
Hoy, 8 de marzo, recordamos a don Manuel Regueiro, vecino destacado de Caseros, que nos dejó hace veinte años, en 2006, a los 92 años. Su historia es la de un joven que llegó a estas tierras con ilusión, esfuerzo y un carácter incansable.
Manuel apenas tenía quince años cuando llegó al Hotel de los Inmigrantes, en Buenos Aires, tras dejar su natal Santiago de Compostela, España. La familia que debía recibirlo parecía haberlo olvidado, y aquel joven se sintió solo en un país extraño llamado Argentina.
“VETE, MANUEL, VETE Y SÉ FELIZ…”
Con las palabras de su abuela resonando en la memoria – “Vete, Manuel… vete a América. Trabaja mucho y sé feliz”- comenzó su nueva vida, primero en Montegrande y luego en Caseros.
En nuestra ciudad, se inició trabajando en la Farmacia Italiana, de don Miraglia, en la calle Rivadavia (hoy, Valentín Gómez). Allí dormía en una pequeña habitación, sobre un colchón repleto de chinches, pero su tesón era más fuerte que cualquier incomodidad. No pasó mucho tiempo hasta que abrió su propio puesto en el Mercado Modelo, donde vendía rabasillo, kerosén, carbón y maíz, compartiendo el espacio con panaderías, pollerías, verdulerías y carnicerías del barrio.
Con esfuerzo y constancia, Manuel amplió su comercio y bautizó su despensa como “La Primera del Mercado”, compitiendo con otros comercios por la preferencia de los vecinos.
Su trabajo lo llevó a ser proveedor del Casino de Suboficiales, recorriendo cada día con un triciclo cargado hasta Campo de Mayo, sorteando calles de tierra, barro y zanjones, sin importar la lluvia, el granizo o el sol inclemente.
De a poco, su emprendimiento creció hasta contar con siete triciclos y repartidores, llevando mercadería a distintas localidades del Gran Buenos Aires. Su vida era trabajo y más trabajo: largas jornadas de quince a dieciséis horas, dejando de lado el ocio, el fútbol o la milonga de la esquina.
Aun así, el amor también tocó su vida. Se enamoró de Adelina Esperanza, una de las hermanas Romani, y se casaron en 1951, formando una familia con dos hijos, Alfredo y Cristina.
Con el tiempo, Manuel abrió Casa Regueiro en avenida San Martín, entre Urquiza y Belgrano, un comercio que vendía de todo, desde alimentos hasta autos.
Su pujanza lo convirtió en un vecino reconocido y activo: fue socio fundador del Rotary Club Caseros y mantuvo siempre viva la conexión con su Galicia natal, visitándola junto a su esposa siempre que podía.
El joven español que un día aguardó ansioso en el Hotel de los Inmigrantes, solo y esperanzado, dejó tras de sí una vida de esfuerzo, constancia y ejemplo. Hoy, veinte años después de su partida, Caseros recuerda a Manuel Regueiro como un hombre que construyó su camino a fuerza de trabajo y compromiso con su comunidad.