Su hija, Johana Copes, difundió por las redes sociales: «Fue todo muy rápido, falleció mi papá. Su brillo quedará intacto en las estrellas y en la historia del Tango Danza por siempre”.

En 2016, por problemas de lumbalgia, Juan Carlos Copes se había visto obligado a abandonar los escenarios. En el pasado diciembre, contrajo COVID-19 y, aunque logró superarlo, la enfermedad terminó afectando su organismo. Falleció en la noche de ayer, a sus 89 años.

El mítico bailarín estaba relacionado con nuestro barrio por enamorarse de una vecina, quien lo acompañó para siempre. Hace dos décadas, lo entrevistamos y nos contó lo siguiente:

– ¿El amor, Copes?.
Mi esposa, Myriam Albuernez, nació en Caseros, frente a la panadería “La Ítalo” (calle Sarmiento, entre Belgrano y Moreno) y fue al colegio La Merced. Tenemos dos hijas: Geraldine, que también fue al mismo colegio que mi esposa y Johanna – quien también es bailarina (foto) – y tomó la comunión en la parroquia La Merced. Mis suegros son Randolfo “El Rusito”, carpintero y Elsa, mendocina. Ellos viven en la avenida Mitre, entre Cavassa y David Magdalena.
– También tiene un amigo en Caseros…
Sí, el doctor Abdo Elhom, nuestro médico, una persona realmente excepcional a quien mucho aprecio y que sé que va a estar, siempre que lo necesite. Un buen amigo… en las buenas y en las malas.

SU VIDA  – SU TRAYECTORIA ARTÍSTICA

Juan Carlos Copes se sintió “echado de la milonga” cuando la música extranjera invadió hasta los más escondidos reductos del dos por cuatro. Pero en vez de recluirse en la resignación, o en el resentimiento, decidió pelearles a los molinos de viento trazando nuevos caminos sin apartarse del perfil tanguero, ese que mamó en su Mataderos natal, y también en Floresta, Pueyrredón, perfil que maduró en Villa Crespo, en la legendaria pista de Atlanta, donde fue caudillo al momento de defender los laureles milongueros del barrio.

Morocho, de mirada profunda y rasgos marcados, subraya: “El tango danza perdura porque depende del ingenio, la creatividad y la imaginación de aquéllos que lo bailan… no tiene una coreografía limitada como la zamba, la chacarera, la cueca… el tango permite la aparición de lo que nosotros denominamos ‘el duende’ y es lo que le da elegancia, personalidad, carácter…”.

Este hombre anocheció milongas en los escenarios más dispares, aquéllos ubicados en arrabales fantasmas, los enmarcados por misteriosas miradas orientales o los aristocráticos donde hasta fue aplaudido por el ex presidente Reagan.
Con su sombra, otra sombra: María Nieves, compañera de baile y de vida; figura de mujer hecha a medida de su abrazo artístico. Juntos descifraron sustantivos tangueros: amistad, amor, dolor…

Alguna vez, Copes sentenció: “Fuimos amigos, novios, pareja, inclusive en algún momento nos ‘odiamos’, pero seguimos bailando juntos a pesar de haberme casado y tener dos hijas con otra mujer”.

La historia de Copes canta que se hizo milonguero tras dos años de observar la destreza de aquéllos que la sabían lunga y dejaban el alma en la pista.  Aprendió sus primeros pasos concurriendo tanto a los bailes tauras como a los elegantes, a los decentes y a los no tanto. Conoció los códigos del cafisho, casi malandra, pero se inclinó por los del laburante humilde que ama al tango. “El tango es pueblo”, dispara.

¿Por qué el tango entró en agonía, luego de la llamada ‘década de oro’?.
Aunque parezca mentira, una de las causas fue un decreto que obligaba a difundir, por lo menos, 50% de música nacional…
Pero si fue una ley que intentaba proteger…
Sí, pero hecha la ley, hecha la trampa… muy ‘argentino’, todo. Trajo como consecuencia lo que hoy conocemos como rock nacional y que, en su momento, fue el Club del Clan, es decir: música extranjera tocada por argentinos. Y, además, todo vino manejado y apoyado desde afuera con grandes capitales contra los que no se puede pelear… si yo le difundo «La cucaracha» mañana, tarde y noche, usted va a ir a comprar el disco.

Cuando todavía mocito, Copes pretendía ser ingeniero electrónico. Muchacho ejemplar que trabajaba y estudiaba… pero era milonguero «y eso no era muy bien visto». Sin embargo, a esa felicidad que sentía en el club nada la podía empardar. Cuando el tango entró en decadencia, cuando intuyó que se perdía la milonga… “me dije: esto no lo largo y estudié la forma para quedarme”.

