Hugo Rolando Rolo Garbalena fue uno de los pioneros de Villa Parque, rincón caserino que se extiende en los arrabales de nuestro barrio. Casado con Magdalena Bertapina, el matrimonio domiciliado en la calle Serrano, casi esquina La Merced, tuvo cuatro hijos: Martín, Rafael, Guillermo y Elvira.
Años atrás, lo entrevistamos y nos dijo lo siguiente:

Llegué a Villa Parque en el ’46. Tenía trece años. A todo este barrio se lo conocía como «El pueblito nuevo»… ¡Era hermoso!. El dueño de estas tierras era el señor Colombo. Cada lote se vendía con 10.0000 ladrillos para que no se instalalaran prefabricadas. La mayoría de los primeros vecinos eran italianos y el barrio creció enseguida: después, se estancó. Cuando se diseñó este barrio, estaban previstos varios espacios libres que después, no sé por qué, se edificaron.

Nosotros vivíamos en Floresta y teníamos que vender la casa. Mi mamá empezó a buscar un lugar para mudarnos y se enamoró de este pueblito.

Villa Parque está limitado por las calles Alvear, Urquiza, Perú y Mitre.

Acá nomás, en La Merced y Bélgica, vivía el doctor Aníbal Bottini, un tipo maravilloso, maravilloso: era el doctor del pueblo… él iba cualquier lado, cuando llovía, cuando hacía frío, a cualquier hora. Recuerdo que cuando Urquiza se inundaba, un vecino lo fue a buscar a las doce de la noche y lo llevó a babucha para que atendiera a su hija. En aquel tiempo, yo tenía un Ford ’37 y como había pocos coches, me mandaba las urgencias… le hacía de ambulancia: me decía: «Rolo, llevame a esta señora hasta el hospital»…era un doctorazo… era pediatra y especialista en cáncer. Y justamente murió de cáncer, pobrecito.

Al lado de lo de Bottini, había un almacencito de campo donde servían bebidas al mostrador, vendían alpargatas… el negocio era de don Antonio Sabag que después puso una heladería y una pizzería.

La primera panadería fue la «Dones» (Moreno y Viamonte). En Arenales y Mitre estaba el café «Los Angelitos… desde ahí salió la primera línea de colectivos, la 2 (actual 181) que llegaba hasta Beiró y General Paz; después, alargó el recorrido hasta Villa Luro. Tenía sólo dos colectivos, un Chevrolet 34 y un ’38.

Vi nacer al bar «El Triángulo»(Serrano y Bouchard) donde filmaron «Poliladron»… ahí aprendí a jugar al billar. El primer café fue «El Lobo» (Sarratea y Bouchard) que era una especie de posta donde paraban los carreros. Enfrente estaba «La Taberna Española»…ahí fue donde después el Mono Gatica puso un bar (foto). La verdad, cuando Gatica llegó acá ya venía medio fusilado.

La mamá de Gatica vivía en Villa Alianza, él la venía a visitar en una coupe Mercury… Adentro del bar, estaban las fotos de cuando peleó en Norteamérica, tenía cancha de bochas… él se iba a correr al campo de golf acompañado por un perro de policía. Al principio, el negocio le iba bien pero después se vino abajo porque había gente pendenciera que iba como a pelearlo, a desafiarlo… Gatica era de cabello castaño, ojos azules, un tipo que tuvo una vida triste. Me acuerdo que me invitaba a jugar al truco, era mano abierta… pensar que cuando lo volví a ver arrastraba una pierna y pedía limosna.

Por acá vivía un cirujita al que le decíamos Bettinoti porque se la pasaba cantando. Andaba con una de esas gorras grises con visera negra de la Corporación. En la visera, tenía un cartelito que decía «Cantor y Bombeador» porque se ofrecía, casa por casa, para llenar el tanque de agua.

Otro personaje era el mulato Gabino que trabajaba en la herrería de Francisco ¡mamita, ese negro tenía una fuerza que parecía de acero! … para él no había caballo maula; donde le agarraba la pata para herrarlo, el animal no se movía…

Tengo como ochenta pajaritos, tres perros y un gato… ¡mirá cómo duerme! A mí me traen muchos bichos para curar porque saben que me doy maña. Pensar que antes era de ir a cazar liebres, perdices, pajaritos… Pero una vez, ya hace tiempo, fui a cazar a Mercedes y, cuando bajé del Falcon, me encontré con una perdiz que estaba paradita ahí…le apunté y, al final, disparé al aire… desde ese día no cacé más… si yo quiero dar vida, cómo voy a matar… tendría que estar loco!.

Esta plazoleta (ubicada en La Merced y Serrano) era un espacio donde la gente tiraba de todo. Yo la adopté, la limpié y le fui plantando árboles que me regalaron algunos vecinos… el pino, el Palo borracho… todos los años, adorno el pino para Navidad.

Acá siempre se vivió bien; lástima que algunas costumbres se perdieron: sacar las mesas a la calle para fin de año, jugar al Carnaval con todos los vecinos. Teníamos una murga que representaba al barrio; se llamaba «Los Pieles Rojas».

A mí siempre me tiró la mecánica; trabajé, incluso, con Alejandro Gálvez, el hermano de Juan y de Oscar; cuando me casé, yo ya era mecánico.

Tengo muchos amigos acá, esta es un poco la casa del pueblo…hago asado, mondongo… invito a todos los que pasan… siempre tengo preparado un tablón en el comedor y entran todos; soy medio loco, soy bohemio…

¿Si estoy contento con el barrio? Pero, por favor… acá vivieron mis viejos, acá me casé, acá nacieron mis hijos…así que mirá si conozco el pueblo este… Y ya dije que cuando me muera quiero que me velen acá y que me lleven de acá…