El desafío lo lanzó el escritor para «sentir» lo que luego escribiría.
Fue en diciembre de 1966, en el Círculo Criollo «El Rodeo» en tiempos en que estaba en el Palomar, cuando Dalmiro enfrentó en duelo a cuchillo y a primera sangre, al poeta gaucho y relator de jineteadas, Julio Secundino “Cunino” Cabezas, de 57 años.

Sáenz, quien por esa época cargaba 40 abriles e integraba el staff de la revista Gente, se caracterizaba por ser un escritor transgresor, que no dudaba en meterse con la iglesia y poblar de sexo sus escritos.

Carlos Raúl Risso en un medio tradicionalista, lo relató así:
“Con motivo de presentar una nota “rara” y de fuerte contenido, Dalmiro se propuso vivir un duelo criollo y hacer la crónica escrita de esa, su propia experiencia: de los nervios, de la emoción y adrenalina de estar frente a un adversario que en cualquier momento te puede tener en la punta de su cuchillo, o de lo que se puede sentir si el que primero corta es uno”.

El escenario, como se dijo, fue el Centro Tradicionalista El Rodeo, entidad que nació en Santos Lugares y, por un tiempo, se afincó también en Caseros. Joaquín Parodi, Nicolás Merello y otros tantos gauchos caserinos integraron su comisión.

Continúa Risso: “Dalmiro se descalzó y arremangó un tanto el pantalón vaquero, mientras que su diestra sostenía un cuchillo con defensa en “S”, al que describió como un “facón caronero que yo hace años tuve que acortar porque se me había quebrado la punta”, pero que viendo las fotos uno duda de tal descripción.

“Aproximadamente 45 minutos duró la tenida, la que como estaba acordado finalizó cuando asomó la sangre (…) El duelo -silencioso e intenso como un miedo-, terminó poco después de que el cuchillo de Cabezas rozara el brazo de Sáenz y punteara su frente. Lo de “primera sangre” se había cumplido. El día seguía gris y frío. Se miraron y se dieron la mano. Palabra de hombre.

“Con una foto en color y a toda página, y ocho de distintos tamaños en blanco y negro, la edición N° 73 de Revista Gente del 15/12/1966, se engalanó con una nota distinta, corajuda y curiosa, reviviendo aquellos trágicos duelo en una pulpería, una tabeada, una cuadrera, una riña de gallos… donde “no se jugaba a primera sangre” sino que se jugaba la vida”.