Justo Méndez fue el fundador de la tradicional bicicletería El Diablo Rojo ubicada en avenida San Martín 2600, entre Belgrano y Urquiza. Es, en este tiempo, el negocio en actividad más antiguo de nuestro barrio.

Hijo de españoles, el amigo Justo se percibía porteño cuando conoció a este Caseros que todavía se multiplicaba en calles polvorientas. Y le gustó tanto que en el año 1936 lo eligió para su historia de vida. Alquiló un local e instaló una bicicletería – en la por entonces adoquinada avenida San Martín – a la que llamó El Diablo Rojo por su entusiasta admiración a un motociclista de la época, apodado de igual forma.

“Al principio, trabajaba ocho o nueve horas diarias, pero me di cuenta de que si quería progresar con eso no alcanzaba. Entonces, un día dije: ¡Basta de horarios para mí!… y empecé a darle para adelante. Me levantaba a las cuatro para emparchar los triciclos de los repartidores y no paraba hasta el anochecer”, nos confesó en cierta oportunidad.

Justo conoció a su esposa, Dolores Lola Esvert, una pizpireta morocha, en una milonga realizada en el club El Triunfo. Tras un año y medio de noviazgo, se casaron en la iglesia La Merced.

“La verdad, mejor mujer no pude encontrar… el primer día de matrimonio ya se puso a trabajar conmigo. Armaba ruedas, pintaba, hacía de todo…”, reconoció Méndez.

El taller de reparaciones, venta y alquiler de bicicletas no tardó en hacerse conocido en todo el pueblo y también por los alrededores. Sus servicios eran tan solicitados que llegaron a tener ocho empleados.

CAMBIO MOTO x LADRILLOS (“yo no quería; mi señora,  sí”)

Durante un tiempo, Justo tuvo pretensiones de convertirse en corredor de motos. “Junté peso sobre peso para comprarme una de primera línea pero también necesitaba construir mi casa… Un día, mi mujer vio pasar un camión con ladrillos, lo detuvo y con la plata para la moto compró toda la carga… Cuando construía mi casa, dormía cuatro horas por día… siempre digo que si uno quiere tener algo, no hace falta ir a EEUU. Aquí, trabajando fuerte, las cosas también se logran…”, disparó.

Si bien no se pudo dedicar al motociclismo, su amor por el deporte lo llevó a practicar el ciclismo. “A mí me gustaba correr, los premios no me interesaban, lo que me apasionaba era correr y competir”.

LADRONES DE BICICLETAS

Su ojo experto en bicicletas era consultado por la Policía ya que prácticamente, conocía todos los rodados de la zona. “Antes, la policía se ocupaba de los ladrones de bicicletas. Una vez, la Regional de San Martín recuperó 120; me llamaron para ver cuáles reconocía para poder reintegrárselas a sus dueños”.

 BICICLETAS INSÓLITAS

A Justo le gustaba inventar y coleccionar bicicletas excéntricas. Algunas de ellas fueron requeridas por canales de televisión para mostrarlas en sus programas. Poseía, en su colección, una bicicleta que tenía más de un siglo de antigüedad. “Se la compré a un mendocino. La rueda delantera es gigante y la de atrás, enana. Para subirse, hay que tomar impulso como si fuera un monopatín y luego pegar un salto. Al que no está acostumbrado, le da julepe porque se viaja muy arriba”, advirtió.

Don Justo falleció el viernes 27 de noviembre de 1998 (a sus 85 años) y Lola en 2007. Tuvieron tres hijos: Héctor, Carlos (creador de la juguetería Mikis) y Mabel.

El Diablo Rojo es un clásico de nuestro barrio…   ¿Qué vecino no lo visitó alguna vez por un emparche, un gomín o para inflar la bicicleta? En la actualidad, adaptada a estos tiempos, la bicicletería es manejada por Mabel Méndez, acompañada por su hijo Matías.