Era apenas adolescente cuando Ricardo Cesar Benítez ya se sentía atraído por “todo lo que venía de oriente”. Sus lecturas se inclinaban por el lado de Kahlil Gibran, Krishnamurti, Lobsang Rampa, libros que devoraba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas.

“Cerraba los ojos y me gustaba quedarme extasiado en esa tranquilidad y… nadie me lo inculcó… probablemente, como decimos en yoga, inicié este camino en una existencia anterior”, nos contó Ricardo, durante un reportaje que le hicimos hace un tiempo.
También se entrevero con las artes marciales: yudo, tae kwon do y karate ocuparon muchas de sus horas juveniles. Para llegar a fin de mes se recibió de maestro mayor de obra y hasta se atrevió, durante un tiempo, con la carrera de Arquitectura. Se casó y tuvo tres hijos: “Al primero le puse Demián, por el libro de Hermann Hesse”.

No puede decir con precisión por cuál puerta el yoga ingresó a su vida. Al respecto, prefiere remitirse a lo de los senderos ancestrales. Lo cierto fue que mientras refaccionaba viviendas, lidiaba con tarjetas de crédito o soñaba con el cero kilómetro, un ‘llamado’ le advertía que su vida, su vida verdadera, pasaba por otro lado. De a poco, se fue separando del mundo cotidiano para responder a ese llamado que, concede, “quizá, al principio, desoí”.

Se preparó con distintos maestros, distintas escuelas y se atiborró de literatura para profundizar en los conocimientos del yoga. Hoy es un reconocido profesor e instructor. La decisión que le cambió su vida, tuvo y tiene su costo. Se separó tras diecinueve años de matrimonio y tiene claro que su horizonte económico no es, precisamente, multiplicador de bienes materiales.
“Pasé duros momentos económicos porque vivir del yoga no es justamente para hacerse rico. Uno tiene que conformarse con vivir lo más dignamente posible sin apetencias de riquezas. El ámbito del yoga es para transmitir conocimientos, tratar de ayudar, brindar un servicio… mi búsqueda no es lo material sino tratar de ser mejor instructor, mejor persona, crecer, ampliar la conciencia, buscar la iluminación, buscar entender al prójimo… es un trabajo arduo pero que tiene una recompensa espiritual que me llena muchísimo más que lo que puede darme el mundo de la materia”, precisó.

Ricardo, quien enseña yoga en Caseros y en otras localidades, transita ‘su’ camino, del que manifiesta convencido «nunca me voy a apartar». El destino lo cruzó con Gabriela Mariana Tumburús, su actual esposa, quien tiene sus mismas metas: “con ella hablamos mucho, vivimos esta experiencia, la vivenciamos… el camino es largo”.

– ¿En qué aspectos mejora una persona que practica yoga habitualmente?.
– En el físico, mental, emocional y, también, en el espiritual. El yoga es una interesante herramienta para mantener o recuperar la salud. Y al tener buena salud física, podemos dedicarnos a cuidar los aspectos mentales. Otro aspecto del yoga es que tiene una fuerte tendencia a la meditación y, si no se tiene salud física, difícilmente se pueda tener concentración para dedicarse a la meditación… entonces, es necesario estar en condiciones para poder sentarme con la columna derecha, el cuerpo recto para poder dedicarme a la meditación, la introspección, bucear dentro de mi subconsciente y de mi inconsciente…
-¿Para qué?.
– En mi subconsciente, para encontrar cuáles son mis traumas, fobias, tendencias que subyacen en mi psiquismo. Al encontrarlos y analizarlos, se pueden comprender y eliminar. Después, ahondando, se trata de llegar al inconsciente pero en estado de ‘alerta’. Para llegar al inconsciente, hay que estar sereno, concentrado… haber eliminado los obstáculos del subconsciente.
– ¿Para qué es necesario llegar al inconsciente?.
– Es ahí donde nuestro ser aparece en toda su dimensión. A través de la meditación profunda, se hace una conexión con nuestro ser interior. Meditar significa ‘estar alerta’ y seguir, a través de un proceso mental, por diferentes etapas de profundidad en ese viaje hacia el interior y llegar al conocimiento del ser. Esta es la finalidad del yoga en la parte espiritual: tomar conciencia de lo que verdaderamente somos.

TENSIONES

– ¿Cuáles son los primeros beneficios que percibe la persona que empieza a practicar yoga?.
– Experimenta cambios desde el punto de vista físico y, también, emocional. Comienza a tener transformaciones ya que empieza a desestructurar el cuerpo, a relajarse y aflojarse; por lo tanto, al vivir y respirar mejor, también su sistema emocional tiene modificaciones positivas. La persona que siempre esta tensionada no maneja sus emociones, reacciona de manera nerviosa y genera violencia mental contra sí misma; por lo tanto, sigue tensionada y abre el camino a la enfermedad. La tensión es el gran mal de nuestro tiempo, las tensiones generan enfermedad… aparecen las contracturas que, al no poder relajarlas, se van convirtiendo en crónicas y se transforman en enfermedades de distinto tenor. Se somatizan las tensiones en distintos lugares del cuerpo y, de acuerdo a las características de la persona, se generan dolores de cabeza, de espalda, problemas digestivos, circulatorios… la respiración se hace ‘corta’, alterada, arrítmica…
– Hablanos sobre la respiración.
– Tiene una importancia trascendental, más allá, incluso, del aspecto fisiológico. A través de la respiración absorbemos lo que en sánscrito se denomina prana. Prana es la energía presente en el aire que, junto con el oxígeno, necesitamos indefectiblemente para vivir. Cuando respiramos en forma deficiente, nuestros centros de energía – los chakras – no pueden cargarse como corresponde y, entonces, perdemos vitalidad. Cuanto mejor respiro, cuanto más amplia es mi respiración, más prana puedo asimilar. Nuestro cuerpo necesita una carga de prana constante y permanente. La fuente mayor de prana está en el aire pero también está presente en los alimentos, el agua pura, los rayos cósmicos… La maestra Indra Devi decía “respirar bien para vivir mejor”. El yoga enseña técnicas para respirar mejor.   
– ¿Cómo respiramos, en general, la mayoría de las personas?.
– Bastante mal. Un poco, debido a la contaminación ambiental y también, debido al stress, al hecho de estar nerviosos, angustiados… se tiene una respiración corta, alta… no se utiliza toda la capacidad pulmonar. Entonces, la respiración se localiza casi cerca de la garganta que es donde tenemos menos alveolos pulmonares para la absorción de oxígeno y prana. Una mala respiración genera alteración mental. La persona alterada respira corto y establece una directa relación con sus estados mentales… respira corto y se altera, se altera y respira corto… empiece por donde se empiece, se establece un círculo vicioso. Necesitamos respiraciones profundas que utilicen toda nuestra capacidad pulmonar. La persona tranquila y relajada respira siempre profundo amplio y logra mayor capacidad de discernimiento.
– Desde afuera, parecen estáticas las posturas del yoga…
– No lo son. El yogui está tratando, dentro de la ejecución de una postura, de intensificar esa postura, de girar, flexionar, doblar un poco más la espalda, etc… todas las asanas (posturas) tienen características diferentes pero siempre dentro de cada una hay trabajo, intensificación. El trabajo tiene que ver con la concentración; por eso, la persona que practica yoga se desconecta del mundo externo para dedicarse, durante la clase, a su cuerpo, a una mirada y a un trabajo interior. La intención es llegar al funcionamiento adecuado de los músculos y articulaciones… o sea: que mi columna, por ejemplo, tenga la oportunidad de girar determinada cantidad de grados hasta llegar a su límite, de acuerdo a las posibilidades articulares de mi contextura física. Es decir: que todas mis articulaciones estén ‘actualizadas’, mis músculos elongados y fuertes, que mi respiración alcance su capacidad máxima… Muchas veces pasa que los músculos de la respiración se acortan o que mis músculos intercostales y pectorales están tensos… entonces, mi caja torácica no se expande y me impide respirar con toda mi capacidad… esto provoca que en vez de respirar una vez debo hacerlo varias veces pare satisfacer la misma necesidad y se genera un gasto innecesario de energía. Cuando uno llega a su máxima posibilidad dentro de la postura, cuando conquista a la postura, llega a una situación de relajación y accede a otra etapa que es la concentración en la respiración, en un centro de energía, que le permite alcanzar estados meditativos y alcanzar estados superiores del yoga.

RELAJACION

– ¿La relajación con que se cierra cada clase de yoga es también una asana?.
– Sí… aparentemente parece fácil: acostarse y cerrar los ojos. Sin embargo, no es tan sencilla su ejecución. Se necesita cierto conocimiento y, muchas veces, hasta de un conductor para llegar a una relajación ya que una cosa es relajarse físicamente y otra, mentalmente. Primero, se necesita la relajación física y después puede venir la mental, en ese orden. La vida cotidiana impide, a veces, que uno pueda relajarse… entonces, se hace necesario llegar a la postura de relajación después de haber gastado una cantidad de energía en la ejecución de asanas fuertes para aflojar las tensiones, para que los músculos contracturados se estiren, para que las energías circulen libremente, para que la respiración se amplíe… recién después, uno puede acostarse para hacer la postura de relajación física: va relajando grupos musculares, articulaciones y después se relaja mentalmente, se desconecta del mundo externo, de las obligaciones cotidianas. Se produce la conjunción de la relajación física con la mental y, cuando esto se logra, uno puede bucear en su psiquismo, en su interior… mientras no se logre esa relajación, no se puede bucear en el psiquismo porque la mente manda pensamientos que desconcentran. Sin haber ejecutado las asanas probablemente no se pueda alcanzar una relajación completa. Solo el yogui experimentado o la persona que no viva en forma muy tensional puede relajarse en cualquier circunstancia.