(Esta nota la realizamos en 2017)

Rolando Hanglin suele decir que los argentinos hacemos muchas cosas mal pero que algunas las hacemos bien; entre éstas, el ser amigueros, el profesar el culto de la amistad como poco se ve en el resto del planeta. En nuestro barrio, tenemos un caso que bien podría figurar en el libro Guiness: la denominada «barra (o peña) de los miércoles» nacida en el club República de Caseros, allá por 1949. Sí, vecino, hace 67 años.

Pedro Malvido Giménez (90) – entrañable historiador de los afectos caserinos – narró alguna vez que la barra se generó a partir de muchachos que concurrían a la entidad de Valentín Gómez y San Jorge para jugar pelota a paleta. Luego de transpirar cada partido, cenaban, comentaban las alternativas del encuentro deportivo, seguramente también hablaban de fútbol, de mujeres y de cómo arreglar el mundo (aspecto éste en el que fracasaron rotundamente). Lo cierto es que esas reuniones fueron convirtiéndose en imprescindibles; especialmente en aquellos tiempos donde aún no se había inventado la psicología y era preciso descargar tensiones, buscar contención afectiva, aliviar frustraciones, etcétera, pesadumbres que nos afligen desde los tiempos de Juan de Garay y que aquellos muchachos enfrentaban con el método terapéutico nacional que consiste en reírse, discutir, contar chistes y chismes, perpetrar y recibir cargadas, volverse a reír… Es muy probable que cuando sus esposas y novias les preguntaban de que habían conversado, encogían los hombros porque no tenían la menor idea: habían abordado mil temas, todos inconexos y sin conclusión. Sí que-daba rotundamente claro que se habían sentido fenómeno y esperaban ansiosos el miércoles siguiente.

Malvido escribió – cuando la barra alcanzó su medio siglo de existencia – que algunos de aquellos muchachos fueron Paco Laguna, Enzo Cantamessa, Humberto Maneglia, Orlando Draletti, Raúl Vicente, Segundo lntriago, Carlos Pérez, Norberto Soler, Enzo Sapetti, Norberto Domínguez, Eduardo Borel, Abel Piñeiro, Reinaldo Contessi, Leopoldo Ghirlanda, Luis Sánchez, Araldo Maneglia, Andrés Fernández, Oscar lopolo, Juan Lastoria, Alberto y Hugo Fenoglio, Anselmo Petrucci, Guido Recceri, Julio Coppo, José Pintimalli, Edgardo Salinas, Domingo Olite, Miguel Arturi, Enzo Morhain, Héctor y Juan Carlos Berro, Carlos Brambatti, Oscar Alais, Horacio Lujan, Enrique Fedeli, Vicente Barth, Luis Sánchez (h), Gildo Agusti… la lista es interminable.

Con el tiempo, los concurrentes fueron cambiando. A algunos el destino los llevó por otros caminos, otros partieron para siempre. A lo largo de las décadas, las distintas circunstancias fueron reemplazando a los integrantes y los lugares de reunión. Sin embargo, aquellos duendes que impulsaron la barra en 1949 se empecinaron en que el espíritu de la amistad continúe vigente. Hace pocos miércoles, fui invitado a participar en una de las reuniones. Comprendí porque la barra perpetúa su historia. Ni se les ocurra preguntarme de que hablamos ni a qué conclusión llegamos… lo único que puedo asegurar es que me sentí fenómeno. A la mañana siguiente, suspendí mi sesión con el psicólogo.