Buscó y buscó la forma de hacer durar esas horas que lo llenaban de felicidad. Dominado por la pasión, en un rincón olvidó para siempre los libros de electrónica y apeló, por un lado, a los pergaminos ganados en tantas noches de arrabal, títulos que no entrega academia alguna y de los cuales solo son poseedores quienes aprenden a taconear sus sentimientos. Por el otro, entrevió que era precisó jugar con las reglas de otros y observando películas de Fred Astaire, Gene Kelly y Cyd Charisse se percató de que había que inventar algo similar para la música ciudadana. Así nació el “Conjunto Coreográfico de Tango”; más adelante, el “Copes Argentina Review», el “Copes Tango Club”…

Desde pibe, me gusto organizar, juntar a la gente… ¿le cuento una anécdota?.
– Dele…
Tenía quince, dieciséis años, cuando junté a los integrantes de los equipos de los alrededores de mi case para formar un equipo para participar en los torneos interbarriales de futbol… no me pregunte cómo lo hice, pero lo hice. Ese equipo salió segundo, perdimos Ia final por corners; resultó que no había tiempo suplementario ni desempate por penales y se contaban los corners a favor… perdimos por uno.

En el ’83, “Tango Argentino” se convirtió en un suceso internacional: Estados Unidos, Europa, Japón se contornearon al ritmo de Buenos Aires. Ahí estaba Copes.
“Fue un espectáculo concebido para un par de semanas y duró hasta el ‘87”.

Maestro…
No (interrumpe), no me gusta que me digan maestro ni profesor porque no hay magistratura en el tango. Podría ser, a lo sumo, instructor…  No soy maestro, transmito códigos que me ha dictado la experiencia a instruyo para que rompan el terror a abrazarse… casi tres décadas sin abrazarse tuvieron las parejas; casi diría desde la época dorada del tango hasta la aparición de “Tango Argentino”.
– A lo largo de su carrera habrá tenido detractores…
Especialmente, entre los que se creen saberlo todo, los que se creen «ingenieros» del tango y enloquecen a los chicos cuando dicen: ‘No, pibe, eso que hacés vos no es tango’. Eso es lo peor que se puede hacer en favor del tango… que aquéllos que fueron milongueros en su época vuelvan a salir a la palestra, y después de la revolución que fue “Tango Argentino” se pongan en ‘castigadores’ y dueños de la verdad. Hay que dejar volar a los pibes y que marquen caminos. Repito, en esto no hay maestros: todo es producto de lo que uno escucha y de la pareja que tenga enfrente… que los dos se pongan de acuerdo, intercambiando energías y hagan una cosa coherente, y con mucho amor…

– Usted es un estudioso del tango…
Soy un apasionado… el tango, como todo, tiene su historia negra, la prostibularia, la de los burdeles en la época de las inmigraciones donde llegaron muchos hombres y, lógicamente, después hubo que traer mujeres. El tango fue un divertimento que nació con instrumentos agudos.
– ¿Qué es el tango, hoy?.
El tango sigue siendo pueblo. Y como el pueblo, también está sufriendo… el pueblo está sufriendo una de las crisis más graves de su historia; entonces, no puede concurrir a teatros ni a lugares apartados de donde está viviendo…. Cuando el pueblo no puede manifestarse de alguna forma, no tiene salida… cada vez hay más globalización, Internet, celulares, pero cada vez estamos más aislados.
– ¿A qué tendría que cantarle el tango, hoy?.
– A estas cosas de las que estamos hablando.
– Usted dijo que al tango le hace falta un Michael Jackson, una Madonna…
En sentido figurado, claro. Es preciso que surja algo así, para que aparezcan los «sponsors» y la juventud que le gusta el tango, que hace tango, pueda desarrollarse… lo dije hace mucho tiempo y lo sostengo.

Copes persigue la unificación tanguera. Al respecto, escribió: «Existen muchos instituciones representativas de la actividad tanguera: todas, creo, persiguen el mismo fin pero parecen «boliches» en competencia cuando la unión es la fuerza”.
– ¿Es tan difícil esa unidad?.
Es difícil, está la “Academia de esto”, la “Universidad de lo otro”… cuando todos tenemos que tirar para el mismo lado. Mi sueño va más allá… que nos unamos al folclore. En EEUU sacaron una foto – al ‘Chúcaro» y a mí – con las manos apretadas en lo alto, simbolizando esa unión.
– ¿Virulazo?.
– Primero, un rival en las pistas, con el tiempo, un compañero en el truco y en las travesuras.
– ¿Piazzolla?.
– Tenemos que dar gracias que existió alguien como él. Músicos internacionales tocaron tango para acompañarlo.
– No hacía música bailable…
– Al principio, sí, cuando se abrió de Troilo y armó la orquesta con Fiorentino. Después, tocó lo que él concebía como música de Buenos Aires. Fue reconocido internacionalmente y, acá, incomprendido.
– ¿Un tango?.
– “Quejas de bandoneón”.