A fines del ’27, yo tenía apenas dos años. Nuestra familia había cambiado los paisajes de los Apeninos, por una llanura uniforme. A mis mayores, les costó habituarse al cambio pero, como campesinos de ley, reconocieron las bondades de esta tierra generosa que inmediatamente les brindó lo necesario para el mantenimiento de sus familias.

De a poco, lograron tener su propia casa y afincarse en este Caseros. A mis seis años comencé las tareas escolares, a atender a las gallinas y colaborar en la quinta.
En los ratos libres, me dedicaba a jugar a la bolita, arco y flecha, biyarda, dinenti, balero (fabricado con latas de conservas), barriletes, caza con honda, en lo que siempre fracasé. Con mis amiguitos, algunas noches relatábamos cuentos alrededor de una fogata en la que asábamos batatas y lógicamente… si teníamos plata: pelota de goma; de lo contrario, le dábamos a la de trapo.

BLAS PENNELLA

Una vez tuve pelota de futbol; se debió a que un tío me regaló una camiseta de San Lorenzo y una pelota N° 3. Ese tío se llamaba Blas Pennella, buen jugador de bochas que conquistó trofeos tanto para el Tiro al Segno y el Jota Jota como para el club Villa Pineral; aficionado a los deportes, en una oportunidad corrió la maratón de El Gráfico junto a su primo Domingo Crocco: llegaron después del puesto 100, pero llegaron.

CINE CASEROS

La diversión atrapante en la década del ’30 era el cine. Monedas que agarrábamos, las juntábamos para ir el domingo al cine. Nuestro cine fue el Salón Caseros, que estaba situado en la calle Moreno, entre Sarmiento y San Jorge. Nos gustaban las de cow-boy y regresábamos tiroteándonos, imitando a nuestros ídolos. Si la película había sido de terror, volvíamos apretados y por el medio de la calle, evitando las sombras donde los monstruos podrían esperarnos escondidos. Ni hablar de los julepes que nos pegábamos con los ruidos imprevistos o la aparición repentina de algún murciélago iluminado por la luz de la de la esquina. Allí se producía la inmediata estampida hasta llegar a casa.

ETER, CALCIO Y FAROLES
Mi feliz infancia me originó el interés por saber cosas de Caseros. Esto me llevó a leer todo lo escrito en tal sentido, a consultar con vecinos de la época y a recrear mis vivencias. Fue así que pude aclarar, por ejemplo, una duda que tenía con respecto a cómo hacían, en el cine-teatro Caseros, para exhibir films antes de tener instalada la luz eléctrica. El proceso era el siguiente: se utilizaba un tubo de oxígeno, una botella de éter y una pastilla de calcio; el oxígeno pasaba por la botella de éter y producía la llama que, al contacto con la pastilla de calcio, aumentaba la intensidad de la luz, lo suficiente para proyectar las películas. En los intervalos, para iluminar la sala mientras se hacia el cambio de rollo, se apelaba a los faroles que estaban ubicados dentro de cajones, con puertas corredizas (que se cerraban durante las proyecciones), colgados en los costados del salón. La música que acompañaba a las películas mudas era ejecutada en piano por Angelita Salvarezza, integrante de una reconocida familia caserina que aportó músicos y deportistas; entre ellos, Horacio Salvarezza, boxeador de recordada trayectoria apodado el Torito de Caseros»; quien haya tenido la dicha de conocerlo, puede atestiguar sobre sus condiciones que lo destacaron como hombre de familia y amigo.
Vayan estos recuerdos como homenaje a quienes formaron aquel Caseros de mi niñez feliz y a esta ciudad de la que estoy orgulloso.

MIGUEL ANGEL CASTRONUOVO