Alumnos que cursaban magisterio en el Instituto La Merced, rodean al párroco Eduardo Gloazzo.
Pasamos lista: Ilda A. Bernardi, Sara Bernardo, Nilda B. Boquete, María Ester Bordón, Florinda Boz, Rosa A. Castronuovo, María Ester y Teresa L. Cavalieri, Norma M. Clavero, María Cristina Cópola; Roberto O. Corral, Angelina y Emma R. Crisci, Beatriz I. de la Portilla, Alicia De Macedo, María Irma Donato, Silvia R. Dutto, María Elena Dziuba, Elvira S. Florelli, Amanda Lilia García, Liliana N. Grande, Humberto Haas, Susana G. Hernando, María del Carmen lavagnilio, Graciela C. Mercatante, Osvaldo A. Palacello, Yolanda N. Paladino, María Cristina Parodi, Luis M. Pinto, María Cristina Pugliese, Susana G. Roldán, Nélida S. Ruiz, Marta M. Soriano, Julia Taddeo, Ana María Vega y Patricia Rielly.

Esta fotografía nos llegó junto con un recorte del periódico Río Negro, de 1966, donde se anunciaba que el medio gráfico había recibido la visita de «un grupo de estudiantes del 5° año del instituto Nuestra Señora de La Merced, de Caseros». También, el recorte señala que los «36 normalistas gustaron un refrigerio» y que “fueron entrevistados por un cronista».

Los jóvenes caserinos describían que habían visitado el Dique Cordero, el Balneario Neuquén, el Lago Pellegrini, lugares que les parecieron «bellísimos” y que de toda la zona, además, «nos encantó su tranquilidad, lo pintoresco de las casitas vecinas, la diafanidad del agua y el paseo en lancha». También, por otro lado, manifestaron que el permanente contacto del grupo había generado algunas rencillas «pero se han superado y han servido para conocernos mejor». También acotaron que el transporte les pareció «caro y poco eficiente» y que muchas veces habían apelado al «autostop», experiencia que los había gratificado «gracias a la amabilidad de la gente del valle».

Al respecto, agregaron: «la gente es muy cordial, acá se siente el calor humano y la simpatía trasciende de las personas como algo propio y espontáneo». Además, acotaron que les sorprendió la limpieza de las calles, el movimiento de vehículos y en especial «la grata sensación que produce las relaciones entre muchachos y chicas, en un clima de mutuo respeto y gran confianza». Junto al grupo de egresados caserinos se encontraba una chica estadounidense que se hallaba en el país, a través de un intercambio cultural que organizaba el American Field Service.
Nos preguntamos, más de medio siglo después, qué habrá sido de la vida de estos chicos .