Años atrás, entrevistamos a Santos Rizzo, quien por entonces tenía 81 años y vivía en la calle Spandonari, entre Mitre y Esteban Merlo.

Nuestro vecino fue chofer del doctor doctor Wenceslao De Tata. Al respecto, nos contó:
“Él tenía un Pontiac; yo algo sabía de coches, no mucho, pero algo sabía. Antes de tener el auto, el doctor iba en sulky a atender a los pacientes. La casa del doctor estaba ubicada en la calle 3 de Febrero, entre Rivadavia (actual Valentín Gómez) y Urquiza, casi enfrente del cine Paramount. Tenía un jardín adelante y después venían el consultorio y el comedor; arriba estaban los dormitorios y el baño. En un costado, estaba el garage y más atrás, una pieza donde yo dormía. Además, en la casa vivían dos hermanas del doctor y dos empleadas de servicio. El doctor era una persona excelente, de muy buen trato, muy educado. Le gustaba vestirse bien. Era de buena estatura, ben plantado, pelado. Tuvo muchos pacientes que no le pagaban porque no podían pero él los atendía igual; incluso, hasta les conseguía los remedios. Le gustaban mucho los burros. En los años que trabajé de chofer, tenía dos caballos: “Pata de Palo» y «Campanero”. Los jueves lo llevaba al hipódromo a ver los entrenamientos. Una tarde, salió contento, frotándose las manos – yo siempre lo esperaba en el auto- y me dijo: “Jugate unos pesos el domingo que el pingo gana seguro”. Le hice caso y me gané 150 pesos, un dineral, que enseguida guardé en el Cooperativo. El permaneció soltero; tenía un hijo. Yo, cada tanto, lo llevaba a ver a la madre de su hijo que vivía en la calle Catamarca, en la Capital”.

Dr. REBIZZO

Santos también había conocido al doctor Rebizzo, quien “tenía una casa tipo chalet en Rivadavia, antes de llegar a la calle Caseros. El doctor Rebizzo era petiso, algo gordito… se decía que entre los dos médicos había celos profesionales pero me parece que eran habladurías, nomás. Yo sé que cuando había alguna enfermedad grave en un paciente, se consultaban entre ellos”.
Cuando Santos dejó de trabajar con De Tata, ingresó en la Good Year.

“Por unos años, me mudé a Santos Lugares donde pasé una de los mejores épocas de mi vida porque tenía trabajo, amigos y diversión. Vivía allí cuando me enteré que el doctor había fallecido en el hipódromo, aunque eso se comentaba en voz baja”.

DE JUNÍN A CASEROS

Santos Rizzo era juninense. Cuando lo entrevistamos señaló que su padre, italiano, “venía a la Argentina con sus hermanos y mi abuelo a levantar la cosecha y luego retornaba a Italia. El abuelo se quedaba con toda la plata y no les daba ni un peso a sus hijos; entonces, mi papá se enojó y se quedó con uno de mis tíos a vivir en Junín. Yo fui hasta segundo grado. En esa época, los padres no se preocupaban mucho para que sus hijos estudiaran y mi padre nos trataba a nosotros – sus hijos – como a peonachos, quizá por lo que él vivió con el abuelo. Cuando tenía nueve o diez años me fui de casa a trabajar a una chacra. Regresé a casa a mis quince con un caballo que me había podido comprar. Pero yo no cuajaba con mi padre. A los dos meses, vendí el caballo, subí a un carguero y me vine de croto para Buenos Aires. Cuando el tren empezó a andar despacito, a la altura de la calle Villarino (actual Lisandro de la Torre), para entrar en los talleres Alianza, me tiré; así, caí en Caseros. Esa noche dormí en una fonda que había en Rivadavia y Sarmiento. Era una especie de bar con almacén que vendía un poco de todo. También tenía un galpón donde se alquilaban los catres. En la otra cuadra, estaba el bar de Mantecón que tenía al lado una cancha de pelota a paleta. En esos años treinta, se hacían muchas descargas de todo tipo de mercadería en la estación; por ejemplo, cada mañana llegaba el tren lechero y había como veinte tipos ahí con los tarros preparados. Yo entré a trabajar para los Martínez que traían cal de Córdoba en terrones”.

«Allí se la embolsábamos para los dueños de los corralones: Montanari, Gómez… Al principio me costó hacer amistades en el pueblo pero después entre en tertulias con Borroni, Otero, Ottonelli, Regueiro, Caffarello… Los Martínez fueron muy consientes conmigo, me dejaban dormir en su casa que estaba en la calle Lisandro Medina, antes de llegar a la quinta de los Romero; trabajé hasta que se fundieron. Después de hacer alguna que otra changa, Borroni me recomendó al doctor De Tata».

«En un baile, conocí a una chica de Caseros que me dejó plantado en una cita. Vine cuatro o cinco veces a buscarla pero no la encontré. En una de esas visitas conocí a una hermana del doctor RivaraMaría Mercedes- y me enganché. A los cinco o seis meses, me reencontré con la chica que me había dejado plantado v me explicó que no había podido concurrir a la cita por un accidente en la casa de su abuela. Pero yo ya estaba enamorado de la que ahora es mi esposa. Me casé, pude comprar un lote en Caseros, y con un préstamo del Cooperativo edifiqué mi casa. En el ’61, el gobierno de Frondizi daba crédito -por el 50%- a los que querían comprar un coche para trabajar como servicio público. Así me hice tachero hasta que dejé por problemas en la cervical».

«Siempre fui trabajador, nunca me llevaron a la comisaría, a mis hijos (Eduardo y Norma) los pude hacer estudiar… y hoy estoy más o menos… no digo bien, bien, pero, la verdad, tampoco puedo quejarme».

