Para entender esta historia, debe uno remontarse a 1940 cuando don Emilio Cucarese abrió una suerte de almacén de ramos generales en la calle Bahía Blanca (actual Fernandes D’Oliveira) entre Rebizzo y Parodi.

Al emprendimiento comercial lo llamó “La Ideal” y, por entonces, los productos que más se despachaban eran la harina para amasar el pan y el carbón que don Emilio comercializaba junto a Horacio Cerbino, quien fue también un querido vecino del barrio.

Por aquellos años, las calles de tierra se multiplicaban en estos pagos y don Emilio transportaba su mercadería con un carro a caballo que, además de delivery, oficiaba como paseador de los chicos de los alrededores que se peleaban para subir y dar una vuelta por aquel Caseros colmado de zanjones, mariposas, yuyos y lagunas. Y allí iba el buenazo de Emilio que siempre decía “no, no, y no” pero al que los pibes ya tenían junado y sabían que tenía el sí flojo. Además, el hombre acostumbraba juntar ropa para los chicos que más lo necesitaban.

Esta historia continua con el hermano del fundador de La Ideal, el recordado Pibe Cucarese que también sobre la calle Bahía Blanca, pero entre Cafferata y Rebizzo, atendió, por décadas, su legendaria carnicería. Y les cuento, vecinos, que cuando los Reyes Magos olvidaban visitar algún hogar, allí estaba El Pibe que con su voz gruesa preguntaba a los chicos: “¿Y a vos que te trajeron los Reyes?”.
– Nada, Pibe, nada…
Pero mirá si serán chauchones estos reyes, che… me parece que se equivocaron de dirección y me lo dejaron a mí…  Y en tanto murmuraba «dejame que me fije», se agachaba y sacaba de abajo del mostrador repleto de churrascos, un balero o un tambor. Y mientras meneaba la cabeza, repetía: “Tomá, otra vez te los dejaron acá… si seran chauchones, che…».

Prosigue esta historia  en la actualidad. Regresamos nuevamente a La Ideal y encontramos a Dany Cucarese, el hijo de aquel don Emilio, detrás del mostrador. El negocio todavía mantiene señales de aquellos almacenes de ramos generales de antaño. Ahora, los productos estrella son el alpiste, el mijo y los alimentos balanceados, aunque no faltan las papas, las cebollas ni las bebidas cola.

Pero el espíritu solidario sique siendo el mismo: se nota que los Cucarese lo llevan en los genes. Por casualidad, nos enteramos que Dany ayuda a los chiquitos carenciados de la zona consiguiéndoles ropa o alguna otra «cosita que les haga falta». También, los ayuda a hacer los deberes apelando a textos y manuales que se apilan en los viejos estantes de La Ideal. “Y lo que no encuentro en los manuales, lo busco en mi casa, en internet”, dice este hombre que actualmente luce 70 años, cara redonda y sonrisa extendida.

“También a los chicos les doy consejos que poco cumplen”, se resigna. Dany es hincha del Jota Jota (“soy socio vitalicio”) y de Boca y fue alumno del instituto Nuestra Señora de La Merced. Alguna vez trabajó como cobrador de Casa Ferrari hasta que el 13 de febrero de 1971 se puso al frente de La Ideal. Dos días antes, su padre había fallecido.
“Mi viejo murió joven, tenía 57 años. Mi madre es Nina Stiballa y soy único hijo”, manifiesta. Se sabe que un tradicional negocio de barrio, a lo largo de su trayectoria, genera cierta confianza que excede a la relación vendedor- cliente.

La Ideal no escapa a este fenómeno y los vecinos se acercan tanto para comprar macetas como para preguntar qué número primereó en la quiniela, como salió el Jota Jota, si conoce un plomero de confianza o a qué electricista se puede llamar y no te mate con el precio. No faltan quienes le preguntan quién cura el empacho o el mal de ojos. Resulta gracioso ver que Dany – casado desde siempre con Alicia Georgetti y padre de Emilio y Mariano – apela a una carpeta donde guarda prolijamente tarjetas de todo tipo para responder a la pluralidad de consultas.
«Es que acá ya vienen bisnietos de los primeros clientes que tenía mi viejo», dice este hombre que cuando baja las persianas de La Ideal, sube a su camioneta y se dedica a hacer el reparto que antes hacía su padre con el carro a caballo. Y es así que la historia continua… ¡Vamos, Dany, todavía!.