En los años ’40, Caseros era una suma de quintas, sol y el humo rojizo de algunos hornos de ladrillos.
Francisco Angel Luksich por entonces tenía ocho años y cursaba quinto grado en la Escuela N° 33, ubicada en Lisandro Medina, entre Sabattini y De Tata, edificación que a partir de 1960, se convertiría en la primera sede del naciente distrito Tres de Febrero.

“Está acomodado» – dirían probablemente sus compañeritos de aula. Y tal vez, no les faltara razón: Francisquito era el hijo de la directora del colegio. Aunque muchas veces, más que una ventaja esto resultaba un contrapeso.

Algunos dicen que se copiaba, pero es difícil comprobarlo. Pasó el tiempo y aquel pibe se hizo hombre. Se convirtió en protagonista de radioteatros, en actor de televisión y cine. También en director cinematográfico. Y ya no era el pibe Luksich, se lo conocía como Fernando Siro.

Décadas atrás, tuvimos oportunidad de entrevistarlo:

– ¿Cuánto tiempo vivió en Caseros?

Casi cinco años…del ’40 al ’45. Resulta que mi vieja era docente y la habían nombrado directora de la escuela 33. En esa época, a las directoras les daban vivienda dentro del colegio. Nosotros éramos de Villa Ballester y en la «Treinta y tres» cursé quinto y sexto grado. Mi madre se llamaba María Teresa Siro de Luksich (su padre, Arnario, de origen croata, era marino mercante).

¿A quién recuerda de Caseros?
En verdad, yo soy un desastre para recordar nombres… tengo poca memoria. Me acuerdo, eso sí, de don Antonio Paletta, el portero, de las familias Perdiguero y Bertolini, que vivían cerca del colegio. Mi maestra de quinto fue la señorita Ofelia y en sexto, la señora de Cefergallo. La vicedirectora era la señora Delia Necchi que mantuvo una larga amistad con mi madre. Cuando yo estaba cursando el segundo año del bachillerato, en Devoto, mi mama se jubiló y nos mudamos a una casa que teníamos en Ballester.
-¿Qué le gustaba de Caseros ?
Que jugábamos a la pelota todo el día; había muchos terrenos baldíos y, con los pibes del barrio, los aprovechábamos bien. También me gustaba mucho cuando, con los chicos, nos íbamos caminan-do hasta Palomar por los campos paralelos a las vías.
-¿Cómo empezó con su labor artística?
Bueno, justamente en la escuela 33 yo me prendía en todos los actos escolares. . . actuaba, dirigía, hacía de todo un poco. Cuando terminé el bachillerato, entré a un instituto que se llamaba «Escuela de Cine», donde los profesores eran Florindo Ferrario y Gloria Ferrandis, una actriz .estupenda con la que trabajé muchísimo e incluso, dirigí en algunas oportunidades. Después que cursé en el instituto, empecé a hacer teatro vocacional independiente. En uno de estos lugares conocí a Zoe Duckós que me llamó para interpretar un pequeño papel en la obra «Ella y Satán». Fue una obra que duró poquísimo en cartel porque resultó ser un fracaso total. Tenía diecisiete años.
Después hice algunas giras y cuando estaba en la conscripción, me dieron el papel principal en la obra «Un tranvía llamado deseo» que se daba en el teatro Casino. Me lo dieron porque Carlos Cores, que hasta entonces lo venía interpretando, se habia lastimado una pierna filmando una película. A partir de esa obra, me empezaron a contratar para cosas más importantes.
-¿Cuándo empezó a ser conocido?
Bueno, yo tuve en mi vida artística tres ciclos de gran repercusión. Uno fue en la radio, con Hilda Bernard, donde hacíamos una obra por mes o algunas que duraban un poco más como «Esos que dicen amarse». Esa temporada con Hilda, del ’56 al `60, fue muy exitosa. Después trabajé mucho en televisión con Eva Dongé y también fueron años muy exitosos. Luego podemos contar el ciclo de «Matrimonios y algo más» que se viene dando desde1967, aunque con largos intervalos. Y soy el único actor que estuvo desde la primera emisión del programa.
También dirigió películas.
Veintidós, la primera – «Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes»- no tuvo éxito de taquilla pero fue un éxito artístico. Fue la primera película argentina que tuvo un premio de jurado internacional: en San Sebastián, ganó la Concha de Plata. Después hice algunas exitosas, otras no; algunas de mayor calidad, otras de menor… siempre me gustó dirigir.
-¿A qué comediantes admira?
A Chaplin, Woddy Allen, a los italianos Tognazzi, Manfredi, Sordi… Hay un comediante que me parece genial, Alan Alda, el que hizo «El año que viene a la misma hora». No quiero mencionar argentinos porque seguramente me olvidaría de algunos compañeros y no quisiera. Igualmente, ellos saben que los admiro porque se los he hecho saber. De todas formas, cuando yo voy al cine me comporto como una señora gorda: me siento y miro lo que pasa, me divierto muchísimo. Trato de que el crítico que tengo dentro no me amargue y me deje gozar del espectáculo.

Aquel “pibe Luksich”, desarrolló una trayectoria de más de 60 obras teatrales y 50 largometrajes.
Con el tiempo, junto a su esposa, la actriz Elena Cruz, dejó la actuación para dedicarse a la política. Su polémica y tenaz defensa de la sangrienta dictadura militar le generó duras críticas. Falleció en 2006, a sus 74 años.