Antes de dar comienzo a este relato, aclaremos un par de cuestiones:

  • La construcción se encuentra dentro del Colegio Militar de la Nación.
  • Quien la construyó se llamaba don Diego Cassero y a todos los alrededores (que incluso llegaban hasta la hoy CABA) se los conocía como los pagos de Caseros.
  • A pocos metros se levanta el magnífico palomar que le dio nombre a la localidad vecina.
  • Hoy, ya restaurada y convertida en un museo, es una pena que la casona – colmada de historia nacionalno pueda visitarse libremente.

PASEN A CONOCERLA

La siguiente información – a la que apenas corregimos para facilitar su lectura – fue publicada en un boletín editado por el Colegio Militar de la Nación:

“Es llamada la casa de Caseros porque perteneció a don Diego Cassero, quien la construyó en 1788.

“En ella, se estableció el comando del Ejército Federal, que a órdenes del General don Manuel De Rosas, se dispuso a enfrentar al Ejército Grande que liderara el General Justo José de Urquiza.

“Esta contienda, conocida como la Batalla de Caseros, se consumó el 3 de febrero de 1852: más de 50.000 hombres se enfrentaron y cambiaron el rumbo de nuestra historia.

“Aquí se cimentaron los pilares para nuestro nacimiento como país organizado y, más tarde, en este solar se reunieron quienes sentaron las bases del Pacto de San José de Flores.

“Declarada monumento histórico, la casona guarda recuerdos de aquellas inmemorables jornadas de la historia argentina.

“Edificio cuadrado y macizo, de azotea, con ventanas de rejas voladas y amplios corredores en dos frentes. En uno de los ángulos, una escalera interior comunicaba con la pequeña torre del mirador, sobre la que se erguía una hermosa cruz de hierro forjada a martillo, con su flecha y banderola. Lindaba con el vetusto caserón un monte de moras y acacias negros.

“En estos momentos quedan aún en pie restos de tan importante finca: el pilón para dar de beber a la hacienda de la labranza, algunos árboles centenarios y el palomar histórico.

“Pareciera que la casa fue demolida en parte después de la Batalla de Caseros, y posteriormente el tiempo siguió su obra de destrucción.

“Actualmente la casa cuenta con nueve habitaciones, la mayor parte de ellas destinadas al museo. Se conserva la fachada original con la galería del frente, sobre la cual se abren la puerta del salón principal y sus respectivas ventanas, y las correspondientes a otras cuatro salas pequeñas.

“A la izquierda se yergue la torre: se sube a ella por una estrecha escalera de madera, ubicada en el interior de una sala lateral. Se entra desde el exterior por una ancha portada de madera dura.

“El jardín interior ha sido cerrado moderadamente por una pared baja, que reemplaza a los cuerpos derruidos de la casa primitiva. En el centro se conserva el pozo, y algunos ombúes centenarios. Las anchas paredes pulcramente encaladas, los viejos adobones del piso, las recias vigas de madera dura que sostienen el techo y soportan las galerías, el antiguo brocal del pozo, las añosas rejas voladas, los coposos ombúes, constituyen el ámbito material que da a este museo un sabor de autenticidad y un valor histórico que es nuestro deber respetar y preservar”.