La polémica, legendaria, trágica también, trayectoria de José María Gatica (El Mono, apodo que, dicen, detestaba) fue abordada tanto por escritores y periodistas como cineastas. Falleció a sus, apenas, 38 años.

En Caseros, ya retirado, ya en decadencia económica, aconsejado por un amigo, inauguró una casa de comidas para asegurarse su futuro y no malgastar los ingresos que el lujo y el despilfarro devoraban. El primer acercamiento a nuestro barrio- una plaza donde el box había prendido entre la juventud como manifestación de destreza y aptitud física- se registró, según constatamos, como deportista y no como inversor.

La información proviene de una charla recogida por el periódico «En Marcha» (ya desaparecido), en 1984, al entrevistar al presidente de la Comisión Directiva de la Sociedad de Fomento Villa Herminia – Santiago Fonseca -quien señaló «como un tesoro de la institución» el que Gatica hubiera «hecho guantes» allí, cuando «giraba» por el Gran Buenos Aires.
La revelación también citaba a otros púgiles importantes que practicaron en Villa Herminia, como Julio Buzeone (Guante de Oro Olímpico) y Lito Giovine (Preolímpico). Gatica, que hizo presentaciones en barrios del conurbano del interior, cuando no contaba ni un peso, concretó una de su apuestas económicas en Caseros. El escritor Enrique Medina rescata de itinerario real el episodio, combinando – como es su ritual – verdad y ficción. En la página 254, del libro que le dedica al «Tigre», puede leerse: «No hay ninguno de los que le decían al mozo que aumentara la cuenta, y después que yo pagaba, iban a medias. Ni el que me peló cuando me engrupió con la compra de la pensión en San Miguel ni el otro del restaurant en Caseros. Ese restaurant andaba con mala suerte, se decía en el barrio. Antes de comprarlo yo, el dueño era un buen tipo que tenía un hijo chorro, muy junado por la cana, cada dos por tres lo metían adentro. Después que yo compro, al otro día que iban a hacer la mudanza, le traen al hijo muerto. Nadie se sorprendió…».

Y bien. Estafado, mal orientado, José María Gatica anduvo por Caseros. Un Caseros que la historia y el sabor a otra época lo sitúan para el asombro de los incautos: ésos a los que hoy relatamos este hallazgo.
                                                                                                                                                                GUSTAVO ARFAN

 

El bar de Gatica, en Villa Parque (Caseros), se llamaba “La Taberna Española» y estaba en la esquina de diagonal Bouchard y Sarratea, donde ahora se levanta una tapicería.
El legendario púgil atendió el local durante unos tres años. En esta foto, tomada en 1958, en el interior del bar, se observa a Gatica, acompañado de vecinos.