Vivía en la calle Caseros, entre Cafferata y Rebizzo. Falleció el 23 de septiembre de 2006 (se cumple hoy el 15° aniversario), a sus tempranos 58 años.

En cierta oportunidad lo entrevistamos y se definió como un «chabón de rioba que tiene la osadía de hacer un programa de tango».  Decía ser «melancólico y apasionado por la música ciudadana».

La calle Caseros, casi Rebizzo, fue el espacio de su «infancia inolvidable» en una casa a la que ubica “…entre el chalet de don Juan y el caserón de dona Alicia”.

El chabón melancólico creció «en ésa que era la ‘casa del pueblo’ «, escuchando con devoción el Glostora Tango Club , peloteando los baldíos y ejerciendo el sentimiento temprano de la amistad. Fue el menor de cinco hermanos del matrimonio formado por María Josefa Divito, «doña Pepa», y don Ramón Díaz. Concurrió a la escuela N° 28 «Angel Pini» y se negaba a dormir la siesta «porque sentía que estaba perdiendo horas de la vida».

El tango lo marcó desde pibe en la música y en la vida. Y si se arremangó como carpintero para llegar a fin de mes, nunca faltó una radio cubierta de aserrín acompañando las horas laboriosas. La filosofía del dos por cuatro lo orientó por el camino de la lealtad y el culto por los amigos. «Mi cuna fue el potrero, la radio, el tango y la amistad», gustaba repetir este hombre flaco de mirada aguileña.

Las palabras “amigo”, “amistad”, “barra”, se insistían en su conversación. Avanzados sus cuarenta y pico, se descubrió como conductor de una audición tanguera en la desaparecida FM Mate Amargo. «Empecé invitado por mi amigo Daniel Oscar Pérez en su programa ‘Bolas de Fuego’… pasaba tres tanguitos hasta que los directivos de la radio me ofrecieron conducir un programa propio».

«TANGO CON AMIGOS»

Así nació «Tango con amigos» con un padrino de lujo: Jorge Valdés. «Al programa lo planteé algo distinto; más que un programa de tango es un programa con tangos», señaló y, como quien buscaba un sueño, agregó: “Busco revivir aquel Glostora Tango Club”.
El espacio radial fue ganando seguidores que se comunicaron telefónicamente “hasta formar una gran barra”.
D’Arienzo, De Angelis, Varela, Pugliese, Di Sarli eran la excusa para encontrarse con este caserino que repetidamente dedicaba los tangos solicitados por su audiencia “con todo cariño, amor y ternura».

“Es que no sólo Caseros… la Argentina y el mundo están carentes de afecto: cuando me siento ante el micrófono trató de dar buena onda, de brindar una palabra de aliento», confesó.

Reconocía que el espacio radial le cambió la vida y lamentaba «no haber llegado un poco antes… siento que perdí algunos años de hacer esto que me apasiona». Pero con estilo tanguero, reaccionó: «no tengo de que quejarme, mi vida fue belleza».

Tanto desparramar «buenas ondas» le sirvió también para darse fuerzas cuando las barajas se le daban en contra. «Yo intento simular… respiro hondo… digo ‘está todo joya’ y le doy para adelante… pero, la verdad, la gente se da cuenta y a la telefonista le preguntan: ‘¿Qué le pasa, hoy?’… será por la voz o por lo que sea pero se dan cuenta cuando uno anda fulería… pero yo, como alentando a otros, digo al aire ‘no me aflojes, chabón’ y lo estoy diciendo para mí también».

Admirador de Bocacci, fana de Racing, el hombre agrandaba la barra radial que, incluso, en forma periódica se reunía para intercambiar chimentos, saludos y afectos.

CARIÑO, AMOR Y TERNURA

Separado, dos hijos «a los que adoro», desbordaba agradecimientos para todos aquéllos que hacían posible «Tango con amigos». Sostenía con énfasis que «me apasiona hacer el programa, si esto me faltara no sé qué sería de mí… es como vivir dos vidas de golpe». Cada tarde, de 19 a 21, por FM Cristal (hoy, Unión de Radios Solidarias) el chabón de rioba le daba la bienvenida a su barra con «La Mariposa» como fondo musical mientras sentía que se completaba de felicidad. Se llamaba Rubén Jorge Díaz y cerraba cada programa chamuyándole al micrófono : «Un beso para todos, con todo cariño, amor y ternura y que Dios los bendiga».