Lo entrevistamos a don Emilio a pocos días de ingresar al siglo XXI, cuando nuestro vecino andaba por sus 81 abriles. El hombre, alto, de buena estampa, estaba casado con Amelia Besga y residía en David Magdalena, casi esq. Urquiza. Era nieto de don Agustín, pionero de nuestro pueblo. Él, Emilio, también de algún modo lo fue. Nos relató lo siguiente:

ABUELO AGUSTÍN  

Mi abuelo – Agustín Cafferata – vino a Caseros en 1868. ¡Que podría haber sido Caseros en ese tiempo!. Calles no había; a lo sumo, “caminos reales”. Él tuvo su quinta entre las que hoy son las calles La Merced, Fernandes D’Oliveira, Pini y Lisandro de la Torre. Construyó la primera casa de material del pueblo, en Urquiza y David Magdalena… a la construcción la llamaban La Capital porque los vecinos decían: ¡Qué capital le habrá costado, Agustín!. Al abuelo apenas si lo conocí porque vivíamos en Pilar y me traían a visitarlo para las fiestas. La imagen que tengo de él es que estaba siempre al lado de la cocina económica y con un bastón porque estaba cieguito. Murió en el ’32. Mi papá, que también se llamaba Agustín, empezó desde chiquito a trabajar en la quinta del finado abuelo. Antes, un chico a los siete u ocho años ya empezaba a trabajar. Cuando se casó con mi vieja – Emilia Lavarello – se fueron a vivir a Pilar… allí nacimos mi hermano Oscar y yo.

CASEROS

Yo caí en Caseros en el ’39, cuando salí de la conscripción. Puse un puesto de almacén en el Mercado «Cafferata» (Urquiza, entre Andrés Ferreyra y 3 de Febrero), que era de un tío mío. Era la época en que nos obligaban a cerrar los jueves a la tarde para compensar el sábado inglés. Vendía desde mortadela hasta kerosén… pasé la ‘campaña de los 60 días’, la del agio y todas las parecidas. En la época de escasez del kerosén, me iba en triciclo hasta la plaza Devoto donde había un surtidor. Estuve como veinte años con el almacén, hasta que me cansé y empecé trabajar como vendedor de chacinados.

PIPITA, EL POLICÍA BRAVO

Conocí a «Pipita» un policía muy famoso aquí, en Caseros. Una vez me quiso aplicar la ley del agio en el almacén… resulta que un frasco de pickles tenía dado vuelta el precio y por eso me quería clausurar el almacén por tres días. Era bravo el hombre, tenía sus cosas malas pero también las tenía buenas.

En 3 de Febrero, entre Mitre y Rivadavia (actual Valentín Gómez) los fines de semana se cerraba la calle y se hacía peatonal. Era la «vuelta del perro» donde se armaron muchos noviazgos. Había una barrita de camorreros que venía al oscurecer a armar rosca. «Pipita» los espantó… a algunos les cortaba el taquito de los zapatos; a los melenas, les mandaba la máquina cero desde la oreja y se la sacaba en la mollera… les dibujaba una «A» y les decia: «Ahora, arréglesela por cuenta suya”.

LOS PESADOS DE VILLA ALIANZA

Los que eran medio pesados eran los de Villa Alianza. No iba a ir un forastero a bailar sin companía porque cobraba seguro.

UNIÓN DE CASEROS

En los años 40, fui presidente del Unión de Caseros cuando el club estaba en Moreno y San Jorge, donde estaba el cine Caseros. Trajimos las mejores orquestas: Canaro, BruneIli. D´Arienzo, «Los Zorros Grises», Pugliese, Pichuco, Maffia, Laurenz, Caló… también de jazz: Anconetani, Santa Anita, Santa Paula Sereneders… se bailaba en lo que fue el salón del cine y al aire libre, en la cancha de básquet. El salón cubierto tenía piso de madera con un semisótano… Venia muchísima gente a milonguear; una noche, con Pugliese, cortamos 2.400 entradas; teníamos miedo de que el piso se rajara. Cuando se bailaba foxtrot se sentía tucutún tucutún… temblaba el piso. El que se compraba a la muchachada era Alberto Castillo; él bajaba del micro y en la vereda se mandaba un tango a capella… decia: “Éste es para los muchachos” y los pibes se volvían locos.

TUVIMOS QUE SALIR A BUSCAR A LAS CHICAS

Cuando agarramos la conducción del Unión estaba medio desacreditado y tuvimos que limpiar el ambiente para que la gente del barrio viniera a la milonga… tuvimos primero que convencer a los padres que eran los que tenían la materia prima… o sea: las chicas para que bailaran los muchachos. Al principio, no querían saber nada pero después de conocernos, empezaron a aflojar. Era la época en que las pibas no le decían a la mamá «sos un quemo»… así que iban a bailar con su madre e, incluso, con el padre también. ¡Cuántas veces los de la comisión teníamos que ir a hablar con el padre de una chica para que la dejara ir a bailar… y la dejaba siempre y cuando nos comprometiéramos a ir a buscarla y llevarla de vuelta.

Enfrente del club estaba la fonda de los mendocinos Carrera. ¡Si habremos hecho comilonas, ahí! La señora cocinaba que era una delicia.

LA PÉRGOLA DEL JOTA JOTA Y MI ESPOSA

A mi esposa la conocí en la pérgola del Jota Jota que estaba en la cancha del club. Era una plataforma al aire libre con piso de madera, en un costado estaba el escenario. Ahí vi cantar a Nelly Omar… como el micrófono no andaba, lo puso a un costado y cantó ‘a capella’.

RADICAL DEL PUEBLO

Durante un tiempo, también fui presidente del Centro de Almaceneros, en la época en que compramos la sede. Un gran amigo, el doctor Cerdeiro, que fue comisionado cuando Caseros pertenecía a San Martín, me convenció para afiliarme en la entonces Unión Cívica Radical del Pueblo. Fui concejal en la época del intendente D’Elía hasta la revuelta de Onganía, cuando el intendente de facto Larralde me mandó una conceptuosa «cartita» agradeciéndome los servicios prestados.

FANA DEL CICLÓN

Me gusta el fútbol. Soy de San Lorenzo. Tuve el gran gusto de ver jugar a Farro, Pontoni y Martino… muchos hablan de La Máquina pero esos tres sí que eran unos fenómenos. Nosotros decíamos que valían por los cinco delanteros porque los wines estaban para tirar los corners, nada más. Los vi contra Racing cuando ganamos cinco a cero. Fue un espectáculo. Era un juego de billar a tres bandas… parecían Carreritas y Navarritas, taqueando. Racing tenía a Ricardo en el arco y a Yebra y Palma que eran rosarinos; por eso, creo que no le hicieron más goles porque Pontoni y Martino tambien eran de Rosario. Recuerdo un año en que salimos campeones contra Boca. En el último minuto, Boyé lo quiso reventar a Blazina que le atajó el bombazo. Si se la tocaba a un rincón, perdíamos el campeonato.

CASEROS PUEBLERINO

En Caseros nos conocíamos todos, era muy pueblo.