Corren los años ’40 y el corralón de la familia Mazzei era uno de los más conocidos de Caseros, barrio que todavía mantenía rasgos pueblerinos, con casas de material pero también de ranchos, prefabricadas y viviendas precarias.

En ese marco, el corralón de avenida Mitre, casi Pringles, ofrecía maderas, sanitarios, artículos para electricidad, materiales para la construcción (nuevos y usados) y todo lo necesario para ese Caseros que, de a poco, se extendía sobre la multiplicidad de baldíos que caracterizaban a esta geografía.

La avenida Mitre estaba adoquinada y surcada por, entre otros, colectivos de la línea 141 que unían Chacarita con Pilar, distancia que, imaginamos, se transitaría a lo largo de, por lo menos, dos horas.