Alguna vez, nuestro vecino nos contó lo siguiente sobre su vida en nuestro barrio:

A mis once años, entré como aprendiz a la peluquería que Dino Tuchi tenía en La Merced entre Caseros y Gral. López (actual San Jorge). Barría el pelo, limpiaba los vidrios y, en los ratos libres, Dino ponía el mate para que practicara el corte. Así aprendí a ser peluquero.

Tenía dieciséis cuando mi viejo me puso la peluquería propia en Valentín Gómez, casi Sarmiento. Después que salí de la colimba, anduve por varias peluquerías: en Belgrano y Hornos; en Sarmiento y Moreno; en Andrés Ferreyra y Belgrano; en esta casa donde vivo desde el ’56.

En el ’52, entré como peluquero en la Fuerza Aérea hasta que me jubilé en el ’90. En el barrio trabajaba únicamente de tarde. ¿Los peluqueros más conocidos? Tuchi, Sanmartino, Rodríguez, Goyito, Pepino (Jose Parisi), los Molina, Ferré… Había mucha actividad: cortar el pelo, pelusa, retocar el bigote, afeitar con fomentos… teníamos clientes que pagaban un abono mensual para afeitarse tres veces por semana. Se hablaba de fútbol, política, carrera de caballos, milongas, juego y mujeres.

El corte que se hacía era el tradicional; después vino ‘la romana’, ‘la media americana’… cuando llegaban las vacaciones, las madres pedían que peláramos a sus hijos para que el corte le durara todo el verano, apenas si se les dejaba el jopito.

También trabaje con Pepino, el peluquero de Urquiza entre Andrés Ferreyra y Sarmiento. Tenía un salón grande dividido en dos porque Pepino también sacaba fotografías.

En Andrés Ferreyra y Urquiza, parábamos los muchachos – Bellotti, Sanchís, Agusti … – parábamos en el almacén de Aquino, un tipo macanudo. Era un almacén que también tenía surtidor de nafta. Los fideos, el azúcar, la yerba, se vendían sueltos. Por supuesto, tenía un estaño para copas. Los carniceros de Botta y del mercado Cafferata iban a tomar el vermouth y a jugar a las barajas.

En la otra ochava de esa esquina (actual pinturería Pisano) estaba la sede del club de la Vicri; allí vivía el famoso corredor Ezequiel Bustamante.

Soy socio vitalicio del República donde jugué a la paleta…pero era del montón. Los Casale, esos sí que eran buenos…

Del club Unión de Caseros fui colaborador, integré la comisión, fui síndico… hasta pegaba carteles para promocionar los grandes bailes con orquestas. El Unión de Caseros nació en Constitución y Urquiza donde ahora hay una verdulería; después estuvo en la calle Caseros, entre Belgrano y Urquiza (actual playa de estacionamiento), hasta que se radicó en Moreno y General López… allí se practicó basquet, patín, boxeo… Las milongas eran fabulosas. Pasé una época muy linda en el Unión.

La casa de mi infancia estaba en Urquiza, entre Hornos y Olavarría. Era la única cuadra de tierra de la calle Urquiza… ¡Lo que costó para que los vecinos se pusieran de acuerdo para asfaltarla!. En Urquiza y Olavarría, cuando llovía, se formaba una laguna…desde allí para Palomar había una quinta de flores. Mi papá, Antonio, era ferroviario y mi mamá, María Prada Castro, ama de casa. Un tano y una gallega. Mi casa era de chapa y después de material.

Cuando Tuchi instaló la peluquería de damas en Caseros y La Merced, trabajaba una chica mendocina – Zulema San Román – con la que me puse de novio y me casé. Ella falleció hace quince años.

En la peluquería de Tuchi fundamos el club ciclista «25 de Mayo»… organizábamos unas carrera bárbaras. El circuito era La Merced, Andrés Ferreyra, Urquiza y Hornos. Hubo carreras en que competían hasta 60 ciclistas … es que, en vez de trofeos, dábamos premios en efectivo.

 – Para caminar por 3 de Febrero, los muchachos empilchábamos con trajes a medida que nos hacían Turkienicz, Feldman, Lucero, Maneglia…

– A tomar mate, a jugar a la pelota, a remontar barriletes e, incluso, a bañarnos, íbamos a la Excavadora donde las sanguijuelas nos comían.

– Me gusta Caseros porque es mi vida y porque acá es donde tengo tantos amigos… aunque algunos ya no están.

Antonio Pisapio – quien tuvo una hija, Adriana – falleció el 28 de septiembre de 2003, a sus 79 años. Residía en la calle La Merced al 4900, entre Sarmiento y San Jorge. Un querido vecino de nuestro Caseros.