En la esquina de Belgrano y Sarmiento, cuando Caseros todavía se desperezaba entre calles de tierra y saludos con sombrero, la sede social del club Justo José de Urquiza era mucho más que un edificio: era un punto de encuentro.

Fundado en 1936 tras la fusión de Unión, Defensores de Caseros y el Club Social, el Jota Jota supo reunir bajo un mismo techo los sueños deportivos y las rutinas sencillas del barrio.

La foto, tomada en los años 40, detiene el tiempo en una escena entrañable. Muchachos de saco y corbata inclinan el cuerpo sobre la mesa de billar – deporte entonces tan popular como el fútbol – mientras otros, sentados alrededor de una mesa, comparten café y conversación. La iluminación cae concentrada sobre el paño verde, como si cada partida fuera un pequeño acontecimiento ceremonial. Detrás, la arquitectura sobria, con molduras prolijas y ventanales altos, habla del orgullo institucional de la época.

No hay apuro en los gestos. Se respira camaradería, pertenencia, esa costumbre de “ir al club” como quien va a su segunda casa. La imagen nos recuerda que el verdadero capital de aquellas paredes no eran las lámparas ni el damero del piso, sino la comunidad que las habitaba. Allí, entre tacos y pocillos, también se jugaba el partido más importante: el de la amistad.

Caseros y su Gente