Hoy – 7 de agosto – se cumple el undécimo aniversario de su fallecimiento. Tenía 84 años, residía en av. San Martín y Alberdi.

Cordobesa de nacimiento, en 1947 se afincó para siempre en Caseros. Empezó a pintar en 1974, tras fallecer su esposo Juan Justo Acebrás, con quien tuvo tres hijos: Oscar, Daniel y Mabel.

(NdeR: Oscar, guitarrista y cantor, es el creador del Vals a Caseros, himno de nuestro barrio)

Alguna vez, nos confesó que se acercó al arte como terapia porque «pintar me hace bien, me cambia el carácter… yo era algo inhibida, muy de entrecasa y la pintura me soltó, me permitió conocer mucha gente, revalorizarme».

Al principio, aprendió con Gerardo Granda y con otros maestros hasta que alcanzo vuelo propio y participó en distintas muestras colectivas e individuales. Fue expositora y fundadora del recordado Paseo de las Artes y obras suyas fueron exhibidas, incluso, en el programa televisivo Argentinísima.

Por otro lado, dirigió el taller de dibujo y pintura para la Tercera Edad, en el Centro de Jubilados 9 de Julio.

Nahir Sambade, gran amiga de María,  sostenía que «María fue dueña de un espíritu refinado, no sólo se destacó en la pintura; le interesaba la cultura en cualquiera de sus expresiones. Formó parte de la comisión directiva del Ateneo Cultural de Caseros durante la presidencia del profesor Raúl Zuccarino. Apoyó los movimientos folklóricos, aprendiendo y asistiendo a sus encuentros. Fue una mujer sensible y fuerte, un ejemplo para sus hijos, para sus nietos queridos. Y también para sus amigos…».

En cierta oportunidad, la entrevistamos a María Salonia:

¿Qué siente cuando pinta?.

Paz, felicidad…

¿Quién la impulsó?.

Mi hijo Oscar. Fue quien me hizo entender que a través del arte podía expresar lo que sentía. Oscar me alentó, me aconsejó, me conectó con gente; después, empecé a caminar sola…

– ¿Con quién aprendió?.

Al principio, con Gerardo Granda como casi todos los pintores de Caseros. Después, ingresé en una escuela para adultos de Villa del Parque. Allí tuve como maestro a Alberto Arregui… con mucho tacto, me fue guiando.

-¿Cómo se progresa en la pintura?.

Trabajando y probando, trabajando y probando, trabajando, trabajando…

– ¿Qué siente cuando finaliza un cuadro?.

Inseguridad, casi siempre. Pasan dos o tres días y sólo le encuentro defectos. Al principio los retocaba pero comprendí que era peor, entendí que deben quedar como el día en que se pintaron…

-¿Por qué?.

Porque ese día, uno así lo sintió y por algo habrá salido así.

– ¿Pinta pensando en la opinión de alguien?.

No, me dejo llevar por la pintura hasta que la termino. Luego, me interesan las opiniones de los que me corrigen constructivamente para que pueda seguir aprendiendo.

– ¿Se critican mucho entre los artistas?.

Competitividad hay en todos los rubros. Personalmente, no me gusta criticar el trabajo de otros porque considero que en el arte no hay una regla para juzgar porque lo que se expresan son sentimientos más que técnicas.

– Usted es paisajista…

Sí, me gustan los paisajes argentinos. Viajé a Europa y traje «apuntes» de paisajes bellísimos pero no me llegan a inspirar como los de mi país.

– Impresionista…

Me gusta pintar lo que veo… creo que para «descomponer» una obra primero hay que pintar mucho al natural y luego probar otro estilo… yo creo que ya no tengo tiempo. Además, yo todavía quiero seguir aprendiendo en este estilo porque todavía no llegué a lo que me conforme totalmente.

– ¿Qué criterio utiliza para titular sus obras?.

A veces, pienso en lo que muestra: otras, en lo que sentí mientras las pintaba.

– ¿Qué pinturas tiene colgadas en su casa?.

De amigos y mías.

-¿Un momento para pintar?

Hasta hace un tiempo, en la paz de la noche… ya no lo puedo hacer porque me cansa. Ahora prefiero la mañana.

¿Un paisaje de Caseros para pintar?.

Cuando, al atardecer, el sol se esconde detrás de la Municipalidad y el fuego rosado se filtra a través de los árboles.