De aquella habitación de la calle Suiza a un disco y cuatro nominaciones: la historia de Andrés Compagnucci

“Caseros no es solamente el lugar donde nací: es el territorio en el que empezó casi todo. Mi abuelo, mi papá y yo somos tres generaciones nacidas y criadas allí. En sus calles transcurrieron mi infancia, toda mi etapa escolar y también mis primeros pasos en la música”, advierte Andrés Compagnucci (47), caserino de pura cepa, quien fue alumno de Ratón Miguel, de la escuela 45, del instituto Nuestra Señora de La Merced.

Y recuerda: “Durante la adolescencia, entre la casualidad y el juego, empecé a reunirme con algunos amigos que tocaban instrumentos. Mi primer cómplice en la música y en la vida fue Sebastián Chingotta. Con él nacieron mis primeras letras y melodías. Después se sumaron Cristian Bono, Gustavo Fondini, Sebastián Mauricio, Juan Pablo Gianninotto y Diego Issa. Ellos fueron el primer eco que encontraron aquellas canciones”.

Hijo de nuestros vecinos Alba y Jorge y nieto de Herminio Compagnucci (quien en los años treinta organizó la impactante presentación de Carlos Gardel en nuestro cine Paramount), Andrés detalla: “En una habitación de la casa de mis abuelos, al fondo de la casa de mis padres, sobre la calle Suiza, entre Moreno y La Merced (Villa Alianza), armamos nuestra primera sala de ensayo. La acustizamos como pudimos, hicimos algunos dibujos en las paredes, pintamos con colores, colgamos pósteres y pusimos algunas luces hasta darle el clima que queríamos. Cada uno llevó su instrumento y aquel cuarto empezó a llenarse de música. Pasábamos tardes y días enteros tocando, ensayando, jugando y dándole forma a un sueño que todavía no sabíamos hasta dónde podía llevarnos”.

También señala: “Después, la vida me condujo por otros caminos. Estudié música en el Conservatorio Manuel de Falla, Diseño de Imagen y Sonido y, más tarde, Arquitectura en la UBA. Sin embargo, aquellas canciones siguieron esperando. Muchos años después volví a ellas. Las grabé y regresé de lleno a la música para terminar algo que había quedado pendiente en mi vida. Ese regreso se convirtió finalmente en Palabras, mi primer disco”.

Caseros no se olvida

“Por haber nacido en aquella etapa y en aquel lugar, las canciones conservan algo de ese paisaje emocional. En algunas se reconoce Buenos Aires de forma más evidente; pero, si se escucha un poco más de cerca, también aparecen esas calles, esos amigos y un pulso que, después de tantos años, todavía sigue sonando desde Caseros”.

Si bien nuestro vecino de la calle Suiza ejerce como arquitecto, su espíritu artístico lo desvela y acompaña en cada presentación donde se reencuentra con los duendes de la música que le provocan tal desvelo.

Y es en ese derrotero que acaba de ser nominado en cuatro categorías en los Premios AqM 2026.

A continuación, transcribimos la detallada entrevista que le realizó el periodista especializado Ezequiel Calvo.

El músico y compositor Andrés Compagnucci recuperó canciones que había escrito hace más de 25 años y las convirtió en Palabras, su primer álbum. El proyecto, que combina piano, voz y una banda integrada por Claudio Quinteros, Martín Gorini, Diego Bono y Cristian Bono, recibió cuatro nominaciones a los Premios AqM a la Música Independiente 2026: Mejor Proyecto Solista Masculino Rock-Pop, Álbum del Año, Artista Revelación y Arte de Tapa. Después de presentar el disco en Café Berlín, Compagnucci ya trabaja en nuevas canciones para su próximo álbum.

¿Cómo nació tu proyecto solista y qué recorrido te llevó hasta la publicación de «Palabras»?

El proyecto tiene una historia bastante particular porque, de alguna manera, empezó hace más de 25 años. Muchas de las canciones de «Palabras» las escribí cuando tenía alrededor de veinte años. Después la vida me llevó por otros caminos y esas canciones quedaron guardadas durante muchísimo tiempo. En un momento sentí la necesidad de volver a ellas, pero no desde la nostalgia, sino con la intención de terminar aquello que había empezado tantos años antes. Las grabé, las produje y finalmente pude publicar «Palabras«, mi primer álbum. A partir de ahí empezó otra etapa. En abril de este año presentamos el disco en Café Berlín, en Buenos Aires, con banda y con sala llena. Fue muy movilizante ver cómo canciones que habían esperado tantos años finalmente estaban sucediendo frente a un público. Desde entonces el proyecto siguió creciendo, aparecieron nuevas oportunidades y hoy ya estoy trabajando también en las canciones de un próximo disco.

¿Qué buscás expresar actualmente a través de tus canciones y qué es lo que más te moviliza como artista?

Siempre me movilizó la canción. Una melodía, una frase o una idea que de pronto logra decir algo que quizás de otra manera sería difícil expresar. Mis canciones hablan mucho del tiempo, de los vínculos, de las pérdidas, de las esperanzas, de las cosas que cambian y de las que permanecen. Y creo que hoy me interesa especialmente eso: que una canción pueda atravesar experiencias muy personales y, sin embargo, cuando llega a otra persona, deje de ser solamente mía.

No busco necesariamente dar respuestas. Me interesa más hacer canciones que puedan generar una emoción, una pregunta o ese pequeño instante en el que alguien escucha algo y siente que también habla un poco de su propia historia.

Tu proyecto recibió cuatro nominaciones en los Premios AqM a la Música Independiente 2026:¿Qué significó para vos este reconocimiento?

Principalmente agradecer este espacio y el reconocimiento. Que el proyecto haya recibido cuatro nominaciones en esta primera edición de los Premios AqM es algo que me sorprendió y me puso muy feliz. Pero también me entusiasma lo que se genera alrededor de los premios. Poder conocer otros proyectos independientes, escuchar lo que están haciendo artistas de distintos lugares del país y encontrarnos alrededor de la música me parece muy valioso.

¿Qué proyectos, objetivos o sueños tenés por delante para esta nueva etapa?

Quiero jugar. Quiero disfrutar de todo esto. De componer, de escribir, de sentarme al piano y encontrar una canción, de armarla, arreglarla, grabarla y después descubrir todo lo que empieza a pasar cuando finalmente deja de ser solamente mía.

Después, claro que quiero que el proyecto siga creciendo. Estoy trabajando en nuevas canciones y en los arreglos de lo que será mi próximo álbum. Voy a seguir tocando, me gustaría llevar la música a otros lugares, conocer músicos y personas con las que puedan surgir nuevos proyectos y, ojalá, llegar también a nuevos públicos. Pero trato de que todos esos objetivos no me hagan perder de vista lo que más me moviliza hoy: disfrutar del proceso.

Vivimos tiempos bastante exigentes, exitistas, en los que parece que siempre hay que estar llegando a algún lado, consiguiendo algo o pensando en lo próximo. En ese contexto, poder disfrutar realmente de lo que uno hace, del proceso creativo y del camino, para mí es un lujo.

Después de haber esperado tantos años para publicar mi primer disco, no quiero vivir esta etapa solamente pensando en cuál es el próximo objetivo que tengo que alcanzar. Quiero disfrutar de hacer música, de crear y de todo lo inesperado que pueda aparecer. Y sí, tengo muchos sueños. Pero quizás el más lindo sea justamente ese: seguir jugando y ver hasta dónde me lleva todo esto.

¿Cuál considerás que es hoy uno de los principales desafíos para los artistas independientes que buscan desarrollar y sostener su carrera?

Creo que uno de los grandes desafíos es lograr que la música llegue a los demás. A los que tenés lejos, porque hay una cantidad enorme de música y de contenidos circulando permanentemente; pero también, paradójicamente, a los que tenés cerca, porque vivimos corriendo y parece que nunca tenemos tiempo para nada.

Hoy tenemos herramientas que permiten grabar, producir, publicar y llegar a cualquier parte del mundo de manera independiente, algo que hace algunos años era mucho más difícil. Pero al mismo tiempo siento que estamos perdiendo un poco el contacto humano. Y la música, para mí, sigue necesitando de ese encuentro.

Para un artista independiente, además de hacer canciones, muchas veces hay que aprender a producir, comunicar, generar contenido, buscar fechas, prensa, contactos y oportunidades. Y no siempre es sencillo sostener todo eso sin perder de vista lo más importante, que es la música.

Creo que el desafío está justamente ahí: encontrar los recursos, los vínculos y los equipos de trabajo que permitan que un proyecto crezca y se sostenga en el tiempo sin perder su identidad.

Si alguien todavía no conoce tu proyecto, ¿Qué disco o canción le recomendarías escuchar para entrar en tu universo musical?

Le recomendaría escuchar Palabras, el álbum completo. Sé que quizás es hacer un poco de trampa porque la pregunta pide una canción, disco o lanzamiento, pero siento que el disco cuenta mejor quién soy musicalmente.

Son nueve canciones que fueron escritas en una misma etapa de mi vida y que, sin embargo, tienen climas bastante diferentes. Hay momentos más íntimos, otros más rockeros, canciones atravesadas por la pérdida, por el tiempo, por la esperanza y por las ganas de cambiar.

Si tuviera que elegir una canción, probablemente sería “Infierno”. Tiene algo de la intensidad y de la energía que me interesa en la música y, además, siempre fue una canción diferente para mí.