
Hubo una época en la que los Talleres Alianza eran uno de los grandes motores de trabajo de la zona. Cientos de trabajadores llegaban cada día hasta sus instalaciones a bordo de un pequeño tren que forma parte de la memoria de varias generaciones: el Tren Obrero.
La formación partía desde un precario terraplén ubicado junto a las vías, a pocos metros de la avenida San Martín, aproximadamente en el sector comprendido entre San Martín y David Magdalena. Allí, durante años, un enorme bebé rosado pintado sobre uno de los paredones se convirtió también en una referencia del lugar.
El Tren Obrero circulaba por la mañana, al mediodía y por la tarde. A la hora del almuerzo, regresaba con los trabajadores hasta el apeadero. Ellos bajaban y caminaban unos metros hasta los eucaliptus de la calle Valentín Gómez, entre 3 de Febrero y avenida San Martín. Allí los esperaban sus familias con las viandas.
Bajo la sombra de aquellos árboles se compartía el almuerzo, una charla rápida y unos minutos de descanso antes de volver al trabajo. Después, los trabajadores regresaban al terraplén para completar su jornada en los Talleres Alianza.
La famosa “Catanga”
A aquellas locomotoras los vecinos las conocían simplemente como “catangas”. Una de ellas todavía puede verse en la plaza Unidad Nacional, como un silencioso recuerdo de aquellos años en los que el tren formaba parte de la vida cotidiana de Caseros.
Los eucaliptus de Valentín Gómez
Quizás lo llamativo de esta historia sea que algunos de aquellos árboles todavía están allí.
Los eucaliptus de Valentín Gómez, entre 3 de Febrero y avenida San Martín, llevan décadas ofreciendo su sombra. Y aunque cada vez quedan menos, todavía parecen guardar el recuerdo de los trabajadores de los Talleres Alianza que llegaban hasta allí para encontrarse con sus familias.
Un vecino que conoció aquella época lo contó alguna vez con una precisión casi cinematográfica: las mujeres llegaban con las viandas y agua fresca; los hombres almorzaban, conversaban unos minutos y después volvían al trabajo. Había que hablar de los precios, de los chicos, del capataz, de las películas que daban en el Paramount y de todo aquello que formaba parte de la vida cotidiana.
Después, un beso, un “hasta luego” y cada uno seguía su camino.
El trabajador regresaba al terraplén. Su familia emprendía la vuelta.
Y la Catanga volvía a ponerse en marcha.
Hoy ya no está el Tren Obrero. Los Talleres Alianza dejaron de ser aquel enorme centro de trabajo y buena parte de aquel paisaje desapareció.
Pero algunos eucaliptus siguen ahí. Y quizás, después de tantos años, todavía sean los mejores testigos de una historia que forma parte de la memoria de Caseros