Uno de los sueños de las personas físicas o jurídicas es sin dudas el de la casa propia: a la Asociación Caseros Centenaria se le hizo realidad el pasado 14 de agosto. Este hecho no fue mágico, fue la concreción de un viejo y utópico sueno de todos los componentes de la Asociación, sólo faltaba quien tomara la idea en sus manos y en sus hombros; y esa persona llegó, o mejor dicho, estuvo desde el primer día. De a poco arregló a nuevo y equipó sin que falte un solo detalle, una espectacular casa de dos pisos… incluyendo, ascensor!

Esa persona increíble es Ramón Roque Martín, conocido en todo Caseros y mucho más allá; tanto como él conoce a su barrio, desde hace más de ocho décadas. Comerciante y empresario exitoso, con esposa e hijos que lo acompañan en su incansable ritmo de trabajo: Nelly, Alberto,  Jorge y Ramón , son la familia que lo rodea, lo cuida y acepta sus locos sueños en bien del barrio.

Ramón nació en Caseros, en un hogar humilde, es hijo de Dolores y Antonio, tiene una hermana mayor, Tita y un sobrino, Gustavo, que lo acompaña en su trabajo. Asistió a la Escuela N° 83, actual 45 (Urquiza y ay. San Martín) y a otra de Devoto pero, sin dudas los mayores conocimientos se los dio la universidad de vereda y esquina, su trabajo en la calle: comenzó, a sus doce años, a repartir leche. Se lo podía ver sobre el carro, recorriendo el barrio con su mechón lacio y oscuro caído sobre la frente casi infantil. En 1964, sin dejar el amado oficio de lechero, comenzó a trabajar en la cochería de Alberto Metetieri, hasta 1966, cuando decidió independizarse.

El reparto de leche le dio muchas alegrías; conocer a vecinos, convirtiéndose en parte diaria de sus historias y tal vez lo más importante: conocer a Nelly Caserta, una linda y simpática caserina: el 17 de febrero de 1958 se unieron para siempre, incondicionalmente, en la parroquia Nuestra Señora de La Merced.
Ramón jamás olvidó nunca su origen sencillo. Su vida de siempre trabajo le permitió conocer a las personas desde otro lugar, más de entrecasa, y así percibir a primera vista intenciones leales o no, lo malo y lo bueno. Esto le permi-tió hacer crecer en su espíritu el amor al prójimo como una manera natural de agradecer a Dios por lo recibido. Ramón es profundamente generoso. No espera que lo llamen o le pidan algo, él va en busca de la necesidad, para asistirla.

Apasionado por el fútbol, seguidor de River y del Jota Jota, el club del barrio, conoce y ama la historia de Caseros, desde sus habitantes más antiguos; por esto no es casual que pertenezca a la Asociación Caseros Centenaria, donde todos los integrantes amamos nuestro pueblo desde sus raíces y nos ocupamos de resaltar los valores de su gente. Un día se propuso que el Jota Jota tenía que tener su estadio y lo hizo, así, como si nada, sin esperar honores especiales. Estaba feliz por el sueño cumplido. Ya se cumplieron 25 años.

Como se siente orgulloso de su origen de lechero, se le ocurrió rendir un homenaje a quienes como él, conocían el oficio de carro, caballo y tarros de lata ruidosos al andar y entonces buscó la forma de hacerles un reconocimiento. Seguramente lo pensó y repensó, siempre con la aprobación familiar, y una mañana soleada de domingo, inauguró en la esquina de avenida San Martín y Cafferata, la imagen representativa de una parte inolvidable de su vida y enmarcando esa figura, los nombres de todos los lecheros de aquel otro barrio incipiente con poco asfalto y muchas calles de tierra, pero que se agranda en el corazón por el significado que encierra. Creo que todos nos emocionamos aquella mañana en que se descubrió en la esquina esa obra inédita y sorprendente, por ver a tantos hombres ya ancianos y a hijos y nietos de lecheros con los ojos llenos de lágrimas y a Ramón, llorando abrazado a su familia al ver otro sueño cumplido.

Hay infinidad de anécdotas sobre Ramón Martín, todas plenas de amor, sin alardes, sólo por colaborar con quien lo necesita. Por ejemplo, comprar una cocina industrial para un comedor comunitario o ayudar a pagar la

factura de la luz a algún club de barrio. Y ahora nos ofrece la propiedad de la calle Caseros 3114, esquina Esteban Merlo, para que sea sede permanente de la Asociación, y que se desarrolle en ella todo tipo de actividades, un verdadero lujo para nuestra institución. Emocionado, nos dice: «Aquí tenía un ranchito y guardaba mi carro…». No hay palabras para agradecerle este gesto, pero para él, lo importante es haber cumplido un nuevo sueño. iEso lo hace feliz! También ver ganar a su equipo favorito o reunirse a cenar con amigos de toda la vida. Grupo que nació en el club República hace más de 40 años y sigue vigente. Ramón confiesa que su trabajo le hizo conocer historias de vida de todo tipo, pero lo marcaron algunas personas que hicieron del dinero la razón de su vida y murieron miserable-mente; por eso, el descubrió el verdadero valor de cada cosa. Seguramente, muchos no lo creerán, pero es así.
Lamentablemente, hay palabras que ya están en desuso, porque hay valores que lo están: altruismo, desinterés, honestidad, dignidad, prójimo… pero gracias a Dios hay quienes todavía conservan el alma generosa. Ellos, como Ramón Martín, verdaderamente honran la vida y nos hace muy bien saber que existen y que los tenemos cerca. Una historia más de este querido Caseros, donde habita buena gente. Muchas gracias, Ramón, por ser orgullo del pueblo y especialmente de quienes compartimos actividades con usted. Hay un poema de Antonio Alejandro Gil, que creo describe el sentir de Ramón y el porqué de sus locos sueños:

Y EN SILENCIO. Tiende la mano al vecino / porque sí, por elegancia /que no todo sea ganancia /a lo largo del camino / cambia de sabor el vino / cuando no hay con quien brindar / ¿qué harás con atesorar/ y ser opulento en bienes/si entre tus bienes no tienes/el bien supremo de dar?.

NELLY QUINTAS

Integrante de la Asociación Caseros Centenaria