Ayer se cumplieron seis años del asesinato de Agostina Brega, vecina de Villa Pineral. Al respecto, en «Caseros y su Gente» escribimos el editorial que publicamos a continuación. En esos años, la inseguridad figuraba en primer lugar entre los flagelos que padecíamos. Ahora, estimamos que es el Covid el tema que más nos preocupa, pero la falta de seguridad continua presentándose como una constante que mucho nos aflige. Por tal motivo, reproducimos aquel editorial.

«La tarde del domingo 23 de marzo de 2015 fue la última que vivió Agostina Brega. Esa tarde, Agostina, de 28 años, maestra jardinera, estaba en la vereda de su casa (Fernandes D’Oliveira, entre Carlos Tejedor y Gral. Villegas) junto a su hijito Lautaro, de apenas cuatro años. De repente, irrumpieron dos motochorros y le dispararon por la espalda, tras robarle el celular. Su homicidio provocó la enérgica indignación de vecinos que – a manera de catarsis – culparon principalmente a la Policía y a los responsables de la gestión comunal. Se realizaron marchas por las calles de Caseros hasta las esquinas céntricas, las comisarías locales y las puertas del municipio. Las pancartas y las voces reclamando justicia y seguridad se multiplicaron. Con el paso del tiempo, las manifestaciones de protesta – como sucedió en otros casos -se fueron diluyendo.

«En el pasado 2014, la inseguridad continuó desatándose. Se repitieron todo tipo de ilícitos. A la mañana, a la tarde y a la noche. En los arrabales poco frecuentados o en los espacios céntricos más concurridos. Las cámaras de seguridad y la mayor presencia policial no amedrentaron a los delincuentes. Tampoco el repetido arresto de malvivientes; en abrumadora mayoría, jóvenes con prontuario.

«El presente y electoral año 2015 llena nuestros oídos de promesas que se corean ante cada disputa por los sufragios. Pero esta actualidad colmada de ilícitos exige realidades. Es imperativo que los candidatos adquieran la altura del compromiso porque el flagelo que nos agobia demanda decisión y grandeza. Si no pueden hacerlo, es preciso que dejen sus aspiraciones para otra oportunidad menos traumática. Porque no podemos continuar viviendo llenos de temor. Porque nos estamos enfermando. Porque no podemos resignarnos a que el crimen de Agostina sea uno más de la fatal enumeración que enluta a nuestro barrio como jamás en su historia. Porque a su hijito, su madre y su esposo, Agostina les sigue doliendo desde aquélla, su última tarde de domingo. Y porque no es justo. Para nada es justo».