Año 1965. En la vieja cancha del Jota Jota, la tarde todavía no había empezado a rugir con el partido, pero el clima de fútbol ya se sentía en el aire.

El estadio estaba ubicado en la manzana delimitada por las calles Kelsey (hoy, Murias), Alberdi, Curapaligüe y las vías del ferrocarril, predio que acaba de desocupar el hipermercado Easy.

Allí, pegado al alambrado, estaba el sector reservado para mujeres y chicos, un espacio donde se mezclaban la charla, el mate y la expectativa.

En esa escena que quedó retratada en la fotografía aparecen varias vecinas del barrio aguardando el inicio del encuentro. Están Cristina Cataldi, Elsa, Cristina Humarán, Redenta Razeto, Liliana, Lidia Alasia y el “colado” Amalio Alasia.

Un poco más atrás, tomando mate y acompañando la espera, se encuentran Inés Cataldi y Bety Medler.

Nuestro vecino Héctor Rodríguez aporta un detalle que ayuda a reconstruir el lugar exacto de la escena. Según recuerda, ese lateral de la cancha daba sobre la calle Curapaligüe y tenía una particularidad muy propia del folclore futbolero barrial: entre el arco y el córner había un poste que servía de asiento improvisado. Allí se acomodaban algunos hinchas para ejercer una presión muy especial sobre el rival.

“En ese banco se sentaban a apretar al jugador del equipo contrario que venía a patear los tiros de esquina”, indica Rodríguez, evocando esas tardes donde la picardía del público también formaba parte del espectáculo.

El mismo vecino recuerda (exagera) una jugada que quedó en la memoria de muchos. En aquella cancha del Jota Jota, el jugador Gildo Del Roso ejecutó un córner, corrió hacia el área y, tras recibir la pelota, conectó un cabezazo que terminó en un golazo memorable. Una jugada tan audaz que, según el recuerdo popular, parecía sacada de una historieta: “A lo Patoruzú”, dicen.

Rodríguez también aporta otro dato que ayuda a ubicar aquel paisaje barrial. En la manzana siguiente a la cancha funcionaba el club Vías y Obras, hoy sede del SAME. Estaba sobre el costado de la carbonera, pasando la zanja frente a la antigua perrera municipal.

Pequeños detalles que, sumados a la imagen de estas vecinas esperando el partido junto al alambrado, reconstruyen una postal entrañable del Caseros de los años sesenta: fútbol de barrio, mate compartido y una comunidad que vivía el club como parte de su propia casa.

Caseros y su Gente