
Este 29 de agosto se cumplen 20 años del fallecimiento de Horacio Laure Tedesco, figura estrechamente vinculada a la historia del colegio Nuestra Señora de La Merced y a la vida cultural de Caseros. Profesor de Música y de Danzas Folklóricas Argentinas, dedicó buena parte de su vida a la enseñanza y a la institución que, según sus propias palabras, creció junto con él.
Tuve oportunidad de entrevistarlo y lo recuerdo como un hombre robusto, de boca grande, dientes separados, anteojos contundentes una risa estruendosa. Su voz grave y vigorosa, capaz de elevar y bajar los tonos con facilidad, fue desgranando una larga cadena de recuerdos que, aseguró, tenía “fijos en mi memoria”.
Su vida estuvo profundamente ligada al colegio Nuestra Señora de La Merced.
Los comienzos de La Merced
A comienzos de la década del 50, Horacio Tedesco integró la Junta Parroquial, que por entonces organizaba rifas, kermeses, asados y distintas actividades para reunir fondos. También se solicitaban donaciones con un objetivo concreto: hacer posible la construcción de una escuela en terrenos pertenecientes a la parroquia.
Mientras avanzaban los siempre pesados y burocráticos trámites necesarios para concretar aquella iniciativa, los vecinos contaban con el respaldo del párroco, el padre Juan Garzia Savio.
Finalmente, en mayo de 1952 comenzaron las actividades escolares, “con un puñadito de alumnos”, recordó Tedesco.
“La primera aula fue el Salón de Actos – precisó – que se dividió con tabiques; el mobiliario consistía en tablones, caballetes, bancos y sillas”.
Ese mismo salón tenía también otros usos. Allí se proyectaban películas los domingos, algunas de ellas recordadas porque las escenas consideradas audaces eran directamente “cortadas”. Entre ellas, por ejemplo, aquellas en las que los protagonistas se daban un beso.
“La primera directora fue la señora Celestina María Elena Galuya de Ytuarte y yo colaboraba enseñando música o preparando números para actos escolares”, contó.
La música, una herencia familiar
La música ocupó un lugar central en la vida de Horacio.
“Soy profesor de Música y de Danzas Folklóricas Argentinas… mi abuelo llegó de Italia con el título de doctor en Música y mi madre –María Zulema Miraglia– enseñaba en la Escuela de Música”, relataba.
Aquella escuela, que tuvo una reconocida trayectoria en Caseros, funcionaba en un espacio muy reducido de la vivienda familiar.
“Era el porche de mi casa – ubicada en General Paz (actual D. Magdalena), entre Mitre y La Merced; era un cuartito de tres por tres donde cabía el piano de cuarto de cola, el pianista, mi mamá y una silla donde esperaba el alumno del turno siguiente… esas clases de mamá ayudaban mucho a mi papá a parar la olla”.
La casa de los Tedesco, a comienzos del siglo pasado, también recibió la visita de reconocidos intérpretes. Entre ellos estuvo el uruguayo Cayetano Silva, autor de la Marcha de San Lorenzo.
Su padre, Julio Justo Juan Tedesco, era ferroviario y de fe evangelista. Horacio lo recordaba de esta manera:
“Pero no era fanático… con el tiempo, hasta integró Acción Católica porque decía que no ‘había grandes diferencias’… él conocía a William Morris, un gran benefactor”.
Recuerdos de infancia
Tedesco también conservaba recuerdos precisos de sus primeros años de formación.
“Mis primeros palotes los hice en el Evangélico (Belgrano, casi avenida San Martín), en una casa que pertenecía a la familia Rezza; luego fui hasta cuarto grado a la 83 y finalicé el primario en la Escuela Morris (Palermo)”.
Sus conocimientos musicales hicieron que desde muy pequeño fuera protagonista de numerosos festivales y espectáculos de la zona.
“Recuerdo que paseaba por la calle 3 de Febrero y de repente anunciaban por los altoparlantes que yo iba a cantar en el Paramount o en el Urquiza… incluso cantaba temas en italiano como ‘Vivere’, ‘Torna pichina mía’, ‘Camila’… y no tendría más de ocho años”.
El 1 de enero de 1955, Horacio invitó a una morocha bonita a “tomar un helado en Lourdes”. Cinco años más tarde, aquella historia desembocó en un matrimonio: se casó con Carmen Spagliarisi, luego de la ceremonia nupcial oficiada por el padre Eduardo Gloazzo.
El profesor
Para entonces, el Instituto La Merced ya era una realidad.
Horacio trabajaba en el área administrativa del ferrocarril San Martín, donde tuvo como compañera a Haydeé Padilla, “la Chona”, y en sus horas libres ejercía como profesor de música y de danzas nativas.
Su tarea pedagógica fue fecunda. Fueron numerosos los alumnos que aprendieron a vocalizar bajo su enseñanza. También fue creador de “La Cantoría”, un espectáculo musical integrado por coros y grupos de danzas que tuvo recordadas presentaciones en el colegio.
Su manera de enseñar buscaba incluir a todos.
“Siempre traté de que bailaran y cantaran todos; incluso, los ‘troncos’ y los desafinados… muchos alumnos se entusiasmaron con la música”, contaba.

Y recordaba especialmente una anécdota:
“Un grupo de baile se había anotado por su cuenta en un concurso y como lo habían ganado me vinieron a avisar a casa un domingo a la noche; no pudieron aguantar hasta el lunes para contármelo”.
Al hablar sobre el interés de los alumnos por las clases de música y la disciplina escolar, Tedesco también dejaba una mirada crítica sobre los cambios de su época:
“Digamos que son los tiempos de ahora… porque antes no era así. Antes, un docente contaba con la ayuda de los padres a quienes les interesaba la educación de sus hijos. Ahora, algunos padres parecen que utilizan la escuela como un depósito para desentenderse de sus hijos”.
“El colegio y yo”
Autor de temas como “La Generala” y “Patria mía”, Horacio Tedesco se jubiló en 1993. Sin embargo, siguió vinculado a la escuela que había ayudado a poner en marcha y en la que había desarrollado buena parte de su vida.
En un pequeño espacio que él llamaba “mi altar”, sentado frente a un escritorio cubierto de fotografías antiguas, continuaba completando planillas y colaborando en todo aquello que hiciera falta.
Al finalizar la jornada, caminaba rápidamente hasta su domicilio de la calle Garay, casi esquina Sarmiento. Allí lo esperaba, como tantos años antes, aquella “morocha” a la que había invitado a tomar un helado.
El matrimonio tuvo cuatro hijos: Mónica, Marcelo “Machingo”, Guillermo y Gustavo.
Recordado con cariño por numerosos exalumnos, Horacio Tedesco falleció a los 76 años. En sus últimos tiempos se encontraba abocado a escribir la historia de la institución a la que había dedicado tantos años.
Quizás ninguna frase resuma mejor ese vínculo que la que pronunció durante aquella entrevista:
“Uno de mis orgullos es que crecimos juntos: el colegio y yo”.