En diciembre de 2019, Maracaibo fue reconocido como «Restaurante Notable» de nuestro barrio «Por su relevancia como punto de encuentro barrial y su trayectoria que lo ha llevado a formar parte insoslayable de la historia de Caseros», describe la placa que fue descubierta por el intendente Diego Valenzuela y Mario Andersen (70), titular del espacio gastronómico, durante un acto realizado frente al local ubicado en av. San Martín y Marco  Polo.

Mario Andersen es oriundo de Saldungaray, localidad del sur bonaerense. Hijo de una humilde familia («éramos ocho hermanos»), su vida laboral – nos relató –  arrancó cuando apenas tenía nueve años. Fue peoncito de quintero, aprendiz en una herrería, repartidor de diarios, ocasional caddie golfista… Ni los cambiantes rigores climáticos ni su corta edad impedían que se la rebuscara como podía para colaborar con el puchero hogareño.

«Mi abuela era india pampa casada con un italiano», recordó.

Apenas adolescente, se empleó en el Teatro Español, ubicado en una localidad vecina, donde menos de actor hizo de todo: fue lavacopas, mozo, acomodador, lo que se necesitara… allí recalca, intuyó que «esto es lo mío», porque tenía asegurado «el techo y la comida». «Esto es lo mío», se repetía.

Se trazó un sentido de vida que, entendió, debía apuntalarlo con mucho, mucho esfuerzo y trabajo. Tras una temporada laboral en Necochea («había una confitería llamada Maracaibo, me gustó tanto el nombre que pensé que el día que tuviera mi propio negocio lo llamaría así»), llegó a nuestro distrito donde ingresó como mozo en la legendaria Borussia, la cervecería de Ciudad Jardín.

Allí conoció a Víctor Maimo, compañero laboral, y a las aplastantes faenas de trabajo; en algunos fines de semana estuvo 80, 90 horas sin dormir«me pegaba una ducha de agua fría para sacudirme un poco y seguía atendiendo a la gente».

Tenía apenas 19 años cuando, junto con Víctor, alquilo un local en nuestro Caseros, en la esquina de avenida San Martín y Marco Polo, e inauguró en 1971, hace ya medio siglo, su soñado Maracaibo.

En la por entonces precaria fonda, los jóvenes cumplían agotadoras jornadas que no bajaban de las 16 horas diarias, sin conocer franco alguno. Meta cocinar, lavar platos, barrer, hacer las compras, pelear los precios, atender a la gente…

«Justo me tocó la colimba… apenas salía del regimiento, venia corriendo a trabajar a Maracaibo».

Fue en 1975 cuando se independizó de Víctor Maimo- de quien guarda los mejores recuerdos- y empezó a perfilar el actual restaurante, apoyado de manera infatigable por su esposa, Ana María Junko, caserina de pura cepa y su suegra, Asunción Copalucci, quien le brindó invalorables conocimientos culinarios de su Italia natal, Italia.

Con un préstamo del Banco Galicia – y otro de su vecino de enfrente, Roberto Gabino, titular de Nando Sport (Mario jamás olvidó ese gesto) – Andersen adquirió la propiedad.

A lo largo de su trayectoria, el emprendimiento padeció los altibajos propios de los devenires económicos de nuestro país; sin embargo, siempre salió adelante. A veces, reconoció Mario, «pudimos hacerlo porque nos acompañó la suerte… pero siempre apostamos al esfuerzo y trabajo».

Casi medio siglo después de que la sencilla fonda de avenida San Martín abriera sus puertas, el municipio reconoció como Notable la iniciativa de aquel pibe de Saldungaray, que empezó de la nada, sin más estudio que la escuela primaria. Hoy, el restaurante desarrolla sus actividades en cinco inmuebles.

Foto: 12 de diciembre de 2019Maracaibo es designado como Restaurante Notable. DIEGO VALENZUELA, IVANA ANDERSEN, JORGE RIVAS , MARIO ANDERSEN, VIRGINIA ANDERSEN, DYLAN ZACHARSKI, TIZIANO ZACHARSKI Y ANA MARIA JUNKO.