 

Santos Rizzo
ME LLAMO Santos Rizzo y tengo 81 alias. Soy juninense. Mi padre venia a la Argentina con sus hermanos y mi abuelo a levantar la cosecha y luego retornaba a Italia. El abuelo se queda-ba con toda la plata y no les dabs ni un peso a sus hijos; entonces , mi papa se enoj6 y se quedo con uno de mis tios a vivir en Junin. Yo fui hasta segundo grado. En esa epoca , los padres no se preocupaban mucho para que sus hijos estudia ran y mi padre nos trataba a nosotros – sus hijos • – como a peonachos , quiza por In que el vivi6 con el abuelo. Cuando tenia nueve o diez ales me fui de casa a
trabajar a una chacra. Regrese a casa a mis quince con un caballo que me habia podido comprar. Pero yo no cuajaba con mi padre. A los dos meses, vendi el caballo , subi a un carguero y me vine de croto para Buenos Aires. Cuanto el tren empez6 a andar despacito, a la altura de la calle Villarino (actual Lisandro de Ia Torre), para entrar en los talleres Alianza, me tire; asi, cal en Caseros. Esa noche dormi en una Fonda que habia en Rivadavia (actual Valentin GOmez) y Sarmiento. Era una especie de bar con almacen que vendia un poco de todo. Tambien tenia un galp6n donde se alquilaban los catres. En Ia otra cuadra, estaba el bar de MantecOn que tenia al lado una cancha de pelota a paleta. En esos aims treinta,se hacian muchas descargas de todo tipo de mercaderia en la estaciOn; por ejemplo, cada maiiana Ilegaba el tren lechero y habia como veinte tipos ahi con los tarros preparados. Yo entre a trabajar para los Martinez que traian cal de Cordoba en terrones.
Alli se la embolsabamos para 10, dueflos de los corralones: Mont anari, GOmez… Al principio me cost() hacer amista-des en el pueblo pero despues entre en tertulias con Borroni, Otero, Ottonelli, Regueiro, Caffarello… Los Martinez fueron muy concientes conmigo, me dejaban dormir en su casa que estaba en la calle Lisandro Medina, antes de Ilegar a la quinta de los Romero; trabaje con am hasta que se fundieron. Despues de hacer alguna que otra changa, Borroni me recomend6 como chafer al doctor Wenceslao De Tata. El tenia un Pontiac; yo algo sabia de coches, no mucho, pero algo sabia. Antes de tener el auto, el doctor iba en sulky a atender a los pacientes. La casa del doctor estaba ubicada en la calle 3 de Febrero, entre Rivadavia y Urquiza, casi enfrente del cine Paramount. Tenia un jardin adelante y despues venian el consultorio y el comedor; arriba estaban los dormito-rios y el bail. En un costado estaba el garage y mas atras una pieta donde yo dormia. Ademas, en la casa vivian dos hermanas del doctor y dos empleadas de set-% bi it, El doctor era urta persona oftc.elente. de muv buen trato, mu• educed° Le gustaba vestose been. Era de buena estatura, ben plantatk), petado. Tuvo muchos pacienees que no le pagaban porque no pod an pero el los atendia igual, inciuso. hasta ies conseguia los re:medic& E si. era muy burrero. En kis aiaos que trabaje de chofer, el tenia tins caballos: Tata de Palo» v «Campanero’ Los iueves lo Ilevaba al hipeidroen► a ver entrenamientos Lna tanie salki content°, frotandme Las mar os , -yo siempre lo esperaba end as y me dijo: -jugate unos mead dorrungo que el pingo gang segamer. Le hire caw v me gar* 150 pews, twi dineral, que enseguida gum* ea el Coopera-tivo. El perrnanea6 saki= tenia un kuio. Yo, cada tanto. k) limbo a seer a La madre de su buto que wires en La calle Catamarca, en La Capita Tambien coma al decant Illebizzo que tenia una cam bps chalet en Rivadavia, antes de lbws: a La caIle Caseros. El doctor Rebatzo era retiso, algo gordito se data «Be en re ios dos medicos habia mks professonales pero me parece gat ama babiadunas, nomas. Yo vie corio babe alguna enfermedad grave ee un paciente, se consubibun entre ellos. Cuando deie de trabaaar con De Tata
, ingrese en la GoodYear. Por unos anos, me mude a Santos Lugares donde pase una de los mejores epocas de mi %Ida porque tenia trabajo, amigos y diversiOn. Vivia alli cuando me entere que el doctor habia fallecido en el hipodromo, aunque eso se comentaba en voz baja. En un hallo, conoci a una chica de Caseros que me dojo plantado en una cita. Vine cuatro o cinco veces a buscarla pero no la encontre. En una de eras visitas conoci a una hermana del doctor Rivara -Maria Mercedes- v me enganche. A los cinco o seis meses me reencontre con la chica que me habia dejado plantado v me explice) que no habia podido concurrir a la cita por ur accidente en la casa de su abuela. Pen yo ya estaba enamorado de la que ho∎ es mi esposa. Me case, pude comprar un lute en Caseros, y con un prestamo del Cooperativo eclifique mi casa. En el ’61, el gobierno de Frondizi daba credit() -por el 50%- a los que querIan comprar un coche para trabajar coma servicio public°. Asi hice tachero hasta que deje por problemas en la cervical.
Siempre fui trabajador, nunca me Ilevaron a la comisaria, .1 mis hijos los pude hare estudiar… y boy estov nuis o menos… no digo bien, bien, pero, la verdad , tampoco puedo quOarme.