Treinta años sin Floro Razeto, el lechero inolvidable
By Caseros y su Gente

Treinta años sin Floro Razeto, el lechero inolvidable

Don Floro. Así le decían. Don Floro, hoy déjeme un litro, ahí tiene la lechera. Don Floro… el sábado, sin falta le pago.

El hombre se llamaba Florentino Razeto y había nacido en 1903.

Fue un muy conocido y querido lechero de nuestro barrio. Con su carro a caballo, recorría desde Villa Mathieu hasta Sáenz Peña.  Calles que se multiplicaban en tierra y zanjones. Vendía diariamente, nos dijo alguna vez, alrededor de 30, 35 tarros (unos 600 litros).

Lechero de ley,  por un lado daba yapa sin que se lo pidieran y, por el otro,  le ponía algo de agua a la leche sin que lo supieran.

Por supuesto, se hacía el enojado cuando los chicos se colgaban del carro y medio que los asustaba con el látigo… “aunque un poco me hacía el distraído”, nos confió en cierta oportunidad.

Cuando dejó de trabajar como lechero, se dedicó a ayudar a uno de sus hijos, quien tenía reparto de huevos.  Hasta sus 84 años, peregrinó a Luján junto a los feligreses de la parroquia Cristo Rey.

Floro – quien vivía en la calle Larralde, entre De Tata y Alberdi – supo tener, con sus hermanos Andrés y Pablo, tambo propio, en Dante y Hornos: “ellos ordeñaban las 200 vacas que pastaban en los campos que le alquilábamos a la viuda de Romero y yo me encargaba del reparto”.

Nuestro recordado vecino falleció el 14 de septiembre de 1992, el mismo día en que cumplió 89 años.

DOS ANÉCDOTAS

  • María Razeto, hermana de don Floro, era conocida por su eficacia para curar el empacho pero “sin tirar el cuerito. Ella los medía a los chicos. Además, sabía curar el ojeado, ponía un platito con agua, le echaba tres gotitas de aceite y chau ojeadura”, detalló don Floro.
  • Alfredo, otro de sus hermanos supo ser mecánico de aviones. En cierta oportunidad, estaba a punto de abordar un biplaza nada menos que el entonces presidente Agustín P. Justo, cuando Alfredo se acercó y le insistió para que, por las dudas, viajara con el paracaídas calzado. A regañadientes, el mandatario le hizo caso. En pleno vuelo, una brusca maniobra del piloto provocó que Justo se cayera del biplaza y salvó su vida gracias a que accionó el paracaídas. Así fue que nuestro vecino recibió un efusivo agradecimiento nada menos que del presidente de la Nación.
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