Puli nació en Tatay, pueblo tambero que se hace vida en los pagos de Carmen de Areco. Allí bajo la mirada amorosa de doña Antonia y don Eusebio se criaron los cinco hermanos Dellepiane: Gilberto (Beto), Luis Angel, Eusebio, Isolina y Roberto (Puli).

(Esta nota la realizamos años atrás, Puli – el protagonista de esta crónica -falleció hace varios lustros).

«Allí en el campo, a todos se les pone sobrenombre; por eso, mis hermanos son conocidos como Beto, Tito, Bebo y la Negra… a mí me dicen Puli y no tengo idea de por qué me apodaron así”, nos dijo alguna vez Roberto.

Misterio de poca monta si se compara con el siguiente: «Soy fanático de Gimnasia y Esgrima de La Plata; y no me vayan a preguntar el motivo. Como cualquiera es simpatizante de Boca, River o Racing, yo soy hincha de Gimnasia…».
Es probable que el Puli sea el único simpatizante tripero del planeta que no nació ni residió en los alrededores de la ciudad de los diagonales. «Cada vez que digo que es mi equipo preferido se me quedan mirando…».

Cuando tenía diez años, el Puli desembarcó en Caseros. Completó la primaria en la escuela Angel Pini donde lidió con los triángulos equiláteros y casi pierde por nocaut con los números fraccionarios. Y aunque ninguna plaqueta recuerda su perfomance colegial, se las arregló para que le pongan aprobado en el boletín de sexto grado. «Tuve una señorita inolvidable: Marta Dirigibus, una verdadera segunda mamá… ella era maestra todo el día; incluso, cuando nos encontraba en la calle jugando a la pelota nos decía: ‘¡Ojito, eh, a portarse bien!’ y se llevaba el dedo a la cara… lo tengo presente como si fuera hoy…».

A poco de dar las hurras escolares, el muchacho de Tatay – quien vivía en la calle Puan, entre San Martín y 3 de Febrero – se empleó como repartidor de la carnicería «El Fenómeno» que en la calle 3 de Febrero, «entre Pehuajó y Tapalqué», dirigía don Rino Criscera. «Ganaba diez pesos que se los daba, íntegros, a mi viejo».

Al poco tiempo, como muchos caserinos, ingresó a la V.I.C.R.I., desaparecido establecimiento que azulejó los baños y cocinas de medio país. «Esa era una fábrica bárbara, amplia, donde los obreros estábamos muy cómodos… no sé cómo la dejaron caer».
«Allí había mucho compañerismo… aunque desde ya, no faltaban los encontronazos. Cuando uno se engranaba con alguien le decía: ‘Te corto la mano a la salida’; esto significaba agarrarse a piñas en la calle».

Sus compañeros en la empresa eran «Figueroa, Albinoti, Casella, Larrachado, Pereyra, López, Diciano, Siriello, Palma, Sardi, Drago, Tello, Vexina, Ortega… y tantos otros que ahora se me escapan».

«Para aquellos años, los muchachos de Caseros iban a bailar al «Villa Pineral, El Fortín, el Unión… al República no, porque era el club de los bacanes».
«Los bailes del Unión eran barbaros ¿Quién no iba a ir a milonguear allí? Recuerdo que para unos carnavales, se presentó – durante ocho noches- la orquesta de Francisco Canaro… El que fue un bailarín de primera era «El Chofo», quien vivía en la calle Hornos».

Para fines de los años ’50, cerró la V.I.C.R.I. y el Puli se hizo cargo del quiosco de venta de diarios y revistas, ubicado en la esquina de Esteban Merlo y Mitre.
«Desde ese tiempo, me dedico a atenderlo y a atender el reparto. Es un trabajo que me gusta mucho porque me permite estar en la calle y charlar con la gente mientras tomamos unos mates… aquí tengo sensación de libertad».

Por supuesto, tanto el quiosco como la bicicleta que utiliza para hacer el reparto están furiosamente pintados con los colores triperos. Puli es hermano de Beto – el diariero de la estación- y, como él, tiene la mirada franca y la sonrisa fácil de la gente de campo.

Nuestro entrevistado se llama Roberto Dellepiane , tiene dos hijas – Sonia Eva y María Florencia Grisel– y está casado con Graciela Beatriz Mieres. Como muchos «canillitas» del barrio es también, un personaje querido de este querido Caseros.