vecina de nuestro barrio, residía en el Edificio Torre.

Había nacido el 1 de agosto de 1920 y era caserina de pura cepa.

Transcurrió su infancia, adolescencia y juventud en Sarmiento y Cafferata, junto a sus padres, Guillermo León Vilela y Mariana Bordeu, y cinco hermanos.

Años atrás, nos recibió amablemente en su departamento de la calle Urquiza, donde le hicimos la siguiente entrevista:

– ¿Cómo era su casa paterna?.
– Tipo chorizo con piso de madera y techo de chapas, galería, cocina, dos piezas y un baño grande. Mi papá era muy ingenioso y había extendido, desde la cocina económica, un caño hasta el baño para que nos bañáramos con agua caliente. Era la única casa de la manzana.
– ¿De qué trabajaba su papá?.
– Era empleado administrativo del ferrocarril en tiempo de los ingleses.
– Cómo hacía un empleado ferroviario para mantener un hogar con seis hijos?.
– Además, con nosotros vivía mi abuela. Mi papá ganaba más o menos bien porque sabía inglés. También teníamos una defensa para la economía: mi papá había preparado una quinta sembrada con todo… hasta tenía un estanque para gansos y patos; era un bicherío, teníamos gallinas, conejos.
– ¿Eran de leer en su familia?.
– Sí, tanto libros como revistas. Jamás faltaban Billiken y El Hogar. Además, papá siempre traía libros… éramos de leer mucho.

BIBLIOTECA ALBERDI / ALFA

Asidua concurrente a la biblioteca Alberdi, Elsa, junto a un grupo de jovencitos lleno de inquietudes culturales, fue integrante de ALFA (Ateneo Literario Filosófico Alberdi). Aquellos mocitos y mocitas de los años ’40 se reunían para recitar, actuar, cantar o debatir sobre cómo arreglar al mundo.

“Nos reuníamos los sábados a la tarde, era un grupo encantador”. El ateneo no arregló al mundo pero canalizó aquellos impulsos; también, generó romances.
Entre poemas y debates, Elsa conoció a Pedro Camilo López Ferraro, un muchacho de la calle Caseros. “Nos tratábamos de usted hasta que nos pusimos de novios… Cuando vino a casa a pedir mi mano, lo hizo acompañado por sus familiares”.

EN UNA ceremonia muy sencilla, se casaron en la iglesia de Lourdes e inauguraron su propio hogar en un terreno pegado al de la familia Vilela. Pedro, flamante contador público y luego doctor en Ciencias Económicas, ingresó al Banco Central donde realizó una carrera brillante. Fue gerente general y luego vicepresidente… “en un tiempo, su firma aparecía en los billetes”.

Por razones laborales, a principios de los ’80, el matrimonio se mudó al centro porteño pero nunca perdió sus lazos con Caseros. “Mi esposo fue fundador del Rotary Club Caseros y, durante veinticinco años, presidente de la biblioteca Alberdi.

En representación oficial, Elsa y Pedro viajaron por numerosos países. “Conocí muchos lugares pero el que más me impactó fue Praga; también, recorrimos la Argentina de punta a punta… Ushuaia es bellísima”.

– ¿Algún episodio especial de sus viajes?.
– Conocí personalmente a Juan Pablo II. Fue un momento muy fuerte, hermoso. No puedo poner en palabras lo que sentí. Me tomó de las manos, me acarició la cara, algo me habló pero estaba tan obnubilada que no sé lo que me dijo, me bendijo…fue maravilloso.

Hace unos años, Pedro, el amor de su vida, falleció y Elsa quedó sola ya que sus dos hijos – Jorge y Estela –  se habían casado. No pasó mucho tiempo hasta que regresó a su Caseros de siempre. No extrañó en absoluto la avenida Libertador donde vivía… “Caseros es mi lugar”.

Reside en un luminoso y alto departamento del Edificio Torre desde donde contempla un Caseros muy distinto al que ella conoció en su infancia. Su hogar está lleno de fotos de sus seres queridos; especialmente, fotos de sus nietos de quienes cuenta anécdotas que la llenan de ternura. Como cuando era niña, sigue fiel a la lectura… “aunque reconozco que también me gustan las series con tiros y patadas“, dice con picardía.

“Otro de mis pasatiempos es resolver crucigramas en castellano y en inglés”. Se siente protegida por su familia y también ‘por el recuerdo de mis padres y de mi esposo; ellos, ‘desde arriba’, siempre están junto a mí’.

Recuerdos de Elsa

  • Hasta cuarto grado fui a la escuela N° 83. Estaba en Valentín Gómez y Sarmiento, pegada a las vías. La maestra era la señorita Elisa Ross.
  • Cerca de casa, en Bahía Blanca y Cafferata, estaba el almacén de Bellotti. El pan lo comprábamos en La Nacional.
  • Una de mis bisabuelas era de apellido De La Canal, fundadores de Necochea y Mar del Plata. Tengo predilección especial por Necochea.
  • Ejercí como profesora de inglés y también tuve alumnos particulares que venían a casa: los hermanos Gulli, Ramoncito Martin
  • Las familias amigas de mis padres eran los Pizzarello, Negrete, Hulett