Su vida está estrechamente ligada a la de nuestro barrio. Nació en 1909 y falleció el 6 de agosto de 2002 – hoy se cumple el 20° aniversario –  a sus 93 años.

En 1921, fue una de las fundadoras de la ya centenaria biblioteca Mitre (por entonces, llamada La Niñez), entidad que – impulsada por el prolífico Comité Billiken –  integró con niños de Caseros su primera comisión directiva; Anita ocupó, con sus apenas 12 añitos, el cargo de secretaria.

En lo personal, la recuerdo como una vecina de memoria prodigiosa. “A veces me asusto – me confesó en cierta oportunidad, riéndose – porque dicen que cuando una recuerda cosas que pasaron hace tanto tiempo es que se está volviendo gagá”.

LA HIJA DEL JEFE DE LA ESTACIÓN

Su padre – don Eugenio Desio – fue uno de los primeros jefes de la estación Caseros, cargo de destacada jerarquía para aquellos años. “Los vecinos y los empleados tenían la costumbre de pedirle consejos a mi papá”, recordó Anita cuando la entrevisté.

Su abuelo, Patricio Ward, fue un irlandés religioso que concurría a la capilla de madera que estaba ubicada en Curapaligue y Alberdi.
“Era una capilla preciosa que fue construida por encargo de la viuda de Romero… recuerdo a sus hijas – una alta y una baja- que venían a Caseros a ‘veranear’; una de ellas manejaba un Ford T e iba a la estación a esperar a los familiares”.

La mamá de Anita – María Ward  era una dama muy querida en el vecindario; mujer con inquietudes, fue una de las creadoras de la Sociedad Femenina, institución con objetivos comunitarios.

Los Desio eran cinco hermanos: Mateo, Eugenio, Anita, Pedro y María Elena. “Pedro fue actor y participó de muchas películas; incluso, trabajó con Alfredo Alcón”.

MI CASA, LA ESTACIÓN

El primer hogar de Anita estuvo ubicado en la mismísima estación Caseros.
“La estación, en ese tiempo, estaba a pocos metros del lugar actual… nuestra casa estaba pegada a la sala de espera, había dos oficinas donde se atendían a los pasajeros y luego habla un dormitorio, una plaza chica, la cocina y un bañito”.

“Después nos mudamos enfrente -sobre la calle Rivadavia (actual Valentín Gómez) – a la casa de Pascual Goso… su esposa, Catalina, fumaba unos cigarrillos tipo Avanti, que fabricaba ella misma. Los Goso, también alquilaban una sala donde funcionaba el Registro Civil”.

RECUERDOS Y MAS RECUERDOS

El hijo del boticario – Osvaldo – sacudió el corazoncito de la hija del jefe de estación. “Estuvimos de novios varios años; nos casamos en el ’40”.
Menos de una década más tarde, Osvaldo falleció víctima de un infarto. Anita quedó con dos hijos – Carlos y Héctor – para enfrentar la vida. “Me hice fuerte, no me permití aflojar, tenía que salir adelante”.

Para ello, recurrió a sus conocimientos como profesora de piano y al apoyo de los suyos. Tiempos en que la solidaridad vecinal se manifestaba a cada instante y nadie, jamás, se sentía completamente solo. Siempre había una gauchada pronta y una mano tendida. Vivir en un barrio significaba, de alguna manera, participar de una gran familia. En ese contexto, Anita superó los obstáculos que le presentó el destino. Cuando le realizamos la presente nota, tenía cuatro nietos y hasta un bisnieto.

Anita conoció personalmente a muchos vecinos cuyos nombres recuerdan algunas calles: Wenceslao De Tata, Rebizzo, Esteban Merlo, David Magdalena, Cavassa, Fischetti… y también tenía recuerdos para una lista interminable de familias caserinas.

Anita era bajita, tenía gestos pícaros, voz chillona y le gustaba hacerse la chinchuda pero era sumamente querible.
Vivía en la calle Sabattini, entre Murias (ex Kelsey ) y Curapaligue. Fue una vecina muy querida de Caseros.

 

Caseros y su Gente