
Quienes llevan décadas caminando las calles del barrio todavía lo recuerdan con ese nombre tan particular: “el chalet de los ingleses”. Así se conocía a la distinguida casona que se alzaba sobre la avenida Mitre, entre avenida San Martín y Alicia M. de Justo (ex Frugone), en el tramo comprendido entre la Biblioteca Mitre y la estación de servicio YPF. Durante años, su silueta elegante fue una de las postales arquitectónicas más llamativas del centro de Caseros.
No existe una confirmación absoluta sobre su constructor, aunque algunos vecinos suponen que fue obra del reconocido Francisco Oberto. La hipótesis se sostiene, sobre todo, por el notable parecido que presentaba con otra residencia emblemática: la impactante casona de Pedro Biale, ubicada en la calle Urquiza, casi esquina Sarmiento – al lado de la panquequería Carlitos – cuya construcción sí está documentada como obra de Oberto.
En la década de 1980 la propiedad cambió de manos. Fue adquirida como inversión por los conocidos hermanos Hugo y Alberto Fenoglio, propietarios de la concesionaria Ford que abría sus puertas en la avenida Mitre, entre David Magdalena y avenida San Martín, sobre la vereda par. Según comentaban por entonces los memoriosos del barrio, la operación se habría concretado por una suma cercana a los 60 mil dólares.
La casa no sólo impresionaba por su aspecto exterior. Quienes tuvieron la oportunidad de conocerla por dentro recuerdan ambientes amplios y materiales de gran calidad: pisos de madera noble, escaleras y aberturas de roble, salas de recepción y de lectura, varios dormitorios, baños y hasta un sótano que completaba la estructura de la vivienda.
Los Fenoglio nunca la habitaron. Con el tiempo, la propiedad tuvo distintos destinos: fue alquilada a la familia Cominaghi, funcionó allí la Fundación Crecer y también albergó a la confitería María Luisa, luego conocida como María Luisa Bar. No era difícil imaginar que aquel elegante chalet se prestara perfectamente para un emprendimiento de ese estilo.
Hoy la memoria barrial conserva su imagen como una de esas construcciones que, más allá de su destino, dejaron una huella grata en la historia cotidiana de Caseros.