Fue una calurosa mañana de noviembre de hace casi 90 años, cuando golpeaba sus manos ante la puerta de una humilde vivienda, mi personaje inolvidable.

Debió concurrir de urgencia ante el angustioso llamado de la dueña de casa, Doña Lucía, ya que el “nene” estaba postrado y con bastante fiebre.

El diagnostico no se hizo esperar: peritonitis.

Mi personaje, el doctor Mauricio Cusién, lo cargó en sus brazos, lo acomodó en el auto y lo llevó al Hospital de Niños, donde en pocos minutos, le salvaron la vida al pequeñito

Eran tiempos duros para ciertas enfermedades. Sólo la rapidez y la decisión del médico de «cabecera» podía (a veces) cambiar el desenlace fatal.

Durante más de 40 años, el doctor Cusién cuidó la salud de aquel niño primero; adolescente, luego y adulto con esposa, hijos y nietos, después.

En todos dejó, y en particular en el autor de esta semblanza, la imborrable imagen de un personaje irrepetible.

Porteño del año 1907, Cusién estudió en la UBA de donde egresó como médico en 1932.

Un año después, arribó a Caseros e instaló su consultorio en avenida San Martín, casi esquina La Merced.

Hasta la actualidad, hay vecinos que testimonian el respeto y admiración que generó a lo largo de su trayectoria.

Se recuerda en especial su bondad, acompañada por una voz afable que quienes tuvimos el privilegio de frecuentarlo nos ha permitido valorarlo en su verdadera dimensión.

Como médico, honró esta villa de Caseros con el cumplimiento irrestricto de su juramento hipocrático, con su incansable aporte a tantos y tantos hogares caserinos; en especial, en épocas en que el horario de atención se prolongaba hasta altas horas de la madrugada.

Su contribución profesional se extendió al Hospital Diego Thompson y a la Corporación Médica, de la que fuera uno de sus fundadores.

Fue – junto con los doctores Rebizzo, De Tata, Apolonio, Teplitzky, D’Agostino, Hocsman, Varaona … –  de los pioneros que hicieron escuela y dieron orientación para los muchos profesionales que a lo largo de tantos años, han buscado el hogar y el centro de desarrollo de sus tareas, en esta ciudad tan rica en episodios históricos.

Profesional, estudioso, robaba horas a su descanso por su pasión por la lectura. El afectivo trato que me dispensara durante muchos años, me permitió conocer aspectos profundos de su personalidad, de la que rescaté el cúmulo de pensamientos y consejos casi paternales, ofrendados al calor de charlas sobre los más variados temas.

Casado con Luisa Greppi, tuvo dos hijos: Jorge y Alcira.

El doctor Cusién falleció el 7 de noviembre de 1974, a sus 67 años.

NdeR: esta crónica es una adaptación de una nota cuyo autor es Pedro Malvido Giménez.