
Durante décadas, el 141 – también conocido como Expreso Pilar– fue mucho más que un medio de transporte para quienes vivían o transitaban por Caseros. Era un lazo cotidiano que unía el barrio con Chacarita, Palomar, San Miguel, José C. Paz, Pilar y hasta Capilla del Señor. Su recorrido principal seguía la avenida Mitre (Ruta 201), arteria que en aquellos años `40, `50, ´60 mostraba zanjones a los costados. Cuando llovía, no era raro que los coches se encajaran en el agua, un detalle que muchos recuerdan con una mezcla de resignación y nostalgia.
La terminal en Chacarita estaba sobre Corrientes, cerca de Federico Lacroze y Olleros, junto a la pizzería Imperio. Desde ese punto salían los viajes que, según quienes los hicieron de punta a punta, podían durar dos o incluso tres horas hasta Pilar. En Caseros las paradas más evocadas se repartían a lo largo de Mitre: Francia (frente al Bar Francia), Bolivia (cerca del consultorio del doctor Grynspan), Merlo, Loubet (hoy Spandonari), Cavassa, Sarmiento, Hornos, Rosas, o la esquina con avenida San Martín. También se lo tomaba en la curva del Mate, en Andrés Ferreyra o en Roosevelt (hoy Juan Manuel de Rosas).
Los coches evolucionaron con el tiempo. Los primeros eran plateados, muchos Leyland con puerta al medio. Más tarde llegaron unidades más grandes, de media distancia, frontales (Mercedes, Scania Vabis, Volvo), a las que algunos llamaban “elefantes”. Cuando la línea pasó a manos de Empresa Argentina, el color cambió al blanco con franjas azules. En el interior, detalles como la cuerda con campana para avisar la bajada o la luz azul en el tablero quedaron grabados en la memoria de quienes viajaban a diario al trabajo, a la escuela, a visitar familiares, a la quinta en Pilar o, los domingos, a bailar al Triunfo.
Había viajes de madrugada, a las 4.30, que regresaban casi al mediodía. Había choferes que, a pedido, dejaban a los chicos cerca de la casa de la abuela. Había noches enteras de servicio para quienes volvían del centro. Y había anécdotas sencillas: el pasajero que cantaba tangos de Magaldi, el olor a panadería en la parada, el quiosco de revistas de la esquina, el garage cerca de la curva del Mate.
Con el tiempo la línea desapareció. Parte de su recorrido fue absorbido por otras, como la 176. Quienes la conocieron dicen que era un muy buen servicio. Quedan las fotos antiguas – como la que ilustra esta nota- y, sobre todo, los recuerdos compartidos de quienes alguna vez esperaron bajo la lluvia o subieron con el paquete de costura, el cuaderno escolar o el boleto hacia Pilar.
El 141 ya no circula por Mitre. Pero en la memoria de Caseros sigue pasando, plateado o blanco, con la campana sonando y los zanjones a un costado
NdeR: nota basada en recuerdos de vecinos que alguna vez tomaron el 141.