Falleció el pasado sábado 13 de julio,  a sus 97 años.

Junto a sus padres y sus cinco hermanos, llegó a Caseros en 1929. La familia se radicó en la calle Hornos, entre De Tata y Sabattini. Ahí vivieron hasta que el jefe de familia compró un rancho y dos lotes en Bahía Blanca (hoy, Fernandes D’Oliveira), entre Esteban Merlo y Cafferata.

Alguna vez, nos contó Luis: “Era un rancho que tenía 140 chapas. Las conté cuando, después de muchos años, lo desarmamos. El piso era de cemento, las chapas estaban revestidas con arpillera blanqueada para que no pasara tanto el frío”.

El rancho tenía una letrina con una caja de madera para sentarse y un tanque arriba del techo del que asomaba una canilla que posibilitaba bañarse; salvo en invierno cuando se apelaba al infaltable fuentón.

· “En los lotes, teníamos gallinas y un montón de árboles frutales… ciruelos, duraznos, kinotos, lima, pelones, mandarinas, manzanas, damascos… Tuvimos una infancia humilde, pero de comer, no nos faltó… comer, comíamos bien”.

Papá Galera era guarda del ferrocarril Pacifico. Cada tanto, iba a Mendoza con El Cuyano o el tren estafeta. Al regresar, traía de todo: un costillar, grapa para todo el barrio, verdura… hasta unas latas grandes llenas de miel pura, tan dura que la cortaban en pedazos para saborearlos como caramelos.

· “Papá era andaluz, de Almería. Llegó a la Argentina escapando de la miseria de España. Era muy, muy trabajador… también era farrista, le gustaba contar cuentos, pero no era mentiroso como dicen que son los andaluces… era de agrandar las cosas, un poco exagerado a veces”.

Cuando el progenitor arribó de su patria natal, se radicó en Villa María (Córdoba) donde conoció a su esposa. La familia se asentó en distintos lugares hasta llegar a Caseros: La Carlota, Villa Mercedes, Rufino, Bouchardo, Huinca Renancó… “donde nací yo”.

Luis fue alumno de los Institutos Filantrópicos Argentinos, en Palermo… más conocidos como las Escuelas Morris.

Los chicos Galera guardaban muy buenos recuerdos de míster Morris.

José Galera, hermano mayor de Luis, evocó: “Su esposa tocaba el armonio y él nos hacía cantar. Era un filántropo… hasta ropa nos daba, en invierno nos regalaba una tricota… el primer pantalón largo me lo dio el… todavía tengo un himnario con salmos dedicado por él. La obra que hizo fue extraordinaria. No tenía mucha plata pero sabíamos que se la pasaba mangando para darnos cosas a los alumnos”.

Luis: “Yo fui a las escuelas Morris desde el kindergarden… aquí ni se conocía esa palabra. Era un hombre chiquito, parecido a Carlitos Chaplín… me parece verlo con su delantal gris cuando venía adonde hacíamos gimnasia para repartirnos galletitas”.

Una película – “Cuando en el cielo pasen lista”, protagonizada por Narciso Ibáñez Menta – destaca la vida de míster Morris.

Luis: “A mí, me llevaban a la escuela mis hermanos. En el tren, había dos vagones de primera clase reservados exclusivamente para escolares. Cuando yo ya era más grande y viajaba solo, mi mamá me había hecho una bolsa para que a la salida del colegio comprara el pan en “La Burdalesa” (Oro y Santa Fe) porque era muy rico y porque valía un centavo menos que en Caseros. El nivel de las escuelas Morris era muy bueno… yo me cotejaba con los chicos de acá, de Caseros, y siempre andaba un año adelantado en cuanto a conocimientos”.

EL TRABAJO

En la casa de la calle Bahía Blanca siempre se privilegió  la cultura del trabajo.

· “Empecé como aprendiz de carpintero de Madrigano; empleado de la fábrica de cepillos -marca Merko – de Fenoglio & lriondo, en Mitre, entre avenida San Martín y David Magdalena; fui carpintero de los almacenes Alianza; tuve un corralón donde me fue mal; fui camionero – tenia un Ford 900 – en medio del monte santiagueño; trabajé en las obras de circunvalación, en Bahia Blanca… También, trabajé con mi hermano Carlos que era hielero y tenía un reparto de 600 clientes…”.

En ese recorrido laboral, Luis le compró un reparto de diarios a Armando Vergés y en 1974, le adquirió la parada de venta de diarios a Armando Luchetti, en Mitre y 3 de Febrero.

· “La compré cara pero era tanta la inflación que a los tres meses ya la había pagado”.

· Me gustaba mucho jugar al fútbol, cada momento libre era para darle a la pelota… era de jugar en forma impetuosa porque tenía físico grande. En el barrio, había baldíos por todos lados… en Fernandes D’Oliveira y Parodi había una laguna donde íbamos a agarrar pececitos de colores… aunque parezca increíble”.

· A ‘El Zonda’ (Mitre y Andrés Ferreyra), fui a ver mucho boxeo… ahí vi pelear a Salvarezza, Nayen, los créditos de Caseros y a Pascualito Pérez cuando era campeón olímpico. Las peleas se veían bárbaro desde los palcos que estaban sin terminar, pero se podían usar. En ese lugar, representaron obras de teatro, hubo patinaje artístico de muy buenas compañías, se presentó la gente de ‘Chispazos de Tradición’… era un lugar bárbaro”.

Luis había conocido a su esposa – Irma Magdalena Simonini (f) – en una milonga del club Unión. El matrimonio tuvo dos hijos: Norma Beatriz y Luis Alberto (f).

Desde hace años, el kiosco de avenida Mitre está a cargo de José, que tomó la posta de quien fuera uno de los canillitas más queridos de Caseros.