Coches, motos, trenes, colectivos son los principales protagonistas de muchas ciudades. Urbes preparadas para cubrir las necesidades de los adultos, que se desplazan cada día de sus casas a sus lugares de trabajo. En estas redes ¿qué espacio les queda para los niños?, se pregunta en la presentación del proyecto “La Ciudad de los niños”.

Francesco Tonucci – psicopedagogo, pensador y dibujante italiano – ha centrado gran parte de su carrera en estudiar la importancia que tiene el entorno en la educación y en tomar en cuenta las opiniones e ideas de los pequeños para mejorar este entorno.

“Uno de los derechos fundamentales de los más pequeños es el derecho a jugar, algo fundamental para desarrollar sus capaces cognitivas, físicas y sociales. Para poder hacerlo con libertad, los pequeños necesitan vivir en un entorno seguro y cómodo, en donde puedan desplazarse solos y vivir experiencias por sí mismos. Algo que se aleja mucho de la realidad de muchas localidades en la actualidad”, señala el proyecto.

Soluciones que proponen los niños

La filosofía que hay detrás del movimiento apuesta, en primer lugar, por pensar y organizar una ciudad desde la perspectiva del niño,  donde el municipio da voz a los más pequeños para que opinen y se expresen, señalando las necesidades que detectan en el entorno en el que viven.

Como consecuencia, los gobernantes cuentan con puntos de vista más creativos, a menudo muy convenientes a la hora de organizar las ciudades. Al mismo tiempo, se sitúa a los menores como personas competentes, capaces de analizar y comunicar sus necesidades. Darles la oportunidad de participar en decisiones políticas influye positivamente en su educación.

Las ciudades en las que se tiene en cuenta la opinión de los niños presentan más espacios públicos de encuentro y juego, zonas peatonales y puntos verdes. Algo que no solo favorece a los más pequeños: es también una mejora para los mayores y las personas con discapacidad.

La peatonalización es uno de los puntos más importantes para Tonucci: “Tenemos que dar la vuelta a la jerarquía: primero los peatones, segundo las bicicletas, tercero los medios públicos y, finalizando, los coches”, señala.
“La presencia de los niños en los espacios públicos aumenta la seguridad porque produce un efecto virtuoso: si hay niños que se mueven solos, nos obliga a los adultos a hacernos cargo. Promueve que se genere una actitud de vecinos, un ambiente en el que hay atención, cuidado y control. Si hay niños, hay seguridad”, añade.

Son más de 200 las ciudades que se sumaron al emprendimiento en distintas partes del mundo; entre ellas, también lo hizo nuestro vecino municipio de San Martín.

¿Podrá intentarse algo parecido también en nuestro distrito?.

Fuente: huellasbysareb